Se aferra el Gobierno a la alianza con Brasil

Por Martín Rodríguez Yebra

De la Redacción de LA NACION

Cristina Kirchner cerró una semana de drama mundial con la decisión política de atravesar el temblor financiero de la mano de Brasil.

Mientras los mercados ardían, ella recorría ayer Santa Cruz de la costa a los hielos y llamaba a sus funcionarios compulsivamente. Uno de esos contactos fue para pedir que le consiguieran hoy una comunicación con Luiz Inacio Lula da Silva. Quiere coordinar una reunión urgente de los presidentes del Mercosur para fijar una posición común ante la crisis global, indicaron fuentes de la Casa Rosada y de la Cancillería.

Lula había hecho llegar a Buenos Aires una intención similar y es muy probable que se fije una cita en su país para fines de la semana próxima.

La situación de Brasil ?sobre todo la fuerte depreciación del real? desvela al Gobierno ante el temor de una invasión de importaciones que golpee la industria local. La Presidenta llegó a pedir a las áreas técnicas de la Cancillería un borrador de posibles medidas para restringir el ingreso de productos brasileños, pero, por el momento, la idea fue desechada.

La Argentina podría activar mecanismos automáticos de protección, pero teme una reacción letal de su principal socio comercial, en especial, en el sensible rubro automotor.

Ante el desconcierto que causa el derrumbe económico mundial, Cristina y Néstor Kirchner creen que Brasil, la Argentina y los otros países del bloque regional deben dar como mínimo una señal de unidad política.

El jueves a última hora la Presidenta había citado en Olivos a funcionarios técnicos de la Cancillería y de Economía para revisar las amenazas de la industria a raíz del impacto de la crisis en Brasil. Allí estaban, entre otros, el jefe de Gabinete, Sergio Massa; el secretario de Comercio Internacional, Alfredo Chiaradia, y el secretario de Industria, Fernando Fraguío. Una de las conclusiones del debate fue la necesidad de no tomar medidas inconsultas, aunque el país tenga facultades legales para hacerlo.

"Hay que acordar políticas de complementación. No podemos pensar que la Argentina va a pasar el temporal si se enfrenta con Brasil", resumió un testigo de la reunión. "De qué sirve aplicar barreras para los textiles o los lavarropas brasileños si después terminamos con las plantas automotrices paralizadas", detalló otro funcionario.

Lo que pasa en Brasil obsesiona a la Presidenta. Ayer pidió datos minuto a minuto a sus funcionarios de confianza (sobre todo a Massa) acerca de cómo evolucionaban los números de San Pablo. También le preocupa México, otro destino vital para las exportaciones industriales.

"¿Cómo está el real?; ¿es verdad que México vendió 6000 millones de dólares [para defender su moneda]?; ¿cómo cerró el dólar acá?; ¿cuánto vendimos?" La Presidenta ametrallaba a preguntas a sus funcionarios entre una escala y otra de su agenda de ayer, según relataron fuentes del Gobierno. Desde Washington, Martín Redrado se reportó varias veces a la Jefatura de Gabinete para contar cómo actuó el Banco Central ante la fuerte presión de los ahorristas sobre el dólar. Fue uno de los peores días en mucho tiempo en las casas de cambio.

"¿Cómo que vendimos 400 millones?" Ya aterrizada en El Calafate, después de un acto en Puerto Santa Cruz, la Presidenta se alarmó con un cable de una agencia de noticias que informaba que ésa era la cantidad de reservas que había gastado el Banco Central en su intento de frenar el dólar. Le ordenó a Redrado emitir un comunicado para aclarar que el número había sido mucho menor.

Poco después volvió a hablar con el canciller Jorge Taiana, según reconstruyó LA NACION. Confirmó su deseo de hablar con Lula y quiso saber qué novedades políticas tenía de Brasilia.

Según fuentes diplomáticas, el gobierno de Lula apura la reunión de presidentes del Mercosur. "Creo que nos tenemos que ver", dijo Lula ayer, en relación con los gobiernos del bloque, según declaraciones citadas por las agencias internacionales de noticias. Pero primero quiere esperar el regreso desde Washington de los ministros de Economía y jefes de bancos centrales, que asisten a la Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En la Casa Rosada se muestran escépticos sobre los posibles resultados de una reunión regional. Más que grandes acuerdos la urgencia es mostrar un eje activo y unido, en un contexto en el que todos los bloques político-económicos del mundo se encuentran en estado deliberativo.

Otro proyecto que avanza cautelosamente entre las cancillerías de la Argentina y Brasil consiste en fomentar una cumbre del Mercosur con la India, China y Rusia, grandes potencias comerciales que hasta el momento siguen alejadas del epicentro del terremoto financiero.

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