Agua Vivas.

Agua Vivas.
ARGENTINOS 0 - ARSENAL 2: Técnico que debuta no siempre gana: el Bicho no pudo con el Arse. Igual, al menos mereció empatar.
No puede (y no debe) ser una historia triste este comienzo para Argentinos. Habría que tomárselo con esta filosofía. Que no hay nada más decepcionante que arrancar un torneo así, nadie lo discute, aunque siempre es saludable remover el agua y ver qué hay debajo de lo turbio. El 0-2 no fue un resultado mentiroso. Fue una farsa. De todas maneras, en el fútbol pasa como en la vida: gana el que hace goles, no el que tiene buenas intenciones... Y el que se llevó todo, en este caso, fue el más mezquino.

"Yo no soy Bielsa, soy Vivas", fue la primera frase que entregó el nuevo DT para que lo separaran quirúrgicamente de su mentor deportivo. Y no mintió. Si ayer hubiese copiado el manual de su maestro, podría haber encontrado la suerte que le fue esquiva: Argentinos nunca supo explotar los laterales, el famoso "abrir la cancha", esa idea antiquísima que muchos quieren jubilar aunque aún no haya surgido una fórmula más eficiente para romper a esos equipos que juegan a no perder o a cuidar lo conseguido. Porque Arsenal, por una falta tonta de Caruzzo a Leguizamón, se encontró con un penal cuando apenas iban dos minutos. Desde ahí, el local tuvo la posesión de la pelota casi en un 99% del partido. Esta cifra positivista también puede ser negativa: ¿qué hizo con el balón durante tanto tiempo? Ese dominio primero gustó, a la media hora generó incertidumbre y sobre el final hartó un poco. Toques para atrás, para el costado, para atrás, casi una réplica de esos equipos colombianos que de tanto mover la pelota se olvidan de que el arco está enfrente. El Bicho se conformó con esa potestad y, encima, fue demasiado pulcro, ordenadito, como esos pibes que van al colegio siempre bien peinados y con el delantal blanco inmaculado. ¿Y la rebeldía natural? Le faltó uno (o varios) que decidiera ir al frente, un descontrolado que contagiara al resto para romper a ese Arsenal que, con Sava expulsado, fue un equipo de handball: todos al borde del área.

Esta historia no debe ser triste: Argentinos, al menos, debió empatar. Porque esa muralla de enfrente tuvo fisuras, pero todo el que logró filtrarse se topó con Campestrini, quien en un futuro será arquero de equipo grande. Si no fuera por él, el final hubiese sido otro. La belleza del gol de contra de Yacuzzi justifica un poco el final. Apenas...

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