En algunas empresas se siente el síndrome del sobreviviente

Claves para detectar los síntomas a tiempo.
La crisis de 2001 ha dejado ciertas enseñanzas respecto de lo que no hay que repetir para que la compañía y sus integrantes sigan a flote. Malos ambientes de trabajo, depresión organizacional o la pérdida de talentos. "Estos datos enseñaron a los ejecutivos que antes de despedir personas, es mejor pensar en buscar la forma de mantenerlos y tratar de variabilizar otros factores", plantea Daniel Bursa, gerente Comercial de Grupo Consultores de Empresas.

Sin embargo, cuando la crisis golpea de manera cruda no siempre deja opciones. Los procesos de achicamiento de las plantillas de personal, traen aparejados una serie de problemas colaterales a los miembros de la organización que han logrado mantener su puesto laboral. Un estudio de la University of Cologne advierte que estos individuos experimentan sensaciones como temor, tensión extrema, depresión e, incluso, un paradójico sentimiento por haber sobrevivido. Entonces, ¿cómo repercutirá ello en la organización?

Los expertos han denominado a esas conductas como el síndrome del sobreviviente. Bursa acota que quienes lo padecen presentan síntomas como resentimiento a la organización y desinterés por el desarrollo productivo de su tarea. "Intentan pasar desapercibidos, evitando ser el próximo blanco de despidos, a la vez que, reducirán drásticamente su nivel de interacción socio-organizacional; evitando fomentar vínculos sociales con personas con las que no saben si prolongaran una relación", indica.

¿Cómo identificar el síndrome en la organización? Bursa sugiere los siguientes indicios:

• Autonomía laboral. ¿Son los empleados tan eficientes como antes? Ese empleado modelo, que acercaba soluciones, se ha convertido en un burócrata que necesita la autorización de su supervisor para realizar su tarea.

• Representatividad de los superiores. Hasta los jefes dejan de ser interlocutores válidos. El empleado se refugia en sí mismo transformándose en un agente llano, que no aporta visiones a la organización.

• Pertinencia social. El factor relacional se debilita. ¿Para qué mantener buenas relaciones con alguien que mañana puede ser despedido y generar sentido de dolor? Bajo ese razonamiento, se debilitan las relaciones personales y se destruye el clima de trabajo.

• Inseguridad laboral. Es uno de los síntomas más patentes y se fundamenta en el miedo hacia las autoridades y la racionalidad de sus decisiones.

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