El aliado menos pensado en el momento en que todo estallaba

El aliado menos pensado en el momento en que todo estallaba

La abstención de Acción Marplatense fue decisiva para que el oficialismo lograra destrabar el conflicto del transporte. Las internas en la alianza gobernante le privaron a Arroyo votos clave para hacerlo antes. Entretelones de una noche en que los puentes parecían explotar.

A varios oficialistas se les cortó la respiración el viernes a las diez y cuarto de la noche. La larga jornada en el Concejo estaba llegando a su fin y era momento de votar la delegación de facultades para que el intendente fijara la tarifa del transporte público. Pero el concejal del PRO Guillermo Volponi no estaba en su banca. Y sin ese voto el oficialismo perdía la votación. Sobrevoló, por unos instantes, el fantasma de la traición, que en esta época tan a menudo invade los confines de Cambiemos. Para disimular la ausencia y demorar la votación, la radical Cristina Coria pidió la palabra y habló hasta el momento preciso en que Volponi volvió a poner un pie en el recinto. No era un traidor: había ido al baño.

La sesión fue el ejemplo palmario de que la política es el arte de lo posible. El oficialismo y sus aliados juntan, en total, 13 votos. Los necesarios para aprobar casi cualquier ordenanza. Lo normal hubiera sido que, con un paro nocturno que regía desde hacía once días y se había profundizado esa misma tarde, los 13 levantaran la mano. Pero las internas en la alianza gobernante son insondables. Y hubo que recurrir al enemigo: Gustavo Pulti. Las abstenciones de los dos concejales de Acción Marplatense fueron vitales para que el oficialismo lograra empardar la votación con la oposición y destrabar el conflicto.

Hay una historia detrás de ese voto. El 16 de octubre de 2014, el Concejo le otorgó al entonces intendente Pulti las facultades para aumentar el boleto. Aquel día votaron a favor los concejales de Acción Marplatense, parte de la UCR, la Agrupación Atlántica y el Frente Renovador. Uno de los de la Agrupación Atlántica era Carlos Arroyo. “Algunos tienen memoria y códigos”, agradecían por lo bajo en el bloque radical. Se privaban de decir quiénes no tienen ni una cosa ni la otra, pero se adivinaba un tiro por elevación a concejales afines.

Hace poco más de 20 días, Alejandro Carrancio, el concejal que responde al senador provincial Lucas Fiorini, fue el hombre elegido por Arroyo para presidir el Concejo. Por la resistencia del radicalismo, no logró desplazar a Sáenz Saralegui. Hasta ese entonces era uno de los concejales que más promovía el consenso dentro del interbloque oficialista. En la tarde del viernes ni siquiera se mostró dispuesto a abstenerse para facilitar el trámite. ¿Qué rencillas habrán quedado para semejante cambio?

La que tampoco aceptó abstenerse fue Angélica González, de la Coalición Cívica. En su caso sí hay antecedentes de comportamientos similares. Uno es casi un calco: en junio del año pasado votó en contra un aumento de boleto y retrasó la suba de $ 9,85 a $ 11,56. Según la lectura que hicieron en el gobierno, Carrancio no acompañó por “razones políticas” y González porque “estaba en desacuerdo con el estudio de costos”.

La trama fue intrincada desde el principio. En la tarde del viernes hubo sucesivas reuniones entre jefes de bloque. En algunas se sumaban otros concejales. El secretario de Gobierno, Alejandro Vicente, participó como interlocutor del Ejecutivo. Desde un comienzo quedó descartada la posibilidad de juntar 13 votos positivos para aprobar el aumento de boleto. El gobierno se esmeró entonces en la delegación de facultades.

Vicente arrimó tres modelos de redacción para la ordenanza.Cuando uno convenció, le solicitaron al funcionario una última gestión: que las facultades las pidiera expresamente el intendente. Vicente salió del municipio y se dirigió a la casa del jefe comunal. Le planteó el panorama y le pidió que firmara la nota. Pese a que eso implicaba desdecirse de su postura inicial, Arroyo interpretó que era la única forma de salir del atolladero.

En su discurso, Carrancio hizo notar aquella contradicción del jefe comunal y lamentó que el oficialismo no respondiera ninguna de las críticas sobre irregularidades en el estudio de costos del boleto. El fuego amigo más encendido que nunca.

Hay algo seguro: el asunto se debía resolver, como se resolvió, el mismo viernes. Si no, se aproximaban días inciertos en que el paro de la UTA podía ser total. Y los responsables de la sesión frustrada ya tenían nombre y apellido: eran los arroyistas y radicales que la habían convocado sin los votos garantizados. Pero la bomba se desactivó justo antes de que estallara.

En la semana el Concejo había sido escenario de otra batalla en Cambiemos. Menos visible, pero no menos controvertida. La comisión de Recursos Hídricos, en la que los concejales del nunca consolidado interbloque Cambiemos tiene mayoría, no pudo aprobar el nombramiento de Emiliano Giri como presidente de OSSE. En ese caso, Carrancio se pronunció a favor, pero la radical Cristina Coria lo hizo en contra. Giri acusó a Baragiola de haber iniciado la campaña a destiempo. En rigor, por los movimientos que se vieron el viernes a la tarde, nadie olvida la proximidad de las urnas. Un dato ostensible lo corrobora: las facultades para aumentar el boleto le fueron delegadas a Arroyo hasta el 1 de diciembre, no sea cosa que otro pedido de aumento de boleto vuelva a enloquecer al Concejo antes de las elecciones.

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