La agenda para un país normal

Por Jorge Oviedo

El documento presentado por AEA no es otra cosa que una contribución al necesario clima de entendimiento, concertación y moderación que requiere el actual momento económico y político. La asociación empresarial repite, incluso, varios tópicos que había propuesto con anterioridad, de modo que no podrá decirse que ha cambiado el tono, el temario o las intenciones.

Y no puede dejar de leerse una crítica profunda y dura a muchas políticas, decisiones, proyectos y hasta omisiones y modos de la administración de los Kirchner.

Sea por las consecuencias de la crisis con la que la Argentina entró al nuevo siglo o por el particular escenario político que enfrentó la presidencia de Néstor Kirchner y luego la de su esposa, Cristina Fernández, el diálogo y la concertación pudieron ser dejados de lado. Primero, porque en la emergencia y con minoría parlamentaria se prefirió la vía de los decretos de necesidad y urgencia o los superpoderes.

Luego, con mayoría en ambas cámaras, se prefirió la imposición del número. Pero sin necesidad de un traspié electoral del oficialismo, ese esquema mostró sus importantes límites y altos costos cuando se abordó un tema conflictivo que incluso causó grandes divisiones.

El documento muestra caminos para salir del pantano político y la parálisis de iniciativas para volver a encarrilar la economía que quedaron como legado de algunos conflictos irresueltos.

El trabajo, además, no escatima tratar tema alguno, pero no será una sorpresa para el Gobierno. La asociación tomó todas las precauciones para no quedar entrampada en una sospecha de actividad partidista u opositora. Por esa razón, el trabajo, que se preparó y consensuó durante un tiempo considerable, no vio la luz ni antes de los comicios ni inmediatamente de conocido el resultado adverso para la actual administración.

El tono, además, es el necesario y oportuno. Se convoca al diálogo desde las propuestas y las ideas, con lineamientos políticos con los que difícilmente se pueda estar en desacuerdo si lo que se busca es tener un país normal y moderno. Por otra parte, no se trata de medidas de un plan económico ni de políticas orientadas a un determinado sector.

En cambio, lo que se propone es un marco donde la actividad privada sea útil, provechosa, eficiente y dinamizadora.

Están contempladas las dimensiones sociales y laborales, de modo que nadie puede sentir que la convocatoria comienza por una puja para definir temarios. Está abierta una puerta al sector sindical y a todo el espectro político democrático.

Por supuesto que puede leerse el texto como una lista de problemas por solucionar, pero presentarlo formalmente de ese modo habría suscitado una suerte de confrontación por eventuales sospechas de asignaciones reales o imaginaras de culpas y responsabilidades.

Se trata, en cambio, de una propuesta completa y amplia en los temarios empresarios que invita a la superación de inconvenientes eludiendo las confrontaciones.

Con todo, se trata también de una exposición de principios clara y firme, que defiende valores universales, tales como las instituciones de la democracia, la propiedad privada, la libertad de expresión, la integración internacional, la defensa del medio ambiente y de la educación como base de la igualdad de oportunidades.

También se defienden el fortalecimiento y la tecnificación del propio Estado, aunque se subraya como crucial la distinción en el rol de las esferas públicas y privadas. Desataca especialmente la necesidad de contar con garantías sobre la propiedad empresarial en el país, y también que el Estado defienda las inversiones de compañías nacionales en el exterior.

En ese sentido, el documento puede ser visto también como la descripción de las bases necesarias para que retornen la confianza, la inversión, el crecimiento, el aumento del empleo y la mejora de los salarios, sin importar cuál sea el gobierno. Eso es lo que sucede en países modernos y normales, donde gracias a sus instituciones, se aprovechan mejor las potencialidades económicas, sociales y ambientales.

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