Alberto Fernández / "El oficialismo ganará por poco"

Oxford.- Alberto Fernández, el hombre que no duda en describirse públicamente como el "alter ego" del ex presidente Néstor Kirchner, y más brevemente, de Cristina Kirchner, por haber sido el jefe de Gabinete que más tiempo ocupó en ese cargo, llegó aquí provisto de un largoplacismo poco habitual entre los políticos latinoamericanos.
"¿Candidato yo para algún cargo en 2009? No, yo no estoy pensando en el corto plazo. Esa elección la va a ganar el oficialismo, aunque probablemente por escaso margen. A mí lo que me preocupa es lo que va a ocurrir en 2011. Es decir, cómo hacer para que el legado de lo alcanzado no desaparezca en América latina cuando quizá no estén más los Kirchner, Lula, Tabaré y Bachelet en el poder", destacó a LA NACION minutos antes de someterse al fuego cruzado de preguntas de estudiantes y académicos.

Fernández, junto con la diputada Vilma Ibarra, fue invitado por la Asociación Latinoamericana de la Universidad de Oxford, una agrupación que se precia por su imparcialidad. Durante cinco horas, desde que fue recogido por un grupo de estudiantes en la estación de tren hasta el final de su charla, presidida por el doctor Diego Sanchez-Ancochea, catedrático de política económica latinoamericana en St. Antony´s College, Fernández les hizo frente a temas que le incomodan como la "valija de Antonini", la falta de credibilidad del Indec, la nacionalización de las AFJP y los "superpoderes".

A todo respondió de buen talante y con una dosis didáctica que lo llevó a explicar cosas en una pizarra. Confirmó su férrea lealtad hacia la pareja Kirchner ("Es una injusticia que se asocie la campaña de Cristina con las acciones de un facineroso como Antonini"; "los cambios en el Indec y la nacionalización de los fondos de pensión son medidas necesarias, pero no fueron bien explicadas"; "a mí los superpoderes no me hicieron omnipotente, yo fui el jefe de Gabinete que con más frecuencia rindió cuentas al Congreso") con alguna que otro mea culpa.

"El poder enclaustra mucho. A los gobernantes les cuesta saber qué es lo que ocurre en la calle. Yo tomé la decisión de manejar mi propio auto con la intención de poder ver la realidad por mí mismo. Pero es cierto que a veces los ministros vienen y le dicen a uno lo que quiere oír. Este es un dilema que todavía tenemos que resolver", admitió.

Pero al preguntársele si el reciente despido del superintendente de Servicios de Salud, Héctor Capaccioli -cercano a él- era un ejemplo de las dificultades que encuentran los funcionarios al cuestionar la gestión de sus superiores, el ex jefe de Gabinete lo negó terminamente. "A Capaccioli no se lo despidió por desacuerdos políticos sino personales con la ministra de Salud, Graciela Ocaña. No se llevaban bien desde hacía mucho tiempo y comprendo que sea difícil trabajar en ese clima", aseguró.

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