"La afinidad política y la idoneidad técnica o científica son contrapuestas"

Lo afirmó el investigador científico Carlos Solivérez, quien destacó que el actual es el momento de mayor inversión en Ciencia y Tecnología.
Neuquén > "El panorama actual de la ciencia y la tecnología en la Argentina da pie para ser optimistas por la cantidad de organizaciones científicas y tecnológicas que existen y especialmente porque, históricamente hablando, es el momento de mayor inversión por parte del Estado". Con estas palabras el investigador científico Carlos Solivérez describió el estado de situación de estas dos áreas de enorme trascendencia para el desarrollo de un país.

Nacido en 1939 en San Salvador de Jujuy, reside en Bariloche donde se radicó como investigador científico del Centro Atómico y profesor del Instituto Balseiro. Es Doctor en Física de la Universidad Nacional de La Plata, investigador científico becario en la Universidad de Oxford (Inglaterra) y profesor de la Universidad Fourier (Grenoble, Francia), Solivérez publicó dos libros "Ciencia, técnica y sociedad" y "Las tecnologías en Argentina: breve historia social", que abarca desde la época precolombina hasta el año 2001. En breve aparecerá su tercer libro con más detalles técnicos sobre la historia de las tecnologías en Argentina.

¿El optimismo al que se refiere es una proeza del gobierno de los Kirchner?

En el año 2006 se puso en marcha un plan que abarca hasta el 2011 con una serie de objetivos, entre ellos, el aumento significativo de la inversión estatal. Históricamente la inversión en Ciencia y Tecnología fue baja, hasta hubo períodos en que prácticamente no existieron fondos para el Conicet, la organización científica más importante del país. Durante la época del gobierno de Carlos Menem prácticamente fue cero la inversión, no había becarios ni equipamiento para las investigaciones. A partir del 2003, con el gobierno de Néstor Kirchner, se trazó este plan que implicó un incremento significativo respecto de las inversiones. Cabe destacar que es la primera vez que se crea un ministerio de Ciencia y Tecnología.

¿Cuál es el presupuesto destinado a ambas áreas?

Es de 4.300 millones de pesos, lo que representa casi un 2 por ciento del presupuesto nacional, y un 0,8 por ciento del Producto Bruto Interno.

Igualmente la cuestión de fondo es cómo rinde este presupuesto.

El gran dilema es la evaluación de los resultados, y esa es la gran falla que tenemos los argentinos. La cuestión es cómo se evalúan los objetivos y el grado de los logros. Lo que se debe exigir es que las inversiones rindan porque hay puesto mucho dinero en el apoyo de investigaciones científicas que van a redundar en beneficio del país porque hay muchos problemas no resueltos que así lo requieren.

Usted afirma que la calidad de las manufacturas está fuertemente ligada a la buena organización.

Es una de las áreas en las que somos tradicionalmente malos, lo podemos observar en la vida cotidiana. Argentina tiene un problema organizativo en todas las instituciones hasta en las barriales. Y el origen de este problema está en la educación. La educación argentina es una lengua sin manos.

¿Por qué?

Porque es muy verbal, de brindar recetas y definiciones pero nada de ofrecer realizaciones. La eficacia organizativa se aprende de pequeño, se aprende en la escuela, en un taller, y lamentablemente no se la está fomentando en forma adecuada.

¿La educación tecnológica en el país está en vías de extinción?

La educación tecnológica es central pero podría desaparecer porque no se la formuló ni equipó adecuadamente, no se brindaron las didácticas apropiadas queriéndose utilizar las tradicionales sumamente declarativas.

¿Es posible revertirlo?

El Estado es el que tiene la capacidad para revertir esta situación negativa. Existen instituciones que son ejemplos como el INTA, que ha tenido una incidencia enorme y a la que nunca se le dio el crédito correspondiente y en cambio, como sucedió en los años 90, se la desfinanció. El INTI es otro caso emblemático que no cumplió con su función de promoción industrial y terminó centrándose en la realización de mediciones técnicas y de ensayo de materiales y no promovió industrias como la electrónica.

Siempre se dice que lo que está en juego es el modelo productivo.

El problema de la industria argentina es que el 33 por ciento de ellas están instaladas en el Gran Buenos Aires, que es el 1 por 1000 de la superficie del país. ¿Qué pasa en el interior del país? Ocurre que la gente no tiene trabajo entonces migra a los cordones suburbanos en búsqueda de empleo y lo que se fomenta es la creación de villas miserias porque no se reparte el trabajo en el país. Algo parecido sucede con las producciones agrarias. La producción de soja, que es la más rentable, está focalizada en la llanura, con ciertas condiciones climáticas favorables. Qué sucede en el resto del país donde hay otras producciones pero que requieren de obras de irrigación. Se debe estudiar el problema y buscar soluciones apropiadas para cada lugar.

¿La ciencia y la tecnología tienen que orientarse para paliar las condiciones desfavorables de la Argentina?

Exactamente. En la Argentina hay más de 2 millones de enfermos del Mal de Chagas-Mazza que abarca desde el norte hasta Santa Cruz. Si buscamos cuáles son las investigaciones científicas sobre esta enfermedad hay poco y nada mientras tanto hay decenas de miles de personas que mueren a causa de esta enfermedad.

Muchas más de las que murieron por la gripe A.

Muchísimas más. La inversión en el Mal de Chagas-Mazza el año pasado fue de 90 millones de pesos, 50 millones pusieron fundaciones del exterior y 40 millones el Estado argentino. Ni siquiera se cuenta con estadísticas confiables sobre la cantidad de personas que mueren a causa de esta enfermedad. Por la gripe A murieron alrededor de 600 personas y se invirtieron 1.000 millones de pesos.

Quiere decir que las autoridades responsables miran para otro lado.

Lamentablemente sí. Se sigue mirando al conurbano bonaerense y no al resto del país porque allí está la máxima concentración enferma y la máxima concentración de votos. Allí es donde se saturan los hospitales pero en otros lugares del país no se saturan los hospitales porque directamente no los hay. Es necesario que se tome la ciencia en un sentido más amplio aunque haya especialistas que quieran acotar sus alcances. Ciencia es generar un buen conocimiento y una información confiable sobre la realidad de los problemas en todas las áreas. Tener un buen INDEC es tener un organismo que brinde buena información sobre el estado de los ingresos, el estado de la salud y cuántas localidades del país no tienen sistema de agua potable.

Acá hay un problema de fondo que es el sistema clientelista del gobierno que concentra la pobreza porque se maneja mejor al electorado. La gran contradicción es que al sistema clientelista no le conviene la destrucción de la pobreza concentrada porque le es funcional al sistema. El sistema clientelista del gobierno tampoco es un sistema que aporta buenos funcionarios técnicos. La afinidad política y la idoneidad técnica o científica son dos cosas absolutamente diferentes. Los argentinos tienen que darse cuenta que es importante tener un buen conocimiento de la realidad y contar con buenas técnicas y medios para controlar. La ciencia y la tecnología son importantes porque pueden impactar directamente en la vida de las personas. Cuando se comprenda esto las cosas serán diferentes porque empezarán a demandar buena ciencia y buena tecnología.

Nuestro país es sumamente rico en ciencia y tecnología porque tiene instituciones en cantidad y hay que lograr que los buenos ejemplos logren multiplicarse.

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