Agua turbia

El miércoles 6 por la mañana, y ante la persistente falta de agua, los teléfonos de políticos, funcionarios y el 0800 de OSSE fueron desconectados. Lejos estaba la realidad de miles de marplatenses del título del diario La Capital de ese día, en el sentido de que la situación de emergencia ya era historia. No hay letra que no pueda ser desmentida con una canilla que no drena el líquido elemento, tan indispensable para el funcionamiento de la vida.
Los hechos se precipitaron en la madrugada del miércoles, ya que los motores que habían sido secados en hornos de alta temperatura comenzaron a fallar, y los transformadores y otros dispositivos que aún no estaban en condiciones de soportar la puesta en marcha, cantaron su "no va más".

Lo ocurrido es sumamente grave, y no solamente por la incomodidad de la falta de agua: revela la displicencia con que se utilizan los recursos públicos. Quiero recordar que este medio nunca dejó de señalar el dispendio; en ese sentido, la gestión del ingeniero Marcelo López en OSSE fue emblemática: los gastos suntuarios en los que incurrió fueron escandalosos y el rostro visible de una política irresponsable, aun cuando hubo quien dijo que "al fin y al cabo tanto lío por unos arbolitos…".

Al intendente, que pronosticó con su decir sin inflexiones durante todo el fin de semana largo que esto sería apenas un mal momento, se le terminó la ensalada del verbo. Transcurridas las 96 horas en las que emplazó la solución del problema, miles y miles seguían sin agua y penando con bidones, baldes y botellas en los distintos puestos de la ciudad.

Es inmensa la mentira que representa insistir con que sólo el 10% de la población estuvo sin agua por seis días. Playa Grande, Stella Maris, Los Troncos, Chauvin desmienten claramente la cifra. Los vecinos sumaron paciencia infinita, pero no eterna; el hastío frente a la mentira es claro, y la elección del 28 de junio se acerca a velocidad exprés.

Convencido el miércoles de que todo había terminado, el intendente se reunió con el gobernador Daniel Scioli, quien le exigió que integre con carácter testimonial las listas electivas del FPV y ceda lugares en la lista de AM para concejales. Pulti, en lugar de poner primero la resolución de la urgencia para los vecinos, eligió obedecer, apagó sus celulares y lo dejó al ingeniero Mario Dell’Olio, que a su vez se encerró con llave en los sótanos de Plaza Mitre a rumiar su desolación. Dell’Olio sabe que si hay una cabeza que rodará, será la suya.

Lo que queda en evidencia es que esta estructura de servicios que dio agua segura por más de tres décadas exhibió sus debilidades estructurales. No es, como pretenden señalar los popes del gremio que nuclea al personal de OSSE, que lo ocurrido es consecuencia de la reducción de personal: no hace falta más gente, sino más aporte tecnológico.

No es ésta la misma red que en la década del ’60. Su expansión, celebrada en cada ocasión, no ha sido acompañada de la consecuente inversión en tecnología; los elementos que quedaron expuestos ante los medios en la corrida del default en materia de abastecimiento de agua, desnudan su antigüedad.

Los recursos públicos afectados en estos años son cuantiosos. Millones de dólares se despilfarraron en gastos innecesarios e impúdicos; cientos de miles se destinan cada mes a mantener el escenario palaciego que creó Marcelo López durante la gestión de Blas Aurelio Primo Aprile, con el concurso, claro está, de los hermanos César y Jorge Trujillo: como ya sabemos, al intendente el único cambio que le atrae es la posibilidad de privatizar OSSE, un negocio que lo ha obsesionado por años.

El agua todavía está turbia, y no sólo por la inundación aún sin explicación de la sala central de maniobras de Plaza Mitre.

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