Alerta para Kirchner: crece el malestar de los intendentes

Son su mayor base de sustentación; lo acusan de llevarlos a una crisis de gestión; alarma en el Gobierno.
Los intendentes oficialistas de la provincia de Buenos Aires entraron en un estado de ebullición política cercano a la rebelión. Desde el jueves, 40 de los 90 caciques aliados al Gobierno empezaron a sentir en carne propia las secuelas del 28 de junio: el recambio legislativo los dejó en franca debilidad ante el acecho de la oposición en los Concejos Deliberantes. En 29 distritos, los jefes peronistas gobernarán en minoría.

El trauma tardío del revés en las urnas y las candidaturas testimoniales nubla el presente de los jefes territoriales. Pero también el futuro. En la última semana hubo una seguidilla de reuniones reservadas en la Capital y en el Gran Buenos Aires. Los intendentes empezaron a despotricar contra Kirchner por su orden para que las internas bonaerenses sean el mismo día que las nacionales. Sienten que la reforma política los condenó a la dudosa suerte del ex presidente en 2011.

Los intendentes bonaerenses, sobre todo los del conurbano, constituyen la principal base de sustentación del proyecto electoral del Gobierno. La tensión de estas horas tiene en vilo a Kirchner, que teme deserciones que puedan resquebrajar su cada vez más dudoso sueño presidencial.

El malestar de los barones del conurbano apunta también al gobernador Daniel Scioli, al que acusan de no defenderlos de las obsesiones garabateadas en Olivos y de arrastrarlos a una crisis de gestión por sus fallidas políticas públicas. Pero lo que aceleró todos los conflictos fue la reforma política provincial. Hace un mes, un grupo nutrido de caciques empezó a apoyar con reservado fervor la propuesta del PJ bonaerense -encabezado por el vicegobernador Alberto Balestrini- para prohibir las candidaturas testimoniales y autorizar al gobernador a definir a su gusto la fecha de las internas provinciales. Una fórmula que habían consensuado para evitar que el peronismo bonaerense quedara empantanado en los imprevisibles planes partidarios de Kirchner.

* Foro: ¿Cómo es su visión de la realidad política?

Balestrini justificaba la movida en encuentros con legisladores: "No quiero pasar a la historia como el jefe del PJ bonaerense que se llevó puesto el partido". Pero Kirchner se enteró, sintió que lo iban a traicionar y ordenó anular todo. El mismo día que llegaron las correcciones desde Olivos, un grupo de legisladores fueron a buscar apoyo del gobernador, en nombre de los intendentes. Daniel Scioli se encogió de hombros: "Hagan lo que pide Kirchner".

Los jefes comunales sintieron la derrota. Balestrini se sintió desautorizado. José Scioli, hermano del gobernador, que siempre pidió autonomía de los Kirchner, decidió que iba a renunciar. Se aceleró entonces una crisis interna, atiborrada de peleas y heridas que nadie sabe cómo ni cuándo cicatrizarán (ver aparte).

Todo ocurría mientras los intendentes improvisaban estrategias para que no se diluyera su influencia en medio del recambio legislativo. En el conurbano, el oficialismo quedó en minoría en Quilmes, Lomas de Zamora, Lanús, Almirante Bown, General Rodríguez, Vicente López, Ituzaingó y en San Miguel. En el interior, la lista se agiganta. Suman más de 20, con varias renuncias de intendentes incluidas. Sólo como ejemplos salientes aparecen distritos como Olavarría, Trenque Lauquen, Salto, Baradero, Alberti, Balcarce, Las Flores, Laprida, Carmen de Patagones o General Alvear. En todos esos lugares, los jefes comunales cayeron en las elecciones.

Perder el Concejo

Una decena de intendentes, incluso, también perdieron lo que el Gobierno defendió a gritos en la Cámara de Diputados: la presidencia legislativa. El jueves hubo incidentes en Quilmes porque simpatizantes del intendente Francisco Gutiérrez intentaron impedir la asunción de los nuevos legisladores. Exigían la presidencia del Concejo. Mario Sahagún, de la Coalición Cívica (CC), ordenó el desalojo y se quedó con el manejo legislativo. Mientras, caía la noche en Olavarría y el intendente José Eseverri veía en vivo cómo se le esfumaba la ilusión de imponerse. La CC y el peronismo disidente se unieron y le quitaron la presidencia, mientras él observaba desde las gradas. En junio, Eseverri había aceptado a regañadientes atar su suerte a Kirchner. Fue candidato testimonial; salió segundo.

Los intendentes no quieren repetir el lastre, pero el ex presidente dinamitó sus planes. Igual nadie se anima a hacer públicas las diferencias, con el temor de que si trascienden Kirchner los obligue a sobreactuar su apoyo. Prefieren hablar de sus lamentos en reuniones privadas. El jueves hubo una en la sede porteña del Banco Provincia. Anteayer hubo otra en Tres de Febrero.

Balestrini intentó explicar en qué consistía la reforma política y recibió críticas de todo tipo. Técnicas y políticas. Algunos se enojaron porque la reforma provincial no prohibió expresamente las listas colectoras. Otros se molestaron porque nadie les había consultado sobre algunos puntos polémicos, como la creación de nuevas bancas. Hasta ahí lo formal. Fuera de la mesa se hablaba de Kirchner y de Scioli.

"La única provincia que no tiene la facultad de desdoblar internas es Buenos Aires", se quejaba un legislador. "Nos fue mal en junio. Nos debilitamos. ¿Otra vez nos vamos a condenar a la suerte de Kirchner? ¿Y si le vuelve a ir mal?", insistía un intendente. El razonamiento es sencillo: si las internas bonaerenses no fueran en el mismo día que las nacionales, el PJ provincial podría ocuparse de su destino sin la necesidad de apoyar a algún candidato presidencial.

Para los jefes comunales Scioli pudo haber resistido. Y confiesan sentirse defraudados. En las reuniones, además, le sumaron quejas de gestión. Varios pidieron que se regularizara la llegada de los fondos de la coparticipación, de atraso histórico. Otro grupo se quejó porque les habían sacado policías para destinarlos al Operativo Sol. Algunos se lamentaron por la deuda de más de 200 millones de pesos del plan de Seguridad Ciudadana. Incluso, intendentes del norte del conurbano pidieron la renuncia del jefe de gabinete, Alberto Pérez. No fue casual. Tenía su tinte político: histórico rival de José Scioli, Pérez es el principal defensor del alineamiento, irrestricto y permanente, con Kirchner.

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