Un alcalde que rompe fronteras

Amenazado de muerte por los carteles de la droga, José Reyes Ferriz gobierna la ciudad más violenta de México desde El Paso, en el estado de Texas.
Ciudad Juárez es el único municipio del mundo cuyo alcalde no sólo vive en otra ciudad, sino también en otro país. José Reyes Ferriz se mudó a El Paso, la ciudad gemela de Juárez al otro lado de la frontera con Estados Unidos, en Texas, al recibir amenazas de muerte no se sabe si de un cartel de narcotráfico o de los abundantes extorsionadores en una ciudad asediada por la violencia. Reyes Ferriz encabeza la huida de un segmento de las clases profesionales de Juárez con pasaporte norteamericano. Unos 3.400 directivos e ingenieros ya viven en El Paso y cruzan los puentes alambrados todos los días para gestionar sus empresas. Y el número crece cada día. Restaurantes y bares juarenses han saltado la frontera para abrir en El Paso mientras en Juárez hasta el museo de arte ha cerrado.

Pero la mayoría de los 1,6 millones de juarenses no puede escapar de la ciudad, escenario desde hace dos años de una guerra triangular entre carteles rivales de narcotraficantes y el ejército federal. En este municipio fronterizo hubo casi 1.500 asesinatos relacionados con los narcos en 2008. A esto se suma el auge de los habituales secuestros, violaciones y robos. "Una amiga recibió una llamada de un cartel y le dijeron que habían gastado 10 mil dólares en investigar otro cartel que quería hacerle daño y si estaría dispuesta a colaborar", explica Socorro Tabuenca, investigadora sobre la violencia contra mujeres. "Otras veces son más directos; te dicen: ¡Paga o te matamos!"

La ofensiva contra los narcos declarada por el presidente mexicano Felipe Calderón en diciembre de 2006 supuso la detención de 60 mil personas. Desde el inicio de la operación, murieron unas 10 mil personas. Ríos de sangre corren en una lucha entre carteles por el control de las rutas de tráfico de drogas a EE.UU. Este mes más de 60 personas ya murieron en ejecuciones, a veces de narcos, a veces de policías, a veces de narcos policías.

La detención de varios capos históricos en México y EE.UU. tiene un inconveniente, explica Vanda Felbab-Brown, especialista en mafias: "Los sustituyen capos más jóvenes que están aún más dispuestos a matar". "Los incentivos para incorporarse a los carteles son irresistibles para jóvenes mexicanos sin trabajo, atrapados en la frontera bajo la sombra del nuevo muro de acero", dice Tony Payán, sociólogo de la Universidad de Texas. Joaquín "el Chapo" Guzmán, jefe del cartel de Sinaloa, uno de los que libran la guerra en Juárez, acaba de salir en el puesto 701 de la lista de billonarios de la revista Forbes y en el ranking de Time de las cien personas más influyentes del mundo. Con este tipo de ejemplo, "muchos jóvenes sin calificaciones ni salida en Juárez son carne de los carteles", dice Payán.

De ahí la preocupación en Washington de que la última ola de violencia narco en Juárez contagie al norte de la frontera. En los tres últimos años se han producido más de mil secuestros en Phoenix (Arizona) relacionados con los narcos, y en Dallas se intensifica la guerra de bandas. "El trasvase ya se produce, aunque el 98% de la violencia está en el lado mexicano", dice Felbab-Brown. El presidente Obama explicó la decisión de destinar más de 350 millones de dólares a nuevas medidas militares en la frontera porque "es inadmisible que haya bandas de narcos cruzando la frontera para matar a ciudadanos norteamericanos".

No está claro, sin embargo, que lo que se necesite sean más soldados norteamericanos, y no un mejor trabajo policial para controlar el trafico fronterizo. Y no sólo de droga, sino también para frenar el de armas. En la vecina y tranquila ciudad de El Paso las calles están adornadas con anuncios de la feria de armas donde uno puede adquirir una ametralladora como la del mismísimo Chapo Guzmán.

Entre tanto, Calderón cuenta con el apoyo de casi todos en Juárez. "Hacía falta poner fin a la impunidad; los narcos llegaron a un punto en el que no sólo eran despiadados, sino desvergonzados, hacían alarde de su poder", dice Payán. Incluso los juarenses más progresistas apoyan medidas draconianas, y carteles electorales del Partido Verde muestran un eslogan sorprendente: "¡Vote verde para la pena de muerte!"

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