Se agrava la polémica en la Iglesia sobre el Holocausto

Se agrava la polémica en la Iglesia sobre el Holocausto
Otro cura insistió en negar el genocidio judío. Y puso en aprietos al Papa.
La crisis desatada por la decisión del Papa, el sábado pasado, de levantar la excomunión a cuatro obispos de la ultraconservadora y cismática Fraternidad Pío X se agravó ayer y el escándalo comienza a embestir directamente a Benedicto XVI. El responsable del noreste italiano de la comunidad fundada por el obispo francés Marcel Lefebvre, que ordenó los cuatro obispos en 1988 y fue fulminado con la separación de la Iglesia junto con sus acólitos, puso al rojo vivo las polémicas al decir en una entrevista que las cámaras de gas "sirvieron al menos para desinfectar".

El cura Floriano Abrahamowicz habló con un periodista de la Tribuna de Treviso, ciudad véneta donde reside. Dijo que los números del Holocausto nazi de los judíos son "un problema secundario" y la cifra de seis millones de martirizados en los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial es falsa, propagada por los jefes de las comunidades israelitas "presionados por la emotividad". Sostuvo además: "No sé si además de desinfectar, en las cámaras de gas hubo muertos, porque no he profundizado la cuestión. El genocidio es siempre una exageración".

La semana pasada, uno de los cuatro obispos perdonados por el Papa, monseñor Richard Williamson, dijo que las cámaras de gas no existieron y que en los campos nazis murieron "200 ó 300 mil judíos, pero ninguno con el gas". Williamson, que es director del seminario lefebvriano de La Reja, a 50 kilómetros de Buenos Aires, se encuentra en el lugar pero ahora no habla porque su propia comunidad le ha exigido silencio.

Williamson y ahora Abrahamowicz ponen en serios apuros al Papa, que afronta la segunda crisis de su pontificado que en abril cumplirá cuatro años. La primera fue a raíz de su lección magistral en 2007 en la universidad de Ratisbona, en su Baviera natal, cuando hizo citas desafortunadas sobre Mahoma y la religión musulmana. Se desató así una crisis devastante con el mundo islámico con heridas que aún no han cicatrizado.

En Suiza, más de 200 sacerdotes y teólogos firmaron ayer una declaración en la que expresan su desacuerdo con la decisión de Benedicto XVI de revocar la excomunión de los obispos lefebvristas. Estiman que esta decisión se inscribe en una serie de decisiones "fuertemente regresivas" del pontífice alemán.

Los firmantes se declaran satisfechos con una dura declaración de los obispos suizos contra el antisemita obispo Williamson y la misma Fraternidad Pío X de Lefebvre. "Hay que evitar equívocos", dijo el presidente de la Conferencia Episcopal helvética, monseñor Kurt Koch. "Revocar la excomunión no es la reconciliación o la rehabilitación sino abrir un largo camino". Los obispos lefebvrianos, sostienen los obispos suizos, "no pueden aceptar el negacionismo del Holocausto. El antisemitismo es una peste".

Los obispos franceses, por su parte, atacaron duramente a los lefebvrianos, destacando que "un grupo eclesial no puede sustituirse al magisterio" y que los obispos reaccionarios "todavía están suspendidos a divinis y no pueden ejercitar tareas religiosas".

En Alemania crecen las críticas contra el Papa compatriota por haber rehabilitado a los obispos lefebvrianos, entre ellos Williamson. "Del Papa me esperaba más tacto, pues él vivió en su persona el régimen nacionalsocialista y no debía rehabilitar a un asqueroso antisemita", dijo Max Mannheimer, presidente de la comunidad de sobrevivientes del campo de concentración nazi de Dachau.

El teólogo rebelde Hans Küng, que fue amigo de juventud del hoy Papa, dijo que lo que ocurre con el grupo Lefebvre "hay que verlo en el contexto general de una restauración". Benedicto XVI, dijo Küng, "ha hecho embocar a la Iglesia un camino significativamente hacia atrás". La comunidades judías de Israel y del resto de la diáspora están enojadas con el Papa, aunque los diálogos no se han interrumpido pero la relación está en peligro. Ayer, la Santa Sede envió una carta al Gran Rabinato en Jerusalén, que la consideró "seria y positiva".

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