El día que Alejandro Cazabán amagó con trompear a un funcionario cobista

El incidente ocurrió en una reunión entre oficialismo y oposición en Casa de Gobierno por la ley de endeudamiento. En el fragor de la discusión, el secretario General de la Gobernación Alejandro Cazabán se salió de las casillas e intentó agredir a un secretario de Hacienda gobernado por un municipio opositor.
La anécdota fue ventilada en la última sesión de la Cámara Baja y muestra el grado de enfrentamiento que disparó el proyecto de endeudamiento en todas las esferas. Pero lo particular de este episodio en el que casi dos funcionarios llegan a las manos es que incluye a uno de los emblemas de la gestión Jaque: Alejandro Cazabán casi se agarra a trompadas con un alto funcionario de un municipio gobernado por la oposición.

El hecho ocurrió en una de las últimas negociaciones que los intendentes tuvieron con el Gobierno, cuyo representante no fue ni Mario Adaro, el vocero político de Celso Jaque, ni Adrián Cerroni, aquel que maneja las cuentas públicas y que debía dar los datos ciertos del endeudamiento.

Por el contrario, quien estuvo rodeado de caciques y funcionarios de segundo rango municipal fue el Secretario General de la Gobernación. No era menos, puesto que Cazabán había sido el que se había puesto la negociación al hombro, pese a los cuestionamientos que surgían entre los intendentes y funcionarios municipales de la oposición. Cada vez que éstos le planteaban alguna duda técnica al número dos del Ejecutivo, Cazabán desviaba la discusión, según comentaron los infidentes de aquella reunión.

Al terminar el encuentro, que se desarrolló en términos cordiales según aseguraron, desde el oficialismo indicaron que se redactaría un acta para fijar el acuerdo al que se había alcanzado en ese momento. Nada del otro mundo.

Pero el intendente de una de las comunas del Gran Mendoza -ya sea por experiencia, ya sea por esa desconfianza natural propia de político mañoso- aconsejó a su secretario de Hacienda que se quedara a firmar el acuerdo, pero que le prestara la debida atención a la letra chica.

Cuando el escrito llegó a sus manos -reservaremos su identidad, pero a cambio diremos que comparte cierto virtud física con el ministro Cerroni-, el funcionario encontró ciertas diferencias en lo escrito respecto de lo que se había discutido previamente. Y, por supuesto, puso el grito en el cielo.

"¿Pero es que no creen en la palabra del gobernador?", confiaron que dijo el secretario de la gobernación ante los funcionarios municipales.

La respuesta fue sin vueltas.

El secretario de Hacienda retrucó que, en 2008, el Ejecutivo había prometido enviar a los municipios 40 millones de pesos no reintegrables. Sin embargo, un mes después, el ministro Adrián Cerroni indicaba que el Gobierno no podía cumplimentar lo acordado debido a una baja en la recaudación. Esto despertó suspicacias y críticas varias, incluidos los legisladores e intendentes justicialistas por la falta de previsión de Hacienda, a pesar de una ley sancionada en la Legislatura para tal cometido.

Al parecer, el reproche caló muy mal en el ánimo del asesor de Jaque, que se levantó de su asiento y se dirigió como una tromba hacia donde estaba ubicado el alto funcionario para detenerse justo detrás de él.

No pudo hacer más salvo proferir algunas imprecaciones, puesto que hubo quienes pusieron paños fríos e impidieron que la cosa pasara a mayores, sorprendidos además por el enojo de un funcionario que se caracteriza por su frialdad a la hora de negociar acuerdos de alto vuelo.

El incidente fue ventilado por el jefe de los diputados cobistas, Andrés Marín, en la última sesión de la Cámara Baja, mientras se discutía el endeudamiento -posteriormente aprobado- y se refería a la figura crítica de Cazabán como "el hada madrina que salió de San Rafael", pero que "llegó a Mendoza y se convirtió en la bruja mala".

El cobista, no obstante, optó por no mencionar el nombre del funcionario, que también estuvo presente en la dramática sesión que duró hasta la madrugada.

Cuando MDZ lo consultó, el funcionario municipal -cuyo apellido suele ser tomado como chanza política pero que él mismo toma con sorna- confirmó la versión de lo sucedido.

"Decí que lo agarraron de acá", explicó, tomándose el cuello de su propia camisa, como para ejemplificar la manera en la que Cazabán fue apartado por terceros.

Si esto, por cierto, hubiera ocurrido, es decir, si el secretario de Hacienda se hubiera levantando de la silla, hubiera proyectado un cono de sombra sobre la menuda pero deportiva figura de Alejandro Cazabán.

En síntesis, el grado de conflicto entre el Gobierno y la oposición por una ley que todavía está trabada en la Legislatura, tuvo su máximo reflejo en esta llamativa secuencia de "agarrame que lo mato".

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