Una agenda demasiado cargada

Por Cristian Mira

Los dirigentes rurales están convencidos de que el viernes próximo deben salir de la reunión con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, con algo concreto. Una simple invitación a integrar el Consejo Económico y Social significaría, para ellos, un retroceso y la antesala de un nuevo y prolongado conflicto con el Gobierno.

Es que en el campo sólo saben de urgencias. La campaña agrícola 2008/09, que concluyó a fines de junio pasado, dejó en situación de quebranto a la mayoría de los productores de soja, maíz, trigo y girasol, los cuatro principales cultivos del país.

Hubo una combinación de factores adversos para que los números terminaran en rojo. Algunos de ellos, los que corresponden al Gobierno, llevan varios años de arrastre (trabas a las exportaciones de maíz y trigo y elevada presión impositiva). Otros se agudizaron en este año: una sequía gravísima (se perdió un tercio de la cosecha de soja), cayeron las cotizaciones internacionales de los granos y, antes de sembrar, los precios de los insumos (fertilizantes y herbicidas) se encontraban en su techo máximo por los valores récord del petróleo.

A la tormenta económica se sumó la negativa del Gobierno a crear un clima de distensión con el campo después del durísimo conflicto por las retenciones móviles. Ese escenario provocó el desaliento de los productores que decidieron frenar sus proyectos de inversión. Las ventas de cosechadores y tractores, entre otros equipos agrícolas, cayeron 70% en el primer trimestre de este año respecto del mismo período de 2008. El efecto no sólo lo sintió el campo: la casi paralización de las fábricas de maquinaria agrícola de Santa Fe y Córdoba provocó suspensiones y despidos de trabajadores que desde hacía cinco años se habían acostumbrado a vivir en el pleno empleo.

La agricultura no es el único sector en crisis. En la ganadería, el desaliento ya lleva varios años por las trabas a las exportaciones de carne que impuso el Gobierno y los controles sobre los precios de la hacienda que fijó el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Los ganaderos, especialmente los que se dedican a la cría, se están desprendiendo de sus vacas. Como consecuencia del menor nacimiento de terneros, "a partir del segundo semestre del año próximo va a faltar carne para satisfacer la demanda del mercado interno", explica Ernesto Ambrosetti, economista jefe del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina.

Eso significa que el ajuste del déficit entre oferta y demanda, como tantas veces ha ocurrido en la historia de los controles sobre el mercado de la carne, deberá hacerse por los precios. Y nuevamente las cargas caerán sobre los consumidores.

Con la lechería la situación no es mejor. Los tamberos pequeños y medianos trabajan por debajo del costo y pierden cada vez más participación en el precio final de la leche.

El otro capítulo, menos conocido, es el de las economías regionales, también afectadas por el juego de pinzas de precios en baja y costos de producción en alza. En definitiva, muchos temas para tratar con agenda abierta y una simple ronda de café.

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