Algunos fueron por $ 300, y por gaseosas y sándwiches.

A partir de las 16.30 grupos de la capital y otros provenientes del interior se instalaron en la avenida Sarmiento para saludar a la Presidenta.
No sólo el operativo policial dispuesto para recibir a la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, demandó organización. También la movilización política para que los tucumanos la saludaran fue un esfuerzo y una inversión, de los que participaron legisladores, concejales, comisionados rurales y punteros políticos. Desde provisiones para ofrecer una merienda hasta dinero en efectivo sirvieron para tentar y conseguir la buena predisposición de la gente. Agolpados en colectivos, llegaron cientos de manifestantes de distintos puntos de la provincia, que se instalaron sobre avenida Sarmiento, en el tramo que recorrió la mandataria en una tráfic.

Sonrientes y muchos bailando al ritmo de las batucadas comenzaron a llegar grupos de 15 y 20 personas, a partir de las 16.30, con gorras, viseras, chalecos, banderines, pancartas y demás identificaciones representativas de varios sectores.

Apiñados

Cuando el colectivo estacionó a la vuelta de la plaza Urquiza, Ramón, Carlos y sus compañeros sintieron alivio de poder despegar su cuerpo de los del resto. En viejos transportes de limoneros que alquiló la comuna de Yerba Buena, Simoca, se apiñaron más de 60 hombres y mujeres que fueron llevados a saludar a la Presidenta. "Venimos por la amistad que tenemos con el delegado José Antonio Almaraz. El siempre nos premia. La vez pasada, por ejemplo, nos llevó a un tenedor libre cuando terminó el acto. Ahora quizás vayamos a un hotel", contó entusiasmado uno de los hombres.

También Ramona Villalba, de 30 años y madre de cuatro hijos, estaba expectante, pero no por la llegada de Cristina. "Nos van a pagar $ 300 y tenemos que quedarnos hasta que termine. Yo dejé mis hijos y me vine porque esa suma es mucho para una barrendera", relató la joven de la comuna de Colombres, Cruz Alta.

Con la boca llena, Marisa, de Las Talitas, contó que estaba ahí en representación de la intendencia de Morghestein. "Vinimos 500 personas", dijo con orgullo mientras tragaba un bocado de sándwich de salame y queso y sostenía el vaso de gaseosa. A la par de ella, un grupo de jóvenes de 15 a 18 años veían pasar las provisiones frente a su cara. "No nos dieron nada para comer. Nos prometieron $ 100, pero si nos juntábamos 14", contaron los chicos que vestían chalecos que decían "José Miranda concejal".

Con 15 minutos de demora, según lo previsto, la Presidenta bajó del helicóptero a las 18.15 en el parque 9 de Julio, donde la esperaba una tráfic. Sin embargo, apenas cruzó la puerta de Lawn Tennis bajó a saludar a la gente, rodeada de guardaespaldas que la obligaron a volver a subirse al vehículo. En el asiento delantero, sonriente y con la ventanilla bajada, recorrió la avenida saludando y repartiendo besos a la gente que se abalanzó hacia la camioneta, rompiendo el cordón de policías que custodiaban (más de 40 por cuadra).

Las bombas, los gritos y los panfletos tirados al aire duraron un instante. Apenas pasó el vehículo, el entusiasmo se esfumó. "No pude verla bien, porque había mucha gente. Es bonita, pero me pareció vieja. La saludé pero ella no me vio", dijo desilusionada María Lourdes, de 11 años.

La espera de pie por el retorno de la mandataria comenzó a coartar la buena predisposición que se percibía al comienzo. No quedaban sándwiches ni gaseosas y tampoco energía para tocar tambores. Muchos comenzaron a adelantarse al parque, donde estaban estacionados los colectivos, antes de la despedida a Cristina, que partió a las 19.35.

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