Alberto Fernández vivió en carne propia la ingratitud kirchnerista

Por Gustavo Sylvestre

El kirchnerismo ha vuelto a mostrar el látigo de la forma más despiadada con todos aquellos que no piensan igual, u osan criticarlos públicamente. En este caso, quien fue durante años un hombre de extrema confianza del matrimonio presidencial, jefe de Gabinete durante cinco años, Alberto Fernández, ha sentido en carne propia como lo espiaban en su propia casa, ‘descubriendo’ un desayuno casi secreto que en su departamento mantuvo con el vicepresidente Julio Cobos.

Si los Kirchner pensaban que Alberto ‘conspira’ en su contra, se equivocan. Tal vez no saben que el ex jefe de Gabinete trata, o al menos eso intentaba hasta la semana pasada, de ayudarlos en distintos temas que Fernández considera ‘peligrosos’ se analicen en forma alocada o al menos que se de un debate racional. Y algunas de esas preocupaciones se las trasladó al Vicepresidente, un hombre cada vez con mayor ascendencia entre los radicales.

Pero el episodio vivido por Fernández vuelve a poner en aviso a todos, en un tema de suma gravedad institucional y sobre el que no se avanza: la forma impune con que algunos-¿desde el Estado? ¿desde sectores desplazados de los servicios de inteligencia? ¿desde empresas privadas?- se dedican a espiar e-mails, escuchar conversaciones, o a actuar de buchones institucionales.

Además una duda ha saltado a la luz pública. ¿Hay una especie de ‘guerra’ entre la SIDE y la Federal en torno a estos espionajes? ¿Hay buchones que ‘venden’ su información a otros organismos de seguridad del Estado? Se debería avanzar rápidamente en una investigación seria, para neutralizar cualquier acción que esté al margen de la ley, y que esté poniendo en peligro la vida privada de las personas.Y debería encararla el propio Estado.

Hay una investigación judicial en marcha sobre hechos similares ocurridos en el pasado reciente, donde el ahora ex jefe de Gabinete Alberto Fernández vio violada su casilla de correo, un juez federal espiado, como periodistas y políticos.

Pero volviendo al episodio de Alberto Fernández, ese hecho ha terminado por quebrar la relación entre el ex jefe de Gabinete y los Kirchner. Y también con su amigo Aníbal Fernández. La última vez que hablaron, Alberto le aconsejó a Aníbal que moderara sus declaraciones públicas por el nuevo cargo que ocupaba,y que no se expusiera tanto.

Con el ex presidente hace mucho que no habla, Las últimas veces que lo hicieron discutieron fuertemente sobre el resultado de las elecciones, Kirchner trataba de hacerle comprender que ganaban en todas partes y Fernández no tenía la misma percepción; la realidad le dio la razón a Fernández.

Con la Presidenta, la última vez que lo hizo, fue cuando Fernández la llamó por su cumpleaños, en febrero de este año.

Qué raro suena que frente a la denuncia pública que lo estaban espiando, ni el ex Presidente ni la actual Presidenta hayan salido públicamente a tratar de aclarar el episodio o a solidarizarse con su ex hombre de confianza. O al menos, un llamado privado para interiorizarse sobre la denuncia.

Los Kirchner vuelven a demostrar con crudeza la ingratitud que suelen tener con quienes alguna vez estuvieron al lado de ellos, y por pensar diferente, mandan al destierro.

La relación entre Alberto Fernández y Julio Cobos siempre fue cordial, aún después del voto ‘no positivo’. El Vicepresidente siempre estuvo atento a las circunstancias que rodearon la vida del ex jefe de Gabinete, tras su salida del Gobierno. Hace dos semanas, Julio Cobos llamó a Fernández y le dijo que quería tomar un café con él, para intercambiar visiones del presente y del futuro de la Argentina. Como dos hombres de la política, y de la democracia, quedaron en encontrarse. Pero para que el encuentro no despertara polvareda, ni falsas interpretaciones, el ex Jefe de gabinete lo invitó a desayunar a su casa. Hasta allí llegó Julio Cobos, casi solo, a la cochera de Fernández directamente, donde lo estaba esperando el anfitrión, que lo acompañó, sin nadie a la vista, por el ascensor del edifico hasta su departamento. Nadie los vio en el camino. ¿Como es posible que después se hayan enterado?, se pregunta Fernández.

En ese encuentro le advirtió a Cobos que podían tener consecuencias institucionales graves si se avanzaba en algunos temas que el Parlamento analiza, como quitarle las facultades delegadas al Ejecutivo, o algunas de ellas, y le habló especialmente sobre la necesidad de analizar en forma detenida las modificaciones que quieren hacerle al Concejo de la Magistratura. Cobos pareció entender el mensaje. También hablaron de política. Sobre el rol que Cobos está jugando, fuerte, en el radicalismo, y la necesidad de intentar nuevamente un acuerdo entre radicales y peronistas.

Cobos se encamina a ser el hombre fuerte del radicalismo.Hay quienes piensan, desde distintos sectores, que la próxima contienda electoral volverá a encontrar, cara a cara, a dos candidatos fuertes; uno por el radicalismo que sería Cobos, y otro por el Partido Justicialista, que sería Carlos Reutemann. Y que en esa elección podrían jugar, por otros espacios, el ex Presidente Kirchner y la diputada electa Elisa Carrió. Pero el 2011 está lejos aún, y como se ve día a día, la política argentina sigue siendo impredecible.

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