Ahora hay que hacer que valga la pena

Por Hernán de Goñi

El involucramiento de la presidenta Cristina Kirchner en el proceso de diálogo abierto después de las elecciones es un dato para no pasar por alto

Su primer acercamiento a los empresarios fue intuído por algunos, pero no anticipado. Una cena armada para fijar las condiciones bajo las que iba a participar el sector privado, la tuvo como protagonista para los postres. Su participación no estaba destinada a anticipar los próximos pasos de su gestión, pero fue una señal de cambio: después de meses impredecibles, pidió opinión y anticipó que su objetivo era llegar a un consenso.

La Presidenta también se erigió en árbitro de la interna de la CGT. Los gremios, acostumbrados a la mediación de Néstor, aceptaron esta vez la palabra de la jefa de Estado. Hugo Moyano aceptó una instancia de conciliación, sólo para permitir que esta jugada tenga algún futuro. Cristina no quiere que sean los argumentos de su esposo los que dominen el debate, y por eso decidió elevar su protagonismo.

Lo deseable es que todo este esfuerzo ayude a desplegar una política económica con objetivos racionales y previsibles. Conducir el diálogo, manejar los tiempos y fijar la agenda es un ejercicio loable, siempre y cuando no se haga sólo para calentar la "bicicleta fija" de la política.

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