La agitación opositora permite al Gobierno recuperar el oxígeno que perdió en el Congreso

Por Walter Brown

Elisa Carrió rompió relaciones con sus socios electorales. El cobismo, Margarita Stolbizer y muchos radicales ya no quieren a Lilita. Carlos Reutemann se diferencia del peronismo disidente y le quita el cuerpo al diálogo, una instancia que abrió el Gobierno para apuntalar su agrietada estructura política y que hoy, curiosamente, contribuyó a horadar los cimientos del Acuerdo Cívico y Social.

La centroizquierda que experimentó un reverdecer el 28 de junio último tras la figura del cineasta Pino Solanas espera la hora del recambio parlamentario y transita un camino difuso... Demasiados movimientos agitan al arco opositor para sacar provecho a un kirchnerismo que se desangra en el Congreso pero que, aún así, suma más voluntades que el resto. Y es que cuando la debilidad es el común denominador, la fortaleza la termina dando el número.

El sueño que los ruralistas acunaron en la noche de la derrota electoral del oficialismo parece que aún deberá esperar, al menos, un año más. La oposición no actuará hoy en la Cámara Baja como un grupo monolítico a la hora de resolver el futuro de las facultades delegadas y, con ello, el de las retenciones agropecuarias, tema que desvela a los miembros de la Mesa de Enlace, por encima de las preocupaciones que exhiben sobre el futuro del sector lechero, la ganadería y las economías regionales.

La posición del bloque Solidaridad e Igualdad (SI) es la que transmitió el propio Solanas durante toda su campaña: más cercana al Gobierno en el tema de los derechos de exportación que afectan al campo y más lejana al momento de discutir las tarifas de los servicios públicos. La diferencia está en que el oficialismo no cuenta con los diputados suficientes para detener por sí mismo el tratamiento en el recinto de las facultades delegadas y el Código Aduanero, pero sí tiene el número necesario para frenar en comisión cualquier avance sobre los incrementos habilitados a las distribuidoras de gas y electricidad, aunque en este último caso tenga intenciones de avanzar sobre las concesiones, como dejaron trascender funcionarios, legisladores y hasta el líder de la CGT, Hugo Moyano.

La centroizquierda prefiere patear la pelota hacia adelante para que la resolución la tome el nuevo Parlamento que asumirá el 10 de diciembre próximo, con una nueva relación de fuerzas, a partir de la pérdida de bancas que experimentará el bloque oficialista. Pero las diferencias que se observan en los diferentes partidos de oposición ponen en duda que, siquiera el año que viene, la situación varíe radicalmente. Los ruralistas lo saben y por eso tratarán de presionar hoy con su presencia en el propio Congreso. Recuerdan que el año pasado, tras retirarse también con una derrota en Diputados, el esfuerzo terminó con la cosecha de una votación en el Senado que perforó la unidad kirchnerista y derribó el proyecto de retenciones móviles. Y estiman que, en la medida que pase el tiempo, los reacomodamientos partidarios por la ya desatada carrera hacia la Casa Rosada complicarán aún más el panorama.

Nadie sabe qué será de la unidad entre los radicales y la Coalición Cívica una vez que pase el verano, aunque el titular de la UCR, Gerardo Morales, se reúna esta semana con Carrió para intentar reacomodar una relación que estalló apenas sus correligionarios mostraron que prefieren al vicepresidente Julio Cobos.

Tampoco se puede dilucidar cómo actuarán los socialistas con Pino en el Congreso. Y menos aún qué será del futuro del peronismo disidente y PRO, una vez que Reutemann, Mauricio Macri, Mario Das Neves, Alberto Rodríguez Saá, Felipe Solá y todos los que se van anotando en la grilla aceleren su proyecto presidencial. La caída oficialista en las urnas abrió en la oposición una pelea por el poder que, paradójicamente, puede darle a los K el oxígeno que hace un año perdió en el Parlamento.

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