Alianza política y costos extra

Por: Ricardo Kirschbaum

Cristina Kirchner ha defendido ayer la alianza con Venezuela y subrayado los logros comerciales de esta asociación. No es una novedad política: el vínculo de los Kirchner con Hugo Chávez es una de las pocas cosas claras de la política exterior argentina. Hubo dos explicaciones centrales sobre la alianza con Chávez. La principal fue que Caracas ha sido durante la gestión kirchnerista un prestamista de última instancia.

En un mercado internacional que ha estado –y sigue estando– cerrado para la Argentina, la relación financiera con Venezuela ha sido presentada como estratégica, aunque se ha tornado muy onerosa. El otro argumento ha sido el papel moderador que la Argentina dice cumplir frente al espíritu radicalizado de Chávez. No se sabe en qué consistió esa "moderación" y si Washington, destinatario del resultado de ese supuesto papel argentino, ha ponderado positivamente los supuestos esfuerzos oficialistas. Al menos, no hay constancias públicas. Lo que sí despierta curiosidad, primero, y sospechas, después, son los contratos con Hugo Chávez. Y el fideicomiso montado en el que Venezuela actúa como un broker para comprar combustibles y lubricantes.

Es decir, que Argentina paga por un combustible que los venezolanos compran en donde esté disponible. La pregunta elemental es ¿por qué el Gobierno no adquiere directamente lo que necesita en el mercado internacional de combustibles? Lo ha hecho obligatoriamente este invierno, recurriendo a las mismas fuentes a las que recurre Caracas para comprar gasoil que no produce. Sin costos extra. Esta intermediación política ha sido presentada siempre por el Gobierno como provechosa. Esto es seguro. Pero ¿para quiénes? Sería muy bueno comenzar a saberlo.

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