Ahora, la impunidad

Por Nelson Castro

¿Queda alguna duda de que esta ley, a la que Néstor Kirchner ordenó que no se le cambiaran ni puntos ni comas, consagra la impunidad fiscal?

Frases de la semana

“Vamos, vamos, terminemos esto y votemos pronto que se viene la Navidad”, de un senador del oficialismo total y absolutamente indiferente al debate del escandaloso proyecto de ley de blanqueo de capitales.

— “¿Por qué no conceden algunos de los puntos que están proponiendo varios opositores para facilitar el pasaje de la ley?”

— “Creeme que si por muchos de nosotros fuera, lo haríamos de mil amores; pero ocurre que tenemos la orden tajante de Néstor de que a este proyecto no se le toque ni una coma”. Diálogo mantenido entre un funcionario de las cercanías de la vicepresidencia y un senador del Frente para la Victoria.

“Todo es igual, nada es mejor”

Un párrafo para el bochornoso episodio ocurrido en la Legislatura porteña por el que dos diputados del PRO votaron a nombre de otros dos.

Hay un dato primario que hay que remarcar: esto constituye un delito. El Código Penal señala que “será reprimido con prisión de un mes a un año e inhabilitación especial por doble tiempo el funcionario público que ejerciere funciones correspondientes a otro cargo”.

Es lo que sucedió en este caso.

Todos los involucrados deberían renunciar. Todos fueron conscientes de lo que estaban haciendo. Por eso fue que hubo desesperación por parte de algunos para que esto no trascendiera.

Lo que el hecho desnuda es el funcionamiento desordenado y desprolijo del órgano legislativo municipal. Las sospechas de que ésta no habría sido la primera vez que esto acontecía son crecientes.

Otro dato llamativo es que, tanto el oficialismo como una parte de la oposición han mostrado una notable indulgencia para juzgar el hecho.

Se ha tenido que llegar a este escándalo para que la Legislatura se abocara a mejorar y darle rigor al sistema de votación para que éste garantice la autenticidad del voto de sus integrantes. Lo terrible es que si esto no hubiese trascendido a la opinión pública, todo seguiría igual. ¡Poco serio!

El papel de Mauricio Macri en todo este embrollo estuvo a tono con la medianía del conjunto. ¿Dónde quedaron sus promesas de encarar una nueva forma de hacer política? En esto se parece bastante a los Kirchner.

En donde también mostró una afinidad inquietante con ellos fue en su aproximación al tema del juego.

El jefe de Gobierno de la Ciudad había acordado el aval del decreto que Néstor Kirchner firmó el 5 de diciembre de 2007. Allí, el ex presidente en funciones le prorrogó a Cristóbal López la explotación de las máquinas tragamonedas hasta el año 2032 con una autorización para elevar el número de esas máquinas de 3 mil a 4.500 junto con un aumento del porcentaje destinado a la Ciudad de Buenos Aires que iba del 24% al 50%.

En la edición del lunes del diario La Nación, nuestro colega Carlos Pagni escribió un artículo de una notable contundencia sobre los aspectos obscuros relacionados con el submundo del juego que encendieron las luces rojas en el PRO. De especial relevancia fueron las reacciones de la vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti y del diputado nacional Federico Pinedo que se comunicaron con el ingeniero Macri para exigirle que diera marcha atrás con la iniciativa. Cuando, finalmente, el jefe de Gobierno dio a conocer su decisión de dar marcha atrás con la iniciativa, lo hizo diciendo que “nunca” dio marcha atrás. Nadie le creyó.

Historias repetidas

La primera ocurrió a comienzos de semana con los anuncios hechos por la Presidenta relativos a las obras públicas que forman parte del paquete de medidas de estímulo a la economía que está elaborando el Gobierno. “No teníamos más remedio que ir aun cuando sabíamos que mucho de lo que se iba a presentar como un anuncio era, en realidad, obra ya contemplada en anteriores presupuestos”, se sinceraba un empresario al que las cámaras de televisión mostraron aplaudiendo con pretendido entusiasmo al final del discurso de la Dra. Fernández de Kirchner. Efectivamente, fue el mismo jefe de Gabinete el que debió salir a confirmar este dato de la realidad que terminó quitándole impacto a los anuncios de tinte supuestamente espectaculares que presentó el Gobierno. ¿Alguna vez la Dra. Fernández de Kirchner se dará cuenta de lo importante de cuidar la credibilidad de su palabra?

La segunda sucedió el miércoles. Ese día, en el fastuoso marco del Teatro Argentino de La Plata, el Dr. Néstor Kirchner no pudo con su genio. A las mismas horas en las que su esposa, la Presidenta, desarrollaba sus actividades en la reunión del Unasur en el paradisíaco paraje de Costa do Sauípe, en el Brasil, el ex presidente en funciones se propuso desplazarla del primer plano de la atención pública, objetivo que, finalmente, logró. Y, como siempre, esto lo hizo en detrimento de la figura de la Presidenta.

Los discursos de Néstor Kirchner son, en general, malos. El de ese día no fue la excepción. Son discursos reiterativos en donde, a la manera de una obsesión, aparecen casi siempre los mismos temas. Entre ellas está, indiscutiblemente, Julio César Cleto Cobos. “Imposible hacerle entender a Néstor lo malo que es eso para la Presidenta y para los que queremos trabajar en la recomposición de la imagen de Cristina. Además, cada vez que le da un palo, la figura de Cobos crece”, confesaba con amargura y desencanto un funcionario del Gobierno que estuvo en La Plata.

En ese acto hubo dos bandos. De un lado, estuvo el bando de los duros que reconoce el liderazgo de Luis D’Elía. Allí, el discurso del Dr. Kirchner se festejó. Del otro lado, estuvieron los que se identifican con Sergio Massa. Ahí, cuando lo empezaron a escuchar al ex presidente en funciones, los rostros se ensombrecieron. “Sergio se mata para generar hechos con el objetivo de mejorar la imagen de Cristina y después viene Néstor y te tira todo abajo en un minuto. Es tremendo”, confesaba alguien cercano al jefe de Gabinete quien se fue muy disgustado del Teatro Argentino de La Plata.

“Néstor sabe que a “massita” – a quien él hizo en el cargo– estas cosas no el gustan. Igual, a Néstor eso no le importa nada”, reconocía, a la vera de una piscina, alguien que habita los pasillos del poder.

Nota al pie: El Teatro Argentino de La Plata, que pertenece a la provincia de Buenos Aires, ¿se lo prestaron o se lo alquilaron al Partido Justicialista? Si lo prestaron, ¿se lo prestarán a todos los partidos políticos por igual? Si lo alquilaron, ¿cuánto salió?

El pasado que vuelve

En el medio de todo, el pasado volvió con todo su horror al presente de la Argentina. Es un pasado que duele.

El fallo de la Sala II de la Cámara Nacional de Casación Penal dictaminando la libertad de Alfredo Astiz, Jorge “el Tigre” Acosta y otra serie de integrantes de las fuerzas de la represión ilegal de la última dictadura militar, produjo conmoción. “Es un día de vergüenza” dijo, con razón, la Presidenta. Un juicio similar emitió el gobierno de Francia.

Sin embargo, juristas destacados, de inclaudicable militancia en la causa de los derechos humanos, han reconocido que el fallo es técnicamente correcto. Lo que hay que analizar, por lo tanto, no es el fallo en sí sino las circunstancias que hacen que pueda haber un fallo de este tipo en nuestro país. El Dr. Carlos Fayt responsabilizó por esto al Congreso. En su crítica, el ministro de la Suprema Corte de Justicia le endilgó al Parlamento el no haber sancionado una ley que atendiera las necesidades procesales de los casi 800 juicios que se están substanciando a acusados de haber cometido crímenes de lesa humanidad durante el gobierno militar. Desde el Congreso, el oficialismo respondió al Dr. Fayt con enojo diciendo que lo que él decía era inexacto.

Para dirimir esta disputa es muy importante prestar atención a un hecho que en su momento, como siempre, el poder pasó por alto. Fue cuando los doctores Ricardo Gil Lavedra y Andrés D’Alesio presentaron un proyecto destinado a solucionar las situaciones especiales planteadas por la complejidad de estos juicios.

Los doctores Gil Lavedra y D’Alesio no son cualquier cosa. Son abogados con avales de peso para opinar en esta materia: los dos fueron integrantes de la Cámara Federal que juzgó y condenó a las juntas militares en el histórico juicio de 1985. El proyecto que presentaron no es de ahora. Es del año pasado. En ese entonces, Cristina Fernández de Kirchner era senadora.

Pero claro, nadie en el oficialismo les llevó el apunte. Esto es el producto de la sobreactuación que, en materia de derechos humanos, ha venido haciendo sistemáticamente el Gobierno. Una sobreactuación que ha llevado a los Kirchner a desconocer lo que han hecho otros, en tiempos políticos muchísimo más difíciles que éstos, en pos de llevar adelante estos juicios imprescindibles. Esta sobreactuación ha impedido que se establezcan políticas de Estado sobre un tema que debería estar por fuera y por arriba de cualquier disputa partidaria.

Finalmente, el Senado convirtió en ley el Régimen de Normalización Tributaria, Promoción y Protección del Empleo Registrado con Prioridad en Pymes y Exteriorización y Repatriación de Capitales.

Esta ley motivó una nota de honda preocupación que Gustavo Rodrigues, director del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) –que es el organismo internacional encargado de monitorear el tema del lavado de dinero por parte del narcotráfico– envió al Gobierno argentino. Como bien advirtió el Dr. Juan Félix Marteau, especialista en el tema que fue representante argentino en ese organismo, esta ley, por la que la Argentina recibe un severo llamado de atención, “… atenta contra el núcleo duro de la política de debida diligencia que recomienda el GAFI para todo el sistema financiero, en especial para el argentino, que padece los efectos de la evasión, el contrabando, la corrupción, el fraude y, lo que es más dramático, el narcotráfico”.

Visto y considerando todo esto ¿Queda alguna duda de que esta ley, a la que Néstor Kirchner ordenó que no se le cambiaran ni puntos ni comas, consagra la impunidad fiscal?

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