Algo más que una ausencia importante

La baja por una lesión de Nalbandian se produce en un contexto de escasos resultados favorables para los argentinos, con Roland Garros y el cruce frente a la República Checa en el horizonte
Los resultados del tenis argentino en lo que va del año distan de las grandes producciones. Dentro de un deporte individual, debe atenderse cada situación particular, por supuesto, y también se tiene en cuenta que en este momento nuestro país tiene un N° 5 del mundo -Juan Martín del Potro- y ocho jugadores más dentro del top 100, pero, en el contexto mundial, el panorama está lejos de los mejores tiempos.

David Nalbandian confirmó que se operará la cadera -por la ruptura del labrum, el cartílago que bordea la cabeza del fémur- el miércoles próximo, en Barcelona, y esta intervención lo alejará de los courts, por lo menos, por cuatro meses, sino hasta el final de la temporada. Su baja significará una ausencia decisiva en varios aspectos, sin obviar la incógnita de cómo quedará tras la rehabilitación.

En lo inmediato, a dos semanas del comienzo de Roland Garros, acaso el Grand Slam emblemático para los argentinos, la Legión desembarcará en París, en una realidad particular. En lo que va de 2009, no se obtuvieron títulos en polvo de ladrillo, considerada históricamente la superficie preferida de la Legión. Esa estadística resalta porque los legionarios solían descollar en la gira latinoamericana de canchas lentas y luego en el tour europeo que desembocaba en Roland Garros. El último que trepó hasta las semifinales en el Bois de Boulogne fue Nalbandian, en 2006.

El punto más alto fue, claro está, la conquista del abierto francés de 2004, con Gaudio campeón, Coria como finalista y Nalbandian en la semifinal. Tiempos en los que la Legión solía alcanzar finales de ATP durante cuatro o cinco semanas consecutivas. Coria y Gaudio podían ser los principales candidatos, pero detrás asomaba también Nalbandian, y Acasuso, Calleri, Chela, Puerta y Zabaleta acompañaban en mayor o menor medida.

Este año no se llegó tan lejos. Sólo Acasuso, en Viña del Mar, y Mónaco, en Buenos Aires, alcanzaron los partidos definitorios sin poder levantar el trofeo principal. Y, en lo que va de la gira europea, nadie avanzó más allá de los cuartos de final. Aun cuando hubo triunfos valiosos, como el que obtuvo Mónaco sobre Andy Murray (N° 4 del mundo), en Roma, a lo que se apunta es a la falta actual de protagonismo en el que siempre había un argentino. En París es posible imaginar alguna sorpresa favorable, e incluso la aparición estelar de un jugador de la segunda línea, pero, con excepción de Del Potro, es difícil sopesar la posibilidad de alcanzar las etapas decisivas.

Hay otra variante: Del Potro y Nalbandian, más allá de su condición de todoterrenos , han tenido sus mejores resultados en canchas duras. El último título argentino en polvo de ladrillo lo obtuvo Delpo , en Kitzbühel, el 20 de julio del año pasado; las conquistas que se produjeron después fueron sobre superficies más veloces, incluidas las dos de 2009 (en plexicushion), a cargo del tandilense, en Auckland, y del unquillense, en Sydney. Más: entre Del Potro y Nalbandian se repartieron los últimos diez trofeos para la Argentina, lo que ratifica el papel de ambos como referentes.

Esto también se traslada a la Copa Davis. Sin Nalbandian, y salvo que se produzcan bajas de peso en el rival, el equipo conducido por Tito Vázquez partirá como punto rumbo a Ostrava, donde visitará a los checos, encabezados por Radek Stepanek y Tomas Berdych, del 10 al 12 de julio, sobre una carpeta que se presume ultrarrápida. A diferencia de otros años, no le sobran variantes al capitán para la formación. Y, aunque no hay imposibles, queda claro que el panorama es complicado. Cuesta arriba.

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