Por ahora, Europa resiste la tentación de imprimir dinero

A diferencia de la Fed, el Banco Central Europeo teme el impacto inflacionario; se fortalece el euro
FRANCFORT.- En el Banco Central Europeo (BCE) ser disidente hoy en día significa mantenerse firme mientras otros se dejan llevar por el viento.

En momentos en que Estados Unidos, Inglaterra y Japón están recurriendo a las impresoras de moneda para evitar que sus economías caigan en un pozo aún más profundo, el BCE se resiste a adoptar esas políticas, las menos ortodoxas para un banco central en la historia contemporánea.

Para muchos observadores, e incluso para algunos políticos como el presidente Nicolas Sarkozy, este enfoque es absolutamente miope y podría dejar a Europa rezagada cuando los demás países hayan recuperado su capacidad de crecimiento.

Sin embargo, desde que aparecieron las fuertes convulsiones en los mercados crediticios en 2007, la marca registrada del BCE ha sido considerar, antes de romper el libro de reglas, no sólo el momento de la crisis, sino también lo que viene después. "Los cambios exagerados, carentes de perspectiva, demorarían el regreso de la prosperidad sustentable, porque socavarían la confianza, que es el elemento más precioso en las actuales circunstancias", dijo recientemente el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet.

Mientras otros reducían bruscamente sus tasas de interés, el BCE actuó con mayor lentitud. Cuando otros intervenían para rescatar a las instituciones financieras, el BCE constantemente limitaba sus poderes y les dejaba esas medidas a los gobiernos nacionales.

Y ahora, cuando otros bancos centrales se abocan a crear más dinero de la nada porque ya no pueden hacer despegar el crédito con reducciones aún mayores de las tasas de interés a corto plazo, el BCE sigue atento al fantasma de la inflación futura.

Esa posición se basa en la aversión a cualquier cosa que huela a "imprimir dinero". Esa expresión evoca las peores pesadillas económicas de Europa: los reyes que degradaban su moneda para poder mantener guerras interminables hasta la hiperinflación y el derrumbe monetario en Alemania tras haber perdido dos guerras en el siglo XX.

Pero, según los críticos, al no inyectar dinero, el BCE está subestimando la peligrosa e imprevisible dinámica de la recesión actual, que se extiende con la rapidez del rayo.

"Lo que está haciendo simplemente no alcanza, y ésta no es una de esas crisis de las que se puede salir fácilmente", dijo Kenneth Wattret, el principal economista para la eurozona del BNP Paribas en Londres.

Según algunos economistas, otro peligro para el BCE fue que las políticas de Washington y Londres pusieron presión sobre el euro a través del tipo de cambio.

El euro ha subido alrededor del 10% respecto del dólar. Es una consecuencia absolutamente lógica de la decisión de la Reserva Federal (Fed) de aumentar considerablemente la cantidad de dólares circulantes. También el euro aumentó mucho su valor respecto de la libra esterlina.

Un fortalecimiento sostenido del euro aumentaría el precio de las exportaciones europeas y las eliminaría de los mercados mundiales mientras éstos se recobran. Así, le daría a la economía estadounidense un impulso significativo sin necesidad de que se adopte ninguna medida directa de devaluación del dólar.

Pero hasta el momento, el BCE ha evitado el frenesí de actividad de la Fed, considerado aquí un intento desesperado de reemplazar la falta de voluntad política para recomponer el sistema bancario estadounidense.

Eso sólo es necesario, según la opinión de algunos funcionarios europeos, porque los reiterados planes de reestructurar el sistema bancario norteamericano han fracasado.

El BCE no niega que Europa enfrenta una penosa recesión: la economía de la eurozona podría caer 3,2% en 2009 y crecer apenas 0,7% en 2010. Pero los funcionarios del BCE no comparten el miedo a la deflación -una caída sostenida y generalizada de los precios- subyacente en las medidas adoptadas por la Fed.

Y Europa, particularmente Alemania, sede del BCE, sigue siendo un lugar donde el miedo a la inflación no está profundamente sepultado, aun cuando los economistas se dediquen actualmente a debatir si los precios caerán o simplemente se mantendrán en el nivel que están.

La decisión de la Fed de inyectar la semana pasada un billón de dólares más en el sistema financiero llevó al sensacionalista Bild , el diario más vendido en Alemania, a publicar un titular alarmante sobre el "peligro de inflación" que acecha a Europa.

Aunque es una exageración, la medida de la Fed causó escalofríos en el BCE, cuyo mandato es proteger el poder adquisitivo del euro, que apenas tiene 10 años de vida.

Justo después de la medida de la Fed, el precio de las materias primas, clásico precursor de la inflación futura, subió bruscamente, mientras el dólar caía. Eso indujo a los inversores a prever, poco sutilmente, una futura devaluación del dólar.

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