La agresividad que baja desde lo alto del poder

Es una ley de hierro, en cualquier lugar y en cualquier tiempo de la historia. Cuando la agresividad baja desde lo más alto del poder, cualquiera se siente habilitado a utilizar el agravio como herramienta política.
En la última semana fueron la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez, y el titular de la UCR, Gerardo Morales, los que tuvieron que padecer agresiones políticas a nivel físico.

A la diplomática estadounidense la atacaron jóvenes de un grupo de manifestantes –supuestamente de izquierda y opuestos a la gestión estadounidense en el conflicto de Kraft– cuando se disponía a dar un discurso en la provincia de Mendoza.

Y al senador radical le coparon un acto en Jujuy integrantes de una agrupación con fines sociales, pero que responde políticamente al kirchnerismo.

Sería saludable que el Gobierno, a través de la presidenta Cristina Kirchner que es su máxima autoridad, condene e investigue estos hechos. Sobre todo teniendo en cuenta que no hace tanto tiempo ella misma, su cuñada Alicia Kirchner y también el gobernador Daniel Scioli han sido víctimas de agresiones igualmente condenables que les hicieron otros grupos políticos y sindicales.

Comentá la nota