Ahora, la oposición

Por: Felipe Solá.

El salvajismo institucional aparece por enésima vez en la vida argentina de la mano de los Kirchner. Adelantando futuras derrotas en el Congreso, el matrimonio parece haber evaluado que esperar los debates en ambas Cámaras legislativas sobre el desvío de las reservas puede lastimarlo más que agregar una nueva cuota de prepotencia.

Obligado a pensar en cómo discurre la pareja presidencial, y a riesgo de errar (y/o de no coincidir con el lector), debo tratar de entender esta lógica de la provocación permanente. La nueva arremetida del Gobierno es, antes que nada, un mensaje a la oposición. Me refiero concretamente a decisiones conectadas con la derrota parlamentaria del 3 de diciembre último.

El DNU sobre las reservas, que se apropia de US$ 6600 millones para garantizar el pago de vencimientos de la deuda, fue emitido pocos días después de aquel contraste. Al votar el presupuesto, el Parlamento había aprobado que se pagaran los vencimientos de la deuda externa privada con egresos presupuestarios. Es decir, algunas horas después el DNU deja sin efecto real esos recursos para poder usarlos en gasto público discrecional durante este año.

La decisión de hacer pública la discusión con el presidente del BCRA en boca del jefe de Gabinete, devenido en matón burocrático matinal, y la posterior reacción del Gobierno a una reunión de Redrado con legisladores de la UCR, expulsándolo con expreso desconocimiento del artículo de la carta orgánica que lleva el asunto al Congreso, están mostrando que Olivos comenzó la guerra con la nueva oposición. Nosotros seremos responsables con el país, que es su gente. Frenar a Kirchner, poner coto a los atropellos, trabajar en conjunto, estar permanentemente comunicados y no sobreactuar los problemas que el propio Gobierno les crea a los argentinos. En definitiva, hacer cumplir la ley y prepararnos para un futuro sin salvajismo, sea quien fuere el que gobierne.

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