Alberto F. perdió el último eslabón en el gabinete

Por: Ignacio Zuleta

El Gobierno produjo ayer la baja en el gabinete más importante desde el último recambio de ministros: la salida de la vice de Justicia, Marcela Losardo, la persona que le presentó a Alberto Fernández a la hoy jueza de la Corte Elena Highton de Nolasco, y uno de los pocos contactos fieles que los gobiernos Kirchner tenían con el máximo tribunal. La reemplaza el actual secretario de Seguridad, el abogado Héctor Masquete, que ingresó al ministerio, como Losardo, con el ministro Alberto Iribarne.

La noticia no sorprendió en los pasillos del edificio Océano -tesoro de la historia empresaria, fue antes sede del grupo Bunge & Born en tiempos de Mario Hirsch-. Como aquel astronauta de la nave Mir al que sorprendió la caída de la URSS y no tenía quien lo bajara a tierra o le pagase el sueldo, Losardo era la reliquia de un Gobierno que ya no existe, el que tenía el sello, en funciones clave, de Alberto Fernández.

Con la salida de Losardo y la de Nicolás Trotta -uno de los representantes más jóvenes de la vieja política- de la Escuela Nacional de Gobierno, el kirchnerismo festejaba anoche la caída de los últimos albertistas. Con tintes de crueldad propias de fin de régimen, en el Gobierno admitían que las últimas declaraciones de Alberto Fernández sobre los Kirchner llamándolos a la cordura y hasta con alguna ironía sobre las declaraciones juradas de sus bienes, el matrimonio las consideró como una declaración de guerra de su ex funcionario, que reclama sangre. Un clásico del kirchnerismo: el ejecutor de Losardo es Julio Alak.

Desde que este Fernández renunció, la cabeza de Losardo valía poco; sólo su relación de estrecha amistad con la jueza Highton la sostuvo en la función. También el rol que cumplía de negociadora con los jueces y con dirigentes de la oposición. Algunos radicales hasta creían que ella era una correligionaria, pese a que acompañó a Alberto Fernández en toda su trayectoria pública con los gobiernos de Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, incluyendo el veranillo del ex jefe de Gabinete como legislador de Domingo Cavallo en Capital en la lista que compartió con la actriz Elena Cruz de Siro.

Moderación

Moderada en la defensa del oficialismo en el Consejo de la Magistratura en el cual representaba al Poder Ejecutivo, nunca desentonó con las algaradas de Diana Conti o Carlos Kunkel, pero siempre buscó alguna forma de acuerdo con sectores enfrentados con el kirchnerismo. Algunos creían que se irían Conti y Kunkel, pero la que se fue es Losardo. Más claro, agua.

Por ese estilo directo se refugió en organismos como el Consejo de Administración, de cuya sesión participó en la tarde de ayer sin saber que su cabeza ya rodaba sin remedio. Ganó crédito entre los jueces y la Corte por su ánimo negociador, otra razón para la poca sintonía que tenía con el gabinete poselectoral. En la etapa que se abrió con la derrota del 28 de junio, el Gobierno no necesita de tibios; busca por el contrario encastillarse en las posiciones más ortodoxas, la única forma que cree que tiene para enfrentar a una oposición que se mueve como si estuviera segura de gobernar desde 2011. Cualquier negociación en serio -no la que transita por despachos de la Casa de Gobierno con seguro final de cuento chino- atenta contra esa estrategia de endurecerse en torno de las consignas y esperar que algún meteoro le cambie la suerte al oficialismo. Y no le cambia que la malahora los encuentre a todos juntos y sin flancos débiles.

El asunto en el que Losardo podía representar una disidencia con el Gobierno fueron sus dichos en reuniones con la oposición sobre una reforma de la integración del Consejo de la Magistratura, seguramente por pedido de Olivos para hacerse de un diagnóstico. Nunca avalaron los Kirchner ninguna de las sugerencias que han recibido desde el 28 de junio de cambiar el Consejo de la Magistratura. Han mandado a cerrar todas las ventanillas de negociación y, en todo caso, tratar de persuadir a la oposición, que se prueba el traje de gobernante, de que a un poder Ejecutivo le conviene esta integración del Consejo y no entregarlo a las corporaciones de jueces y de abogados.

El reemplazante de Losardo, Masquelet, es un penalista con experiencia en la función judicial y con trayectoria académica. Ingresó a la grilla del ministerio como secretario del Consejo Federal de Seguridad bajo el mando de Iribarne. Cuando asumió Aníbal Fernández reemplazó a Carlos Tibiletti en la Secretaría de Seguridad Interior, cargo en el que deja ahora a su segundo, Sergio Lorusso.

Socialismo nacional

Masquelet se anota dentro del campo nacional y popular; viene del FIP de Jorge Abelardo Ramos, inventor de una peregrina teoría del socialismo nacional que cautivó a muchos peronistas de derecha pese a llamarse «izquierda nacional». Gustavo Béliz -que fue ministro de Justicia- fue el valedor dentro del peronismo de Menem y de Kirchner del FIP y también de su ala gremial, el Sindicato de Amas de Casa, de donde vienen María Lucía «Pimpi» Colombo (hoy subsecretaria de Defensa del Consumidor) y su ex marido, Pablo Fondevila, gerente de la ANSES. Antes de llegar al peronismo explícito pasó por el Frente Grande, donde hizo todas las abluciones del chachismo. Ha tenido tiempo para observar las conductas de los ministros de Justicia, cartera que en general cuenta con funcionarios veteranos en cada cargo (Rafael Bielsa estuvo en la grilla de esa casa 20 años). Tratará de heredar la relación de Losardo con los jueces, pero evitará a la oposición. A la ex viceministra -que aparece consignada como socia comercial de Alberto Fernández en actividades que éste intenta retomar desde el llano- nunca la dejaron poner jueces, apenas cuidar a alguno. ¿Lo logrará él?, diría una nota con remate.

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