Con algo de suerte y las alcancías rotas, la economía llega al 28-J mejor de lo previsto

Desde que se adelantaron los comicios, subieron los precios de los commodities, la bolsa se recuperó y la crisis internacional pareció tocar fondo. Será difícil mantener en el segundo semestre el ritmo actual de gasto
¿Fue un error adelantar las elecciones? Tras una oportuna mejora del contexto internacional, rompiendo alcancías y quemando las naves, la economía llega al 28–J mejor de lo previsto. Los más optimistas hasta aseguran que con algo de suerte los Kirchner hubieran incluso podido mostrar en octubre que la crisis se atravesó con éxito. Cuando se tomó la decisión de adelantar los comicios en marzo parecía que la debacle se profundizaría, que el capitalismo entraba en sus horas finales y que la Argentina se caería, una vez más, del globo terráqueo. Sin embargo, desde ese momento la crisis financiera internacional pareció tocar fondo, los precios de los commodities subieron 40%, la bolsa se recuperó 65% y el tipo de cambio real se devaluó 20% gracias a la debilidad del dólar y al mayor apetito por riesgo de los inversores, sin que esto genere saltos abruptos en los precios.

Pero el esfuerzo para aminorar el impacto del semestre trágico, desde septiembre de 2008 (tras la quiebra de Lehman Brothers) hasta marzo de este año (cuando asomaron los primeros síntomas de estabilización), pasará factura en el segundo semestre. Con menos recursos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS) disponibles será más difícil mantener a flote el nivel de actividad y el empleo sin recurrir al clásico financiamiento por la vía de emisión monetaria, acelerar la disparada del tipo de cambio y de la inflación.

A toda máquina

En lo que va de 2009 el Gobierno duplicó el gasto en infraestructura. También revirtió la tendencia de seis años de superávit fiscal para llevar las cuentas públicas al desequilibrio. El déficit financiero trepó a $ 100 millones en los primeros cinco meses del ejercicio a pesar de la ayuda que recibió el Fisco del Banco Central, la AFIP y otros organismos públicos autárquicos que cedieron su ahorro para financiar la expansión del gasto. En tanto la recaudación impositiva que permitió sostener las políticas anticíclicas se derrumbó en los últimos meses y mostró caídas de hasta 10% en términos reales. Tal disparidad en la evolución de ingresos y gastos resultará ardua de mantener en el tiempo.

La misma tendencia siguieron la mayoría de los países en desarrollo al mitigar los efectos de la crisis mediante la intervención estatal sin detenerse a pensar demasiado en el déficit. Sin embargo, el círculo virtuoso que se inicia con el estímulo de la demanda se pondrá en marcha sólo si existe confianza en el futuro. Los 30.000 millones de dólares que se fugaron del sistema financiero argentino en el último año reflejaron las magras perspectivas económicas y el intento de los ahorristas de no volver a sufrir la licuación de sus activos.

No toda intervención es positiva e ignorar sus efectos secundarios puede generar grandes dolores de cabeza. Sólo el derrumbe de 50% de las importaciones permitió mantener el saldo comercial en positivo y, junto a las reservas internacionales acumuladas, ponerle paños fríos a la ansiedad cambiaria.

Así, con el dólar bajo control, la inflación sin desbordarse, sin despidos masivos y con un contexto externo más amigable, el kirchnerismo llega a las elecciones con una economía que si bien no le juega a favor, tampoco lo perjudica todo lo que se llegó a imaginar cuando se adelantaron los comicios.

La decisión de echar toda la leña al asador, romper las alcancías y estimular el consumo (principal sostén del Producto Bruto) será difícil de mantener en el segundo semestre con un panorama no del todo alentador. Aunque la estabilización financiera puso un piso a la crisis, las secuelas en la economía real tardarán en curarse. Entre 200.000 y 400.000 personas perdieron su empleo desde el año pasado, y el desempleo habría llegado a los dos dígitos según las estimaciones de analistas privados. Más de 30% de la población vive aún por debajo de la línea de pobreza y 10% se encuentra en la indigencia, en tanto la distribución del ingreso no tuvo mejoras sustanciales en relación a la década pasada y el 10% más rico gana 30 veces más que el 10% más pobre. Se trata de todos números aproximados ya que desde la intervención del Gobierno en el Indec se rompió la brújula para conocer las coordenadas de la economía: solo resta manejar a ciegas y proponer remedios tentativos.

Sin urgencia electoral a la vista, comenzarán a resolverse las asignaturas pendientes que quedaron suspendidas por la crisis internacional, como la negociación con el Club de París y los holdouts. Pero lo que viene a partir del lunes es una incógnita. Todo es posible, desde que se profundice el kirchnerismo más crudo con estatizaciones y poder concentrado, hasta que se consolide la tendencia a amigarse con los mercados que se inició con tibieza antes de que estalle la crisis. Pero quizás sea justamente ese el problema, que todo es posible.

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