¿Y si alguna vez decimos basta?.

Por Luis Zamora.

Después de seis años de crecimiento y de Gobierno de los Kirchner tenemos el mismo país –estructuralmente hablando– a de fines del menemismo o del gobierno de la Rúa.

Después de seis años de crecimiento y de Gobierno de los Kirchner tenemos el mismo país –estructuralmente hablando– a de fines del menemismo o del gobierno de la Rúa.

El mismo problema de la deuda externa a pesar de la quita del 2005 y de los 25 mil millones de dólares –10 mil millones en un solo día al FMI– que pagó el Gobierno por este concepto. Ahora se deben cerca de 180 mil millones de dólares más de lo que se reclamaba en el 2001.

El mismo modelo agroexportador basado en el monocultivo de la soja transgénica y su alma gemela, el glifosato, instalado por Menem y su ministro Solá en 1996, y que no puede dar de comer a 12 millones de personas con problemas de alimentación en el país pero exporta alimentos para chanchos a China, que daña la salud humana, erosiona la tierra, despoja a familias campesinas y originarias, desforesta el país, concentra y extranjeriza la propiedad.

En casos los problemas se han agravado: la megaminería a cielo abierto avanza llevándose metales y contaminando todo lo que toca, especialmente las formidables reservas de agua dulce de la Cordillera.

La desigualdad en la distribución de la riqueza es más aguda ahora que con los Menem. La crisis del capitalismo en el mundo es grave y profunda y el modelo kirchnerista está agotado. La coyuntura favorable termina y nos encontramos con el mismo país. Como no hubo cambios de fondo el desempleo que había bajado empezó a subir de nuevo. Lo mismo la pobreza y la indigencia.

La violencia social se extiende entonces como el dengue. Y a ambas las quieren combatir fumigando. Mientras tanto la desigualdad y la pobreza que las fabrican siguen aumentando.

La crisis de representación –un fenómeno mundial– aquí encuentra uno de sus picos más agudos. Y todo lo que hace la corporación política la agrava. Kirchner llegó a la burla de las listas testimoniales. El engaño es completo. Macri piensa en el 2011 y puso a Michetti aunque tenga que dejar el cargo para el que se la votó por dos años más. Y Michetti miente y dice que lo hace por la Ciudad y no por su Jefe.

Carrió se juntó con los radicales, ¿es la misma que rompió hace unos años con ellos y formó otro partido denunciándolos? Extorsiones, mentiras, amontonamientos, se separan, se unen… No saben cómo llamar la atención de una población que les desconfía.

Sus propuestas: mientras el Gobierno propone seguir usando la plata de los jubilados para pagar deuda externa o subsidiar empresarios, Carrió y Prat Gay, Macri y Michetti propician volver a pedirle prestado al FMI… Sin palabras.

Ahora a Kirchner y a Carrió les recomendaron hablar suave y dejar los tremendismos apocalípticos de lado pero necesitamos debatir proyectos de país y de región latinoamericana y no consejos para maquillar candidatos en busca de votos a toda costa.

Resolvimos intervenir en estas elecciones para ayudar a abrir espacios donde el pueblo busque participar y decidir.

Para debatir qué proyecto de país y de región queremos construir frente a la brutal crisis mundial del capital.

Queremos un proyecto que termine con el saqueo de sus recursos y de esfuerzos que se van a manos de algunos pocos o al exterior.

Investigar y suspender los pagos de deuda externa, recuperar bienes comunes como el petróleo o el agua, prohibir la megaminería a cielo abierto, que el crédito, la banca y el comercio exterior sean públicos, parar la extranjerización y concentración de la economía, discutir el uso de la tierra para alimentarnos, reformar el sistema impositivo suprimiendo el IVA y aumentando tributos a los que más tienen.

Todas estas medidas nos posibilitarían crear más fuentes de trabajo, combatir la pobreza, redistribuir la riqueza y nos encaminarían a un país más justo, igualitario y con menos violencia.

Ello sin dejar de propiciar proyectos de ley que prohíban cualquier despido, que no haya un solo menor de 18 años que no coma, que los fondos de los jubilados sean administrados por ellos mismos y los trabajadores que aportan, que laboratorios públicos elaboren los medicamentos que necesitamos y sean de distribución gratuita.

Y sin dejar de pedir que deroguen la ley que protege a los dirigentes sindicales millonarios para que los trabajadores puedan asociarse como libremente les parezca.

Pero estos cambios no vendrán de la corporación política: son desafíos para un pueblo que busque protagonizarlos.

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