Afilador de sierras, un oficio que sobrevive en Añatuya

Sacrificio. Cada día sale en su bicicleta a recorrer las carnicerías de la ciudad para buscar las hojas que afila, suelda y traba por tan solo $ 3 la unidad. Un oficio con mucho valor sentimental.
AÑATUYA, General Taboada (C) Quizás el oficio de afilador de hojas de sierras de carnicerías no sea tan conocido, pero para quienes lo desarrollan tiene un gran valor, no solo por tratarse de una actividad económica que ayuda a sustentar un hogar, sino también por el valor sentimental, más aún si fue transmitido de generación en generación como ocurre en el caso de Luis Ponce, un vecino de esta ciudad.

El protagonista de esta historia tiene 59 años, y desde muy chico se dedica a afilar las hojas de las sierras de las carnicerías de Añatuya y de pueblos vecinos. Es un oficio que aprendió a los 13 años por enseñanzas de su padre, Don Raúl, quien hace pocas semanas falleció a los 88 años dejando ese gran legado.

Este oficio involucra tres trabajos en uno: primero debe recorrer la ciudad para retirar las hojas de cada carnicería, luego el afilado y finalmente debe devolverlas a su propietario.

Por ese trabajo percibe $ 3 por hoja trabajada, y la recaudación aumentará o disminuirá según la cantidad de trabajo que haya aunque reconoce "que en estos tiempos está escaseando. Tuvimos muy buenas épocas pero ahora son muy difíciles".

Es una tarea artesanal que muchas veces genera riesgos para su salud, especialmente para sus manos que permanentemente recibe cortes a causa de maniobrar las hojas. "Vivo con los dedos cortados", cuenta. Además, al tener que fijar permanentemente su mirada en la piedra esmeril sobre la que afila cada diente de la hoja siente que va agotando su visión.

Instalado en su taller que funciona en la antigua desmotadora que se encuentra en el barrio La Merced sigue aferrado a su oficio, desde donde realiza el mantenimiento de las carnicerías. "No es una profesión muy rentable pero aunque a veces tengo ganas de tirar todo, sigo porque la llevo en la sangre. Se necesita mucha práctica y tiempo porque los trabajos bien hechos no se hacen sino no se le da el tiempo necesario", cuenta orgulloso del legado que le dejó su padre.

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