Alegres mascaritas que llenan la política de buenos ejemplos.

Por Julio Blanck.

Atención que esta vez va con dedicatoria, para los que llenaron nuestra semana de buenos ejemplos.

A Francisco De Narváez, acaudalado emprendedor de la política, capaz de decir sin sonrojarse que "esta campaña cuesta mucha pero mucha plata y es toda pero toda mía", hombre precavido que acudió a la Justicia para pedir que certifiquen que sus contactos con personajes vinculados al tráfico de efedrina eran apenas una inocente cháchara.

A Gabriela Michetti, carismática exponente de lo que se ha dado en llamar "nueva política", capaz de renunciar a la vicejefatura porteña para no sacar ventaja en su condición de flamante candidata, pero al mismo tiempo ignorar el mandato de ocupar su cargo por cuatro años, aduciendo para esa defraudación razones y conveniencias propias de la política más vieja.

A Hugo Moyano, que visitó a la Presidenta con toda la CGT y se fue callado, manso y tranquilo, con el rechazo a su pedido de mejorar salario familiar y subsidios por desempleo; y después se supo que lo que no había conseguido para el bolsillo de los trabajadores lo había conseguido para la caja de las obras sociales: 156 millones de pesos que le estaban demorando.

A Aníbal Ibarra, resistente progresista porteño, que quedó enredado en una enojosa confusión cuando, sorprendido porque lo estaban filmando, admitió que militantes de su sector habían simulado ser vecinos que lo respaldaban durante una caminata callejera y supuestamente espontánea, realizada a pedido de un noticiero de televisión.

A Oscar Parrilli, obediente centurión kirchnerista, que operó para que un informe crítico sobre la situación energética, realizado por expertos que fueron funcionarios en gobiernos anteriores, no pudiera presentarse en la Facultad de Ingeniería como estaba previsto. Eso sí: el decano de Ingeniería juró haber tomado la decisión por su cuenta y sin recibir llamados de nadie.

A Carlos Kunkel, diputado ultraoficialista, buen amigo de Aldo Rico, boy scout siempre listo cuando le encargan algún trabajito como esta vez fue el de conchabar a delincuentes de las tribunas de fútbol para mostrar banderas en el clásico Boca-River, con leyendas en apoyo al Gobierno en su torpe guerra contra los medios.

A Elisa Carrió, gran dama del misterio, que primero anunció que no sería candidata, después que iría en algún lugar de la lista en Capital, después que sería segunda de Alfonso Prat Gay y al final tercera detrás de Prat Gay y el radical Ricardo Gil Lavedra, confirmando ese estilo cuasi kirchnerista de hacer y deshacer sin consultar con nadie.

A Fernando Fraguío, elegante secretario de Industria, cuya renuncia se publicó en los diarios, motivada por la acumulación de problemas y la mala relación con la ministra Débora Giorgi, pero que guardó la dimisión en un cajón profundo cuando la Presidenta en persona lo conminó a seguir en el puesto, no fuera cosa de entregarle una cabeza a la prensa.

A Sandra Mendoza, indescriptible ministra de Salud del Chaco, que habló 12 horas seguidas en la Legislatura de su provincia para evitar que le hicieran preguntas, durante la interpelación a que debió someterse para explicar qué hizo, o más bien qué no hizo, ante los 10.000 casos de dengue detectados allí.

A todos ellos dedicamos esta bonita página de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta, que en distintas versiones supieron grabar para la posteridad Carlos Gardel y Julio Sosa.

El tango lleva por título "Siga el corso", y dice así:

Esa colombina

puso en sus ojeras

humo de la hoguera

de su corazón.

Y aquella marquesa

de la risa loca

se pintó la boca

por besar a un clown...

Cruza del palco hasta el coche

la serpentina nerviosa y fina

como un pintoresco broche,

sobre la noche del carnaval.

Te quiero conocer;

saber a donde vas

alegre mascarita,

que me gritas al pasar:

"¿Qué hacés?¿me conocés?"

"adiós... adiós... adiós..."

"Yo soy la misteriosa

mujercita de tu afán".

No finjas más la voz

abajo el antifaz,

tus ojos por el corso,

van buscando mi ansiedad.

Tu risa me hace mal,.

mostráme como sos

detrás de tus desvíos,

todo el año es carnaval...

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