Más allá de Kraft

Por Mariano Grondona

Un día vamos a ver un dermatólogo porque nos apareció un lunar. El especialista concluye que sólo se trata de un lunar sin ramificaciones y procede, por lo tanto, a extirparlo. Fin de la historia. Pero también podría ocurrir que el lunar es canceroso. En tal caso, al especialista ya no le interesará el lunar en sí mismo sino el mal más grave que se está manifestando a través de él.

El conflicto entre la empresa Kraft (ex Terrabusi) y parte de sus trabajadores, ¿es apenas un lunar aislado? Si así lo fuera, la conciliación obligatoria que acaba de dictar el Ministerio de Trabajo podría ser el punto de partida para superarlo. Pero si no lo fuera, habría que indagar a fondo en busca de una respuesta más general porque en tal caso el conflicto estaría indicando que algo anda mal en nuestro sistema económico y social.

Tanto el Gobierno como la CGT de Moyano, así como le empresa norteamericana Kraft y hasta la embajada de Estados Unidos, parecen haberse concentrado hasta ahora en "la teoría del lunar". Esta visión "minimalista", ¿es la acertada? La pregunta es válida porque, más allá de las huelgas y los cortes que han dominado las noticias de estos días, el caso Kraft estaría poniendo de relieve otros dos problemas.

El primero de ellos es que la inclinación de Kirchner en favor del Estado y contra las empresas privadas ha enrarecido lo que suele llamarse el "clima de negocios" en la Argentina, y esto a un punto tal que en los últimos diez y ocho meses se han fugado de nuestro país 43.000 millones de dólares, lo cual contrasta con el aluvión de inversiones que están recibiendo países vecinos como Brasil, Chile y Uruguay.

El segundo es que, habiendo monopolizado la representación sindical con el auxilio del Gobierno, la CGT de Moyano ha asfixiado todo disenso, sin darle otra salida a los sindicalistas que no se sienten representados por ella que una serie de movilizaciones ilegales en las que sobresalen necesariamente los más contestatarios. La "burocracia sindical" de origen peronista siempre se presentó ante el Gobierno y las empresas como un "mal menor" al que habría que privilegiar para evitar el "mal mayor" del extremismo. Pero la ausencia de un auténtico pluralismo sindical es un remedio de patas cortas porque excita finalmente a otras tendencias cuya militancia, si bien sería más molesta de ser libre, al fin crearía el ambiente de auténtica competencia que caracteriza a los países verdaderamente democráticos. Lo que tenemos en este terreno, entonces, no es la paz social proclamada sino una crispación apenas contenida por el autoritarismo estatal-sindical, lubricado a su vez por un alto índice de corrupción y por el "capitalismo de amigos" que también rodea, como una corte voraz, las estribaciones del kirchnerismo. Tanto en lo económico como en lo sindical, ¿nos animaremos entonces un día a abrirles las puertas a la libertad y a la verdad?

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