Ahora se espera la reacción de los mercados vitivinícolas

Cuál será el futuro que deparará al sector vitivinícola, después de conocer el cupo del mosto y el precio de la uva.
Las cartas están sobre la mesa y todas las expectativas están centradas a estas horas en el oeste vitivinícola, en ver cómo abren hoy los mercados regionales en los contratos, los precios y los volúmenes a comercializar. La cosecha ya arrancó, afligida y más escasa y con los protagonistas expectantes. Se proponen que el 20 % de la cosecha previsible (20,5 % menor en San Juan, 3 % por abajo la de Mendoza, 8 % menos en total en el país), sea destinada a mostos para diversificar, en un cupo que los gobiernos y algunas cámaras justifican por la baja de la cosecha y las menores expectativas exportadoras del concentrado.

Todos buscaron adecuar la vitivinicultura a la caída de los mercados y elaborar pensando en no multiplicar el stock, cuidando el equilibrio que han venido logrando (hasta esta vendimia los remanentes o stock se calculaba equivalente a 3,5 meses de despachos). Con los números puestos sobre la mesa el viernes, en Desamparados y en el Barrio Cívico han calculado que, si todos los factores de la simulación económica se sostienen, al cabo de la temporada vitivinícola los remanentes no debieran superar los 5 o 6 meses. Para el cálculo partieron de la suposición de que la demanda -motora de todo ciclo económico- no caería más allá del 5% en el mercado interno y alrededor del 30 % en las exportaciones (sobre todo por el silencio de Rusia, compradora del 50 % de nuestros vinos a granel exportados). Es "el peor escenario de la simulación", explicaron. Y confían en que la cosa ande mejor. Los ministros de Gioja y Jaque -después que los mandatarios acordaran por teléfono- afinaron el lápiz y propusieron un precio referencial de 55 centavos el kilo de las uvas básicas -las mosteras y para vinos básicos- es decir 5 centavos por encima del valor promedio del año pasado. Está lejos de las expectativas de los viñateros. Pero está muy por encima de lo que ya habían comenzado a barajar algunos bodegueros que reciben uvas maduras actualmente a una base de 40 centavos. Sustentan un precio base apenas por encima del año pasado; bajan el cupo de los mostos (el 20 % de esta cosecha permitiría producir unas 120.000 o 130.000 toneladas) y aportan financieramente a fortalecer a viñateros y bodegueros, a la espera del futuro inmediato en la comercialización de vinos y mostos. Por eso, Raúl Benítez y Guillermo Migliozzi, José Luis Alvarez (Fondo de Transformación y Mendoza Fiduciaria) y Guillermo García (INV) pusieron fichas en los apoyos financieros de ambos confines: Créditos para cosecha y acarreo -tasa cero para el viñatero, 15 centavos por kilo para el productor y 3 centavos al bodeguero receptor, hasta 6.000 quintales- y jugaron la carta de ofrecerles a los bodegueros créditos al 9,5 % para que elaboren la cosecha, a condición de que le compren al viñatero sobre la base mínima de 55 centavos para las básicas.

Un detalle novedoso: "Si después la ecuación uva-vino comercializado da valores más altos, la diferencia "en más" se repartirá entre el viñatero y el bodeguero. Si es menos, afronta el Estado como subsidio.

No es poco el aporte financiero: En Mendoza implica alrededor de 140 millones de pesos y en San Juan alrededor de 40 millones. El año pasado en Mendoza el Estado asistió unos 40 millones de kilos en cosecha, este año va por 200 millones de kilos, según explicaron aquí Migliozzi y sus colaboradores. Fecovita salió a terciar la semana pasada con un operativo a 85 centavos el litro de vino blanco escurrido de buena calidad y 1 peso el tinto. Con los valores "oficiales" en la cancha, ahora se espera la reacción de los mercados. Cuáles son las incógnitas no develadas aún: ¿Qué ocurrirá con el cambio real y qué pasará con las exportaciones de Rusia, la mayor compradora de nuestros vinos a granel?

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