Alguien con quien jugar

Por Reynaldo Sietecase.

¿Qué hacer con los chicos? La pregunta atravesó los hogares del país a partir de la suspensión de las clases. Todos estuvieron de acuerdo en resguardar a los pibes, pero ahora la preocupación es otra: ¿qué hacer?

¿Qué hacer con los chicos? La pregunta atravesó los hogares del país a partir de la suspensión de las clases. Todos estuvieron de acuerdo en resguardar a los pibes de posibles contagios de gripe A, pero ahora la preocupación es otra: ¿qué hacer? Ya lo anticipó el poeta, en la pregunta está la respuesta: hay que hacer con los chicos. Jugar con ellos, leer con ellos, pasear con ellos, hablar con ellos. Esta cuarentena forzada puede convertirse en un infierno o en una buena oportunidad para reencontrar espacios en común de diversión y placer.

No sólo el televisor y la computadora –los que tienen la suerte de tenerlos– pueden asistir a los padres a la hora de combatir el aburrimiento. Los barriletes, por ejemplo, resisten el paso del tiempo y están en condiciones de vencer a la mejor playstation. ¿Cuánto hace que no remontás un barrilete con tu hijo? ¿Lo hiciste alguna vez? Es una experiencia intransferible. Uno le pide al viento que colabore, ya que de su actitud depende una sonrisa. Los atrevidos hasta pueden construirlos. En este caso es lícito pedir instrucciones y colaboración a los abuelos.

Los barriletes nacieron en el 1200 a.C. en China con fines militares, pero terminaron en manos de los niños. En el siglo XII ya se había convertido en un juego popular en Europa. Hace unos años, cuando los talibanes tomaron el poder en Afganistán, entre las cosas que prohibieron estaban los barriletes. Las inocentes cometas fueron considerados un juego "no islámico". Los barriletes son una metáfora de la libertad. Para subirlo al cielo hacen falta dos o más, elementos nobles: caña, papel, hilo y tela, pericia en la construcción y viento y voluntad y paciencia.

El juego de las bolitas es otro imbatible al que se puede apelar. Se practica al aire libre, justo donde el virus tiene pocas posibilidades de atacar. Se puede decir que los años pasan pero las bolitas quedan. Su práctica nunca mermó. En especial en los pueblos del interior o en los barrios más humildes. Al punto que todavía subsiste Tinka, en San Jorge (Santa Fe), la única fábrica de bolitas del país, creada por Víctor Hugo Chiarlo. Si bien la expansión del asfalto arrasó con los tableros naturales de este juego, parques, plazas y patios con canteros ofrecen una oportunidad de revolcarse en la tierra con los chicos. Sólo hay que hacer un "hoyito" y afinar la puntería para no pasar vergüenza. Ojo, la lecherita es mía.

Con una pelota de cualquier tamaño se pueden hacer maravillas. Dos banquitos y una escoba pueden convertirse en una cancha de fútbol-tenis. Un pasillo puede devenir en un estadio finito que merece una pelota que no rompa las macetas. ¿Tus pibes saben que se puede hacer una pelota con trapos y medias? Sobre una mesa se pueden ensayar infinitas variantes del fulbito de botones, incluso con chapitas o corchos. Un par de autitos pueden disputar una jornada de turismo carretera, con obstáculos, en pleno living. Un balde puede ser un aro de básquet.

Para las nenas sugiero recuperar el elástico y la rayuela. Esos juegos que hace veinte años se disputaban las calles a la par de los picados. Ahora se pueden ejercitar en un patio y hasta adentro de un departamento. Alguna vez deberíamos preguntarnos en qué momento perdimos el control popular de las veredas. Ese lugar amable donde crecíamos a la vista de todos. A propósito, ¿la payana se juega mejor con carozos de damasco o con piedritas redondeadas?

Tengo más. "Alicia empezaba a sentirse muy aburrida de estar sentada junto a su hermana a la orilla del río, y de no tener nada que hacer. Había curioseado una o dos veces en el libro que su hermana leía, pero éste no tenía ilustraciones ni diálogos, y ¿para qué sirve un libro sin ilustraciones ni diálogos?". De esa manera empieza Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Un libro es una puerta. Leer para los hijos, leer con los hijos también es una opción contra la gripe. Existe la posibilidad de que un conejo pase, muy apurado, consultando su reloj. En ese caso, hay que seguirlo.

El ochenta por ciento de los videojuegos son violentos. Los héroes virtuales golpean y matan a sus enemigos sin piedad. Los japoneses y americanos son pioneros de un negocio multimillonario.

Muchos pibes prefieren los videojuegos a la pelota. Un paseo por el shopping a una vuelta en bicicleta por la plaza. La tele a destajo a los títeres. Muchos otros no tienen siquiera la posibilidad de optar. Tampoco con quien jugar. Y ésa es una de las pocas cosas que sí podemos remediar.

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