Advierten que solo una recuperación global salva a Argentina de la recesión

Una comparación entre la situación actual y los dos últimos procesos recesivos muestra varias coincidencias. Ayuda la flexibilidad cambiaria pero no es suficiente

La Argentina puede iniciar en 2009 un proceso similar al que derivó en las recesiones de 1995 y 1999, cuando la economía recibió el impacto externo de las crisis en México y Brasil. Aunque el tipo de cambio flotante le brinda mayor flexibilidad al sistema para responder a los vaivenes de la economía mundial, la inflación, el clima de negocios y la fuga de capitales previa a la recesión mundial permiten pronosticar que el impacto de la crisis podría ser incluso mayor que en las últimas recesiones.

Un análisis realizado por el IAE de la Universidad Austral comparó las recesiones que atravesó la Argentina en las últimas décadas como consecuencia de factores externos. Se excluyó el caso de 2001–2002 porque la situación no es comparable a la actual, a menos que el Gobierno se vea forzado a caer en default.

La naturaleza de los shocks fue variada.

En 1995, se originó en el sector financiero y tuvo epicentro en la crisis mexicana y el posterior efecto contagio denominado Tequila.

En 1999 se combinaron elementos financieros (tales como la crisis rusa y sus secuelas en los países emergentes) y otros condimentos de la economía real (devaluación de Brasil, caída de los precios externos y de los términos del intercambio).

Desde el punto de vista de la economía real, el shock actual es de mayor intensidad e incluye una fuerte desaceleración de la economía mundial y mayores caídas de los precios de exportación que en 1995 habían mejorado.

No obstante, la situación actual es peor que la de 1995 y la de 1999 en diversos frentes. En primer lugar, la inflación es más alta. Mientras que durante la convertibilidad los precios se mantuvieron estables en el 2008 la inflación medida por índices alternativos rondaría el 20%.

Asimismo, el clima de inversión se encuentra deteriorado por el conflicto del campo y la reforma previsional. Esto se tradujo en una fuerte salida de capitales, que superó los 10.000 millones de dólares anuales por encima incluso del monto de fuga previo a la crisis de 2001.

En el terreno político el panorama se asemeja más a 1999 que a 1995, cuando el presidente Carlos Menem ganó su primera reelección. Cuatro año después, la decadencia del régimen menemista y la frustración de la Alianza condujeron a que la recesión deba ser piloteada por un Gobierno con credibilidad en baja. Desde que se inició el conflicto rural, la Administración de Cristina Fernández de Kirchner perdió casi 15 puntos de imagen, pasando del 44% a cerca del 30%.

Por el otro lado, la flexibilidad cambiaria es una ventaja clave para hacer frente a la crisis en relación a la rigidez monetaria de la convertibilidad. “Aunque la mayor inflación limita su uso pleno y el peso se ha apreciado considerablemente en los últimos meses”, resaltó el informe del IAE. En tanto agregó que “una ventaja relativa de la situación actual es que la situación de las economías de América Latina luce por ahora mejor que en el 95 y el 99”. Desde el punto de vista financiero, la situación actual es mejor que la de 1995 y similar a la de 1999, dada la mayor solvencia de los bancos.

Como el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 2,8% en 1995 y 3,4% en 1999, será “muy difícil que la economía argentina pueda evitar una recesión en 2009”, concluyó el estudio dirigido por el ex ministro de Educación, Juan Llach. “Sólo podrían evitarlo una mejora significativa y rápida de la economía mundial, o cambios de política económica doméstica conducentes a restablecer la muy dañada confianza”, añadió el texto.

A diferencia de las recesiones previas, en la actualidad no existe consenso para el recetario a aplicar como solución a la crisis. En los ‘90 las políticas basadas en desregulación, privatizaciones y apertura consistían en la receta usual para responder a la crisis, al menos según las recomendaciones de Washington. Pero el intervencionismo creciente de los países desarrollados, donde se originó la debacle financiera, dieron luz verde al resto del planeta para buscar y aplicar soluciones ad hoc e improvisar sin mayores reparos.

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