Alperovich y Amaya congelaron sus vínculos políticos

El gobernador y el intendente de la capital no hablan de un distanciamiento, pero lo evidencian con gestos y con desconfianza mutua. En el inicio de la Semana Santa, cada uno tomó rumbos diferentes, pero antes de viajar hubo señales de divorcio. La etapa proselitista los obliga a mostrarse en armonía.

Así como la "Guerra Fría" tuvo lugar en los niveles políticos, ideológicos, económicos y hasta informativos entre los EE.UU. y la extinta URSS, las relaciones entre el alperovichismo y los amayistas se asemejan a los de dos bloques antagónicos. Si bien todavía no llegó a la ruptura, la gravedad del conflicto podría marcar significativamente el futuro político de uno y de otro.

Hubo varios acontecimientos hasta ahora en los que, tanto el gobernador, José Alperovich, como el intendente de la capital, Domingo Amaya, cruzaron chispas en público (Ver "Memorial de...").

Rumbos diferentes

El receso por Semana Santa aplacó los ánimos debido a la inactividad oficial. Incluso, los protagonistas tomaron rumbos distintos para pensar sobre las estrategias a seguir. Mientras Alperovich viajó a Punta del Este, Amaya se trasladó a las cuyanas tierras mendocinas. Pero antes de partir, ambos mostraron señales del marcado distanciamiento.

El miércoles a la noche, Amaya inauguró el nuevo edificio de Rentas de la capital. A ese acto oficial no asistió ningún funcionario del Gobierno provincial. Algunos colaboradores de Alperovich argumentaron que la festividad del Pesaj, que conmemora la salida del pueblo judío de Egipto, les impidió concurrir. Sin embargo, en la intendencia advirtieron que en el gabinete alperovichista hay varios funcionarios que no profesan el judaísmo, pero que tampoco se acercaron a cortar la cinta. "Podría haber estado presente el ministro de Economía, por ejemplo", renegó un funcionario amayista en referencia a Jorge Jiménez.

Guiños y mensajes

En cambio, desde la Casa de Gobierno, se observó con atención una foto publicada en la edición del jueves de LA GACETA, y se la consideró un elemento más del cortocircuito. En ella aparece Amaya en una recorrida por el nuevo local de Rentas junto a varios invitados, entre los que estaba nada menos que Eudoro Aráoz, presidente del Colegio de Abogados.

Aráoz encabeza la cruzada de la entidad que agrupa a los profesionales en la pelea contra el Poder Ejecutivo por la conformación del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM). "Si Amaya se toma fotografías con los adversarios, que se haga cargo", comentó un integrante del gabinete alperovichista.

Puertas adentro

Tanto el alperovichismo como los amayistas optan por no "blanquear" las hostilidades. Durante la Guerra Fría, ninguno de los dos bloques (occidental-capitalista y oriental-comunista) adoptó acciones bélicas directas contra el otro.

Estados Unidos, de un lado, y la ex Unión Soviética, por el otro, sólo se limitaron a actuar como ejes influyentes de poder en el contexto internacional. En el caso tucumano, la Casa de Gobierno y la intendencia resuelven sus diferencias puertas adentro.

En ambos sectores son conscientes de que los comicios del 28 de junio los obliga a mostrar armonía. Pero, en este aspecto, también aparecen recelos. En la intendencia se quejan de que las reuniones "de agenda electoral" se organizan en un ministerio del Ejecutivo y ni siquiera se les notifica sobre las decisiones tomadas. Bien vale recordar las palabras de Raymond Aron, filósofo francés, que definió la Guerra Fría en cuatro palabras: "guerra imposible, paz improbable".

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