Ahora también los niños aborígenes son víctimas de los dealers de la droga

Un sujeto que les proporcionaba "ravioles de cocaína" a pequeños de la etnia wichi fue detenido el jueves.

Niños aborígenes de la Misión El Cruce, una pequeña comunidad wichi ubicada a la vera de la ruta 34 y casi pegada a la base operativa de la empresa Pluspetrol, eran el blanco preferido de un vendedor de drogas de Tartagal, un sujeto con antecedentes penales que por el mismo delito había estado preso, pero que meses atrás había recuperado la libertad.

El sujeto, identificado como Adolfo "Oreja" Castillo, de 23 años, fue detenido por el personal de la División Drogas Peligrosas de la Policía de la Provincia el jueves pasado cerca de las 23, cuando se encontraba parado en cercanías de la ruta 34, casi en la misma entrada de la comunidad aborigen.

En su poder los policías encontraron 50 dosis de cocaína "estirada", dinero en efectivo, un celular, un reloj y otros elementos con los que los niños de la comunidad habían pagado para recibir los "ravioles" de cocaína. El sujeto también tenía en su poder unas 50 pastillas de Rivotril y otros psicofármacos que vendía a 5 pesos cada uno.

El sujeto quedó detenido a disposición de la Justicia Federal y, luego de ser indagado, el juez le denegó la libertad por su reincidencia.

Un niño violento

La comunidad El Cruce es una de las más humildes de la zona y allí residen unas 100 familias wichis cuyos jefes y jefas de familia no tienen trabajo, viven de hacer algunas "changas" pero algunas madres han comenzado a cobrar subsidios por hijo o algún otro beneficio como el que se les otorga por ser madres de más de 7 hijos.

Esos subsidios les dan la posibilidad de manejar unos pocos pesos, detalle que fue tenido en cuenta por el vendedor de drogas.

Fue justamente una madre wichi, -mujeres que ancestralmente mantienen un vínculo muy especial con sus hijos, de mucho mayor contacto y calidez que una madre criolla-, quien comenzó a observar una extraña conducta en uno de sus niños, un varón de 12 años que primero se mostró rebelde y que terminó por agredirla físicamente.

El hecho salió a la luz cuando uno de los chicos se mostró agresivo con su madre, una rareza en esta comunidad.

A pesar de su pobreza material y de su humildad, propia de los miembros de esta etnia, a quienes aún hoy les cuesta comunicarse en español ya que aún preservan su dialecto, la mujer sospechó que "algo malo" le sucedía a su hijo.

Si algo han preservado estas comunidades a pesar de tantas carencias materiales es que entre ellos no se registran episodios de violencia familiar, por lo que el hecho de que un hijo tratara mal y agrediera a su madre no pasó desapercibido para toda la comunidad.

Guido Burgos, jefe de la División Drogas Peligrosas de Tartagal, explicó que la tarea para detener al sujeto se facilitó "porque los mismos aborígenes se dieron cuenta de que había una persona extraña que se acercaba a la comunidad, se relacionaba con los chicos y alguna cosa les estaba vendiendo".

Con el solo objeto de hacerlos adictos a estas sustancias "Oreja" Castillo, quien residía esporádicamente en inmediaciones de la Misión Cherenta, les entregaba a los chicos ravioles de cocaína en forma gratuita. Pero las entregas posteriores ya debían ser pagadas; cada dosis tenía un costo de $10 y los clientes favoritos del sujeto eran niños de entre 8 y 14 años. Justamente en el momento en que el sujeto fue detenido, quedó demorado un chico de la comunidad, de 14 años, que estaba comprándole un raviol de cocaína. El menor fue entregado horas más tarde a sus padres.

Cuando los aborígenes supieron de la detención del sujeto, sumisos y silenciosos, como son los wichis, llegaron hasta la oficina donde funciona la División Drogas de la Policía provincial. "Vinieron padres y madres y se los veía muy conformes con la detención de este vendedor, porque sabían del daño que les estaba provocando a los chicos", refirió Burgos.

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