ALGUNAS LECTURAS DE LA ELECCIóN EN LA PAMPA.

Francisco Torroba. El triunfo del FrePam fue clarísimo en Santa Rosa y una de las interpretaciones elementales es que fue un espaldarazo de los ciudadanos a su breve gestión. Si es capaz de mantener la buena imagen, aparece como un hipotético candidato a gobernador por la oposición política.
Ulises Forte. La aparición de su nombre, vinculado al de la Federación Agraria, amplió el volumen de votos de la coalición opositora. En el interior recibió el aval de votantes que habían abandonado al sector, o no lo habían tomado en cuenta. A partir de ahora, su proyección nacional lo instala como un dirigente de peso.

Juan Carlos Tierno. Hizo una elección para muchos impensada -especialmente en la capital-, en un partido sin historia, sin respaldo del aparato del PJ, pese a estar procesado y a su fallida gestión como intendente. Su decisión de irse de ese sello partidario terminó resultando un acierto a sus expectativas.

Carlos Verna. Ganó la elección, como se preveía, pero pagó altísimos costos. No puede disimular su responsabilidad en la actual atomización del PJ. Su poder queda debilitado, su influencia en las decisiones del Gobierno Provincial se achica. Para colmo, hizo campaña distanciándose del Gobierno Nacional. Sí pudo mantener -y con comodidad- su histórico bastión, General Pico.

Elsa Labegorra. Jefa de campaña en Santa Rosa, adquirió un alto perfil: es una cara de la derrota. La esperanza de los popes vernistas fue que apelando a sus viejas costumbres, el peronismo volviera a sonreir en Santa Rosa. El voto al FrePam, y también a otros espacios, resultó -entre otras cosas- un castigo a esas formas, metodologías y personajes.

Santiago Ferrigno. El desempeño fue muy pobre, incluso en donde tenía mayores expectativas. En medio de un clima anti-kirchnerista, pagó su alineamiento con el Gobierno: el Frente Amplio que armó con el PH y el PI -en el que no hubo referentes del peronismo- no despejó confusiones. Dirigentes del propio Partido del Frente le sacaron el cuerpo a la campaña para salir poco heridos.

Oscar Mario Jorge. Los resultados de la elección pueden llegar a interpretarse como una suerte de plebiscito de su gestión, especialmente en Santa Rosa, que es la capital provincial y está más politizada con conflictos diarios. No sale indemne de la votación pero tampoco paga tantos costos, porque no fue la figura principal de la campaña.

Juan Carlos Marino. Puede darse por satisfecho a partir de una elección que por poco no lo llevó al triunfo provincial. Sus ambiciones de ser candidato a gobernador en 2011 se mantienen. Se favoreció con la decisión de pactar con otros sectores de la UCR para evitar una elección interna. Igual no podrá evitar el pase de facturas internas por lo que fue otra derrota contra el PJ.

Luis Campo. En un panorama donde pocos dirigentes del PJ pueden golpearse el pecho, el actual vice-gobernador y ex intendente tiene algún motivo para celebrar especialmente. Al menos en su ciudad -General Pico- el PJ obtuvo una victoria contundente. Obviamente no es Campo el responsable único de esa circunstancia, pero le sabrá sacar provecho.

Darío Hernández. El engendro del frente "Es Posible", de la familia Rodríguez Saá, no hizo pie en La Pampa. Su ambición de llevar votos peronistas se cumplió de manera muy parcial. El fracaso se agrandó a partir de que los propios dirigentes insistieron en las semanas previas con supuestos sondeos positivos.

La izquierda. El voto al espacio Pueblo Unido, que fue el único que se presentó como referencia de la izquierda, fue escaso tal como se imaginaba, a contramano de lo que ocurrió en la Capital Federal con Pino Solanas. Los referentes locales se contentaron con que el desempeño fue similar a otras oportunidades.

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