"Algo sé de vestuarios".

El Coco se mostró feliz en su regreso: chicaneó a Bianchi, habló un traguito de whisky, reivindicó al talco y ni se mosqueó con la interna. "Gracias a Dios tengo a Palermo y Riquelme".
"Come on". Ese "vamos" en inglés, bien grave debido a ese vozarrón que lo caracteriza, no fue sólo el pedido para que comenzara la conferencia de prensa. También significó su auto-bienvenida a un ciclo que se asemeja al comienzo de su primera etapa en el club y que tanto él como todo Boca desean que finalice igual de exitoso. Feliz, exultante por momentos, Alfio Basile dio el puntapié inicial con una frase que define su espíritu actual: "Volvió la alegría".

Elegante, con una chalina al cuello y una cintita roja en la muñeca derecha como particular detalle, tardó varios minutos en recorrer los escasos metros que separan la sala de presidencia con la de conferencias. Saludó a empleados, hinchas, dirigentes, al Zorrito Von Quintiero y se lanzó, con la cabeza en alto, hacia la multitud de periodistas, fotógrafos y camarógrafos que lo esperaban. "¡Qué bolonqui!", tiró en medio de los flashazos. Y le puso punto final al silenzio stampa al que se había aferrado en el mes y pico que duró la novela de su regreso. "Estoy recontracontento. Este comienzo es similar al del 2005, con el Chueco Alves dirigiendo los últimos partidos. La diferencia es que ahora no vamos a ir a Tandil, pero el 15 ya empezaremos a trabajar con los muchachos", fue su primera respuesta, ya como nuevo entrenador de Boca.

Más allá de su currículum y de su trayectoria, el Coco fue elegido, entre otras cosas, por su manejo de grupo. De hecho, Carlos Bianchi definió ayer a Basile como "el técnico ideal para este momento porque él, a estos jugadores, les va a decir las palabras justas". Al respecto, sobre las internas que reaparecieron dentro del plantel en los últimos tiempos, el flamante DT sacó pecho: "Tengo muchos años de vestuario. Algo sé, ¿no? Toda la vida en el vestuario me he pasado yo. Me he bañado con 400 millones... Negros, blancos, amarillos, je... Obviamente que cada plantel es distinto".

Justamente, en dicha interna, los líderes de cada bando son Palermo y Riquelme. Para el Coco, tenerlos, más que un problema, es toda una bendición. "Gracias a Dios tengo a los dos. Sé los valores de cada uno, son jugadores fundamentales", aseguró, como bajándole el perfil a cualquier inconveniente que pueda suponer una mala convivencia bajo su mandato.

El Coco divertido y alegre apareció bastante durante la charla. Un periodista partidario le dio la bienvenida entregándole un talco con el nombre del programa radial. Con las risas de fondo, Basile se hizo cargo: "Gracias, pero el Panadero tiene uno que es mejor, ja. Es parte del fútbol. Esa parte humorística... Te filman en el banco... Todos tienen cábalas. Muchos se creen que el Panadero puso el talco y por eso ganamos. Pero es un complemento, digamos. No soy tan tarado para pensar que ganamos por eso. Si no tenía a Palermo y a Palacio que la metían, no le ganábamos a nadie".

Definió a Bianchi como una persona con la que lo une "una gran relación", y puso la cuota de humor al recordar el debut del Virrey como jugador. "Fue para Vélez en cancha de Racing. Ese día tuvo un poco de miedo, de susto, porque estábamos Perfumo y yo enfrente. El era un pendejito y lo agarramos de entrada, je, je...", contó Basile, quien dijo haber visto en los diarios una bandera colgada en la Bombonera. "Decía 'vuelve la alegría y vuelve el whisky', je, je".

Al hablar del equipo y de lo que viene, se puso más serio. Reconoció que pidió refuerzos. "Pocos, dos o tres, no tantos como vienen tirando ustedes", aclaró. Contó que insistirá con su idea de los 11 de memoria "si están bien físicamente". Destacó que extraña "Casa Amarilla (de la que se confesó enamorado), la mañana, el frío, el calor, el vestuario, el césped, todo...". Y reconoció que se puso feliz al escuchar que varios jugadores del actual plantel apoyaban su vuelta: "Es un orgullo, me gustó porque los tuve a casi todos y tengo una buena relación". Alabó a Riquelme (ver pág.20), se mostró ilusionado: "Me obsesiona ganar todo, la Sudamericana, el torneo local, entrar a la Copa...". Y cuando le preguntaron qué aprendió o mejoró en estos tres años que estuvo fuera de Boca, disparó: "Aprendí un poco más de inglés, de francés y de tano".

Luego del "bye" y de los aplausos, Olé le acercó una foto en la que se lo ve besando una Copa. "¿Me la puedo llevar?", pidió. Y se se fue feliz, soñando con repetir esa imagen. Otra vez.

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