El ajuste de la Salud

Por M. Montenegro.

El otro día iniciamos la discusión sobre cuál era el famoso "modelo" que el Gobierno defiende en cada tribuna.

El otro día iniciamos la discusión sobre cuál era el famoso "modelo" que el Gobierno defiende en cada tribuna, aunque sea notoria la ausencia de planificación y políticas sectoriales como parte de un programa de desarrollo, a diferencia de las experiencias exitosas de modelos de desarrollo económico en el mundo (ver "¿Cuál es el modelo K?", Panorama Económico, sábado 7 de noviembre).

En los noventa, por la presión del Banco Mundial y el FMI, el menemismo descentralizó los gastos de salud en las provincias con el objetivo de aligerar la carga sobre las cuentas fiscales de la Nación. Aún así, los grandes programas e inversiones del área continúan bajo la coordinación del gobierno central. Desde 2003, en esencia, aquel modelo no se modificó. Aunque hay que reconocer que el ex ministro Ginés González García promovió y generalizó la aplicación de la ley de genéricos, un gran logro de su gestión.

En los últimos tiempos, el debate sobre las políticas de salud fue eclipsado por el escándalo de los aportes de laboratorios a la campaña presidencial y la oscura distribución de subsidios –sin rendición de cuentas– a obras sociales de sindicatos amigos de la Rosada.

En fin, veamos algunos números del Presupuesto de Salud de la administración nacional para que los lectores saquen sus propias conclusiones sobre el modelo argentino en la materia.

El Presupuesto del Ministerio de Salud para 2010 es de $ 5.942 millones, 4,7% menos que el vigente. Es un ajuste importante, en términos reales, si se tiene en cuenta que, en la hipótesis más optimista, la inflación el año próximo rondaría el 15 por ciento. El dato contrasta con la evolución del gasto público total que –según en el mismo Presupuesto 2010– será 16,2% mayor que el crédito presupuestario de 2009. O con el aumento del 27,4% en el presupuesto del Poder Legislativo.

Entre las áreas que más sufrirán la poda se destacan las siguientes:

El Programa de Prevención y Control de Enfermedades y Riesgos Específicos, que tiene a su cargo, entre otros objetivos, el suministro de vacunas contra la influenza AH1N1 y la campaña de prevención de lucha contra el dengue. El recorte será de 76,5%: el presupuesto que este año se elevó a $ 1.284 millones se reducirá el próximo año a $ 302 millones de pesos.

El Programa de Atención Primaria de la Salud, el presupuesto se achicará 64,6%: de los 120,5 millones de este año a 42,6 millones el próximo.

El Programa de Apoyo para Estudios de Investigación en Salud Pública desaparecerá. El ajuste será del 100 por ciento. El crédito actual es de 11,3 millones, y no hay fondos previstos para 2010.

El Programa de Lucha contra el SIDA y Enfermedades de Transmisión Sexual dispondrá de $ 260 millones (-0,2%), prácticamente lo mismo en términos nominales que este año, lo que implica un ajuste real.

El ministro de Salud, el tucumano Juan Manzur, podrá argumentar en su defensa que en 2010, probablemente, contará con fondos que no se ejecutarán en 2009. Es cierto. Pero, la baja ejecución del Presupuesto de Salud es, justamente, el otro dato que revela la ausencia de una política estatal. Al 10 de octubre pasado, el ministerio había gastado sólo el 56% de los fondos asignados para el año.

Hay un caso que patetiza los "errores" de la planificación oficial. En el presupuesto original de 2009, el Programa de Prevención y Control de Enfermedades contaba con una partida de $ 95,4 millones, aunque en 2008 ya habían sonado todas las alarmas por el dengue. Cuando estalló la psicosis de la gripe A, el Gobierno decidió –a través de una decisión administrativa– elevar el presupuesto del área a $ 1284 millones. Según datos suministrados por el sistema informático de la Subsecretaría de Presupuesto, el programa en cuestión llevaba ejecutados al mes de octubre sólo $ 495 millones; es decir, un 38% del crédito vigente. Y se estima que a fin del ejercicio el total ejecutado llegaría a $ 595 millones de pesos, es decir, menos de la mitad de lo previsto. Como se dijo, para 2010, los fondos se reducirán a ¡302 millones de pesos!

En virtud de la significativa diferencia y de las facultades del jefe de Gabinete para reasignar fondos en el Presupuesto, el diputado Claudio Lozano envió una serie de pertinentes preguntas a Aníbal Fernández, quien todavía no contestó.

¿Cómo se calcularon, oportunamente, las necesidades del Programa de Control de Enfermedades, que aumentó en $ 1.189 millones sobre un presupuesto original de $ 95,4 millones? Después de incrementarse los recursos, ¿por qué se utilizó menos de la mitad? ¿Se volvió a calcular mal o el Estado es incapaz de concretar algunos programas mínimos en el área de Salud? ¿Cuál será el destino de los fondos no ejecutados: $ 689 millones?

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