Alegría en la explanada del Correo al conocerse el veredicto

Durante toda la mañana los integrantes de distintas agrupaciones de Derechos Humanos esperaron pacientes la lectura del fallo, el que fue dado a las 14:07. Gritos, aplausos y cantos se escucharon una vez dada la sentencia: prisión perpetua para todos los acusados la que deberán cumplir en una cárcel común.
Más de 200 personas gritaron eufóricos a la vez al escuchar el dictamen final que dio el presidente del Tribunal, Raúl Rodríguez, y que puso fin al juicio oral y público contra los militares y policías, acusados de haber cometido crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura en la Argentina.

A las 14:07, una hora más tarde de lo previsto, se retomó el cuarto intermedio que se había dispuesto durante la mañana. A esa hora el juez Rodríguez, comenzó a leer el veredicto final. Afuera del Correo se hizo el silencio. Y sólo se escuchaba la voz del magistrado federal a través de un parlante.

Con la lectura del veredicto se puso fin a casi cinco meses de juicio contra los militares Miguel Angel Fernández Gez y Carlos Esteban Plá, y los policías Víctor Becerra, Juan Carlos Pérez y Luis Orozco, por el asesinato de Graciela Fiochetti, la desaparición de Sandro Santana Alcaraz y Pedro Ledesma, y a las torturas realizadas a Víctor Fernández, durante la dictadura del 1976.

“Por unanimidad el Juzgado a dictado la siguiente sentencia: En la ciudad de San Luis a los 12 días de marzo de 2009. El Tribunal Oral en lo Criminal Federal integrado por los doctores Raúl Rodríguez, Roberto Nacif, Roberto Burad…”, leyó Rodríguez.

En total al juez le tomó casi 20 minutos leer todo el fallo. En conclusión, la justicia federal de San Luis condenó a prisión perpetua a los acusados, quienes deberán cumplir condena en una cárcel común.

A medida que se desarrolla la lectura, los integrantes de las distintas agrupaciones de los Derechos Humanos, que se congregaron en el lugar, gritaban de alegría. Para todos los presentes, con el veredicto se hizo justicia, después de 32 años de lucha.

La noticia de que los culpables deberán cumplir su condena en una cárcel común, desató la euforia entre los que hacían guardia fuera del Correo. A más de un presente se les llenaron los ojos de lágrimas y se abrazaron al conocer finalmente el resultado de un juicio que se transformó en histórico, tanto para los puntanos como para los argentinos.

El sonido de los bombos acompañaba los cantos que entonaba el público. Una mujer comentó emocionada: “Era lo único que podíamos esperar después de 32 años. Esta sentencia era lo mejor que nos podía pasar para poder comenzar a transitar un camino diferente”, y agregó que sintió una “satisfacción muy grande” cuando escuchó el veredicto.

Las palabras de los familiares

A la salida del juicio, los familiares y víctimas de torturas durante la dictadura, fueron recibidos con aplausos. Cada uno, de los que fueron testigos oculares de este proceso durante estos meses, salió del recinto satisfecho por el resultado del juicio. Los familiares se abrazaban y lloraban junto a sus conocidos.

Francisco Ledesma, hermano de Pedro Ledesma, comentó: “Esto es lo que veníamos buscando hace 32 años, que los genocidas que actuaron en el país bajo la protección del Estado, cumplan sus condena y tengan la reclusión perpetua en una cárcel común”.

María Magdalena Alvarez -conocida como “Cuqui”-, y hermana de Graciela Fiochetti, dijo entre lágrimas: “Creo que es una sentencia ejemplar. Creo que esto es un ejemplo para todo el país. No cabía otra cosa, y creo que fue un tribunal de lujo”. La mujer emocionada señaló que su hermana tuvo justicia hoy, pero que aun faltan otros responsables, especialmente a los que se les pidió compulsa ayer durante la lectura del veredicto. “No solamente son militares, sino también hay algunos civiles que caminan entre nosotros, y que deberían que estar en el banquillo de los acusados”, dijo “Cuqui”.

Y agregó con respecto a la sentencia: “Es lo que merecen. Ellos tuvieron un juicio y tuvieron derecho a una defensa. Algo que no tuvieron nuestros hermanos, nuestros familiares. Ellos decidían quien vivía y quien no. Fueron dueños de torturarlos y de hacer lo que quisieron. A mi hermana la sepultaron como NN, lo mismo que a Santana Alcaraz y sabían quienes eran. Merecen esto y merecen la justicia de Dios”.

Volver a creer

Por Agustín Martínez

Faltaban pocos minutos para que el presidente del tribunal que juzgó a los cinco represores leyera el veredicto. El calor se colaba hasta por el piso y se pegaba en la piel de los que esperaban en el espacio destinado al público, de los policías y de los pibes que aguantaban en la calle. Los nervios y el cansancio se notaban, se olían en el aire.

“Cuqui” Alvarez salió del recinto de juicios orales para fumar un cigarrillo y pensar en voz alta para quien quisiera escucharla. Esta mujer sensible para la poesía inició a comienzos de 2006 un camino que terminó de recorrer ayer.

-Antes pensaba que lo que iba a encontrar era la verdad, la justicia. Ahora digo que lo que busco después de todo esto es volver a creer en la justicia-, dijo.

Hubo más reflexiones de la hermana de Graciela Fiochetti. Recordó la soberbia de Carlos Plá en 1976, rubio, omnipotente, con los pies apoyados sobre un escritorio de la Jefatura de Policía. Con tono de porteño compadrón que se sabe con poder, le juró que había liberado a Graciela.

-Miren lo que es ahora, una piltrafa. Pero sigue siendo igual de soberbio y prepotente-, describió “Cuqui” al ex subjefe policial.

Después vino el veredicto y lo que todos esperaban: la prisión perpetua para todos por homicidio calificado, secuestros y torturas. Delitos tipificados como de lesa humanidad por lo aberrantes que fueron.

La investigación sobre lo que pasó en San Luis durante el proceso genocida no se cerró con la última palabra que pronunció ayer el juez Rodríguez. Todo lo contrario. Ahora la fiscal de primera instancia deberá investigar a más policías, militares y civiles (entre ellos un ex fiscal y un médico) que participaron de ese entramado político, jurídico y eclesiástico que fue el terrorismo de Estado.

Eso y el veredicto, como dijo “Cuqui”, permiten volver a creer.

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