Algunos albergues para gente de la calle colapsan mientras otros desaparecen

Según los números que maneja un grupo juvenil que ayuda a los indigentes, hay alrededor de 60 personas que duermen a la intemperie. La crisis provocó que el Ejército de Salvación dejara de darles un sitio para dormir.
El otoño cálido ya se terminó y los días de frío comienzan a hacerse notar en los abrigos que llevan las personas en las calles, que se ven despobladas después de las 22.

Sin embargo, hay alrededor de 60 personas que se diferencian del resto, ya que en muchos de ellos el abrigo brilla por su ausencia y, a la noche, mientras la mayoría de la gente se encuentra cenando frente al televisor, ellos buscan un lugar que no les deje pasar el frío, generalmente el umbral de alguna casa o comercio que les permita dormir y esperar que cuando amanezca sea con sol y calor.

JINETES DE LA NOCHE. Hace por lo menos dos años, alrededor de cinco jóvenes que asistían al templo jesuita de San Martín y Colón decidieron comenzar a salir de noche, con comida caliente, en busca de cada persona que durmiera en la calle, según explicó el padre Tomás, uno de los párrocos de la iglesia.

Hoy, son alrededor de 40 los jóvenes que cumplen esa tarea cada domingo, una vez que finaliza la misa, aunque también hacen la misma tarea en días de mucho frío o lluvia.

El mismo padre Tomás define el trabajo como algo difícil, ya que es gente que está acostumbrada a vivir bajo las estrellas, e incluso, en muchas ocasiones llegaban a insultar a los jóvenes que se acercaban, hasta que les fueron tomando confianza.

Según los números que maneja el grupo, tan sólo en el microcentro hay casi 60 personas que duermen cada noche en la calle, algunos tienen familia, pero de las que se alejaron hace mucho tiempo, otros que tuvieron sus profesiones, algunas raras, como el caso de un hombre que afirma haber sido domador de circo y que la semana pasada tuvo que ser internado por problemas de salud.

Según explicó el sacerdote, la idea es contener a estas personas y, para eso, se está buscando una casa en donde se pueda alojar a, por lo menos, una parte de ellos por las noches.

ALBERGUES QUE DESAPARECEN. Este grupo de jóvenes trabajaba principalmente con dos lugares en donde se les daba alojamiento a estas personas.

El primero de ellos es el Ejército de Salvación, ubicado en la calle Godoy Cruz de Ciudad; el otro, es la Iglesia del Inmigrante, que se encuentra en Guaymallén.

No solamente ese grupo jesuita colaboraba con los dos lugares, de hecho, los municipios suelen pedir una cama generalmente para alguna persona que encuentren en las calles o que haya sido desalojada.

Sin embargo, hoy, de esos dos sitios tan sólo queda la Iglesia de los Inmigrantes, ya que el Ejército de Salvación cambió el perfil de hospedaje y ahora recibe jóvenes estudiantes que abonan una suma de dinero para quedarse en el lugar, según explicaron sus encargados, Edgardo y Alicia Barolin. Este cambio se produjo hace tres meses, aunque aún, al día de hoy, siguen llegando hombres que buscan un lugar donde reposar por las noches.

Según explicó el matrimonio Barolin, una de las causas que llevaron al cierre fue la falta de recursos económicos, ya que mantenían el lugar con la venta de ropa usada que se hace todos los días en la sede, pero esto difícilmente alcanzaba a cubrir los costos.

En tanto, la Iglesia del Inmigrante aún conserva sus tres habitaciones, cada una con siete camas para alojar gente.

Según explicó su encargada, a la que todos llaman solamente por su nombre, María Elena, a ese lugar llega gente de varios países, de hecho, al momento de dialogar con El Sol, había personas de Perú, Chile y Colombia. Estas últimas justamente no habían podido cruzar la cordillera por lo que se encontraban ahí.

Asimismo, la encargada reconoció que mantener ese lugar no es nada fácil y, para ello, se debe recurrir a utilizar la sede para la realización de retiros los fines de semana, ocasiones en las que sólo se permite que las mujeres se queden.

La situación se agrava si se tiene en cuenta que los municipios, según explicó la mujer, llaman regularmente para pedir ayuda pero que no colaboran ni con alimento ni con ropa para el frío, por lo que muchas veces dependen de donaciones que los ayuden, principalmente en invierno, cuando la demanda por una cama es mayor al resto del año.

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