El agua causó daños en Valle Grande

Al desbordarse el Atuel se inundó total o parcialmente la mayoría de los complejos turísticos instalados al lado del río. El agua arrasó cabañas indebidamente construidas.

Todos los complejos asentados en el principal circuito turístico de San Rafael sufrieron deterioros de diversa índole a raíz del abrupto aumento del caudal del río Atuel, producto de que a los 45 metros cúbicos de agua por segundo que arrastra normalmente ese cauce se sumó el agua que aportó la inusual lluvia.

Cabe recordar que a causa de no haber hecho cumplir a rajatabla el municipio las ordenanzas vigentes, todos los complejos turísticos crecieron en un marco de desorden y, lo que es peor, no se respetaron las más elementales normales de seguridad demostrando menosprecio por el comportamiento del río.

Caprichosamente se extendieron las construcciones edilicias o recreativas hasta la orilla del río, y en otros casos irresponsablemente se privilegió el rédito económico desafiando a la naturaleza. Esto a partir que lo cauces aluvionales fueron rellenados para construir cabañas en esa área, por lo que el agua y el barro quedaron sin salida al río y ahora la naturaleza pasó factura y arrasó total o parcialmente las construcciones, más todo el equipamiento que había dentro de ellas.

También es importante recordar que hace tiempo la Subdelegación de Aguas del Río Atuel, con asiento en General Alvear, realizó el correspondiente estudio y notificó a todos los prestadores cuál era la zona de ribera. Es decir el espacio que iba a inundar el río al desbordarse, por lo que recomendaban retirar los edificios de la zona de peligro. Lo concreto es que todos hicieron caso omiso a esa sugerencia y las consecuencias están a la vista.

Podríamos decir que lo ocurrido el jueves en Valle Grande fue una desgracia con suerte. Gracias a Dios el fenómeno climático que se desató ocurrió en horas de la tarde, y lo más importante, que aconteció fuera de temporada alta. De haber sucedido cuando en el lugar es ocupado por miles de turistas (enero y febrero), otra hubiera sido la historia.

Cabe esperar que esta enseñanza que dejó la naturaleza sirva de experiencia para que ahora los prestadores del Valle Grande comprendan cuán peligroso es el Atuel crecido y que es necesario retirar las instalaciones de la costa para no exponer a los visitantes a una trampa mortal. Caso contrario habrá que obligarlo compulsivamente a demoler todo lo construido en zona de riesgo aunque muchos renieguen. La premisa debe ser proteger vidas y no cuidar la facturación. Por ello sería importante que además del relevamiento de los daños que está realizando en Valle Grande la Dirección de Turismo, se determine a través de profesionales lo que se debe demoler por estar levantado en sitios inconvenientes y prohibir reconstruir lo que el agua destruyó. En resumen: aplicar lisa y llanamente la ordenanza referida al código de edificación y lo dispuesto por Irrigación respecto a la línea de ribera.

Seguramente que tras este inusual fenómeno climático muchos sanrafaelinos comenzarán a tener respeto a Valle Grande, pero también estarán aquellos que ante cualquier frente de tormenta quieran huir del lugar. Pero también habrá que pensar en resolver el escollo de los badenes. Hay una serie de ellos que son peligrosos cuando llueve en las primeras estribaciones cordilleranas, por lo que no es descabellado plantear la necesidad de que se construyan puentes para que la ruta 173 esté despejada ante adversas condiciones climáticas.

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