Advierten sobre altísimo nivel de arsénico en aguas de La Pampa

Neil Ward, un científico neozelandés, alertó por las consecuencias de la alta presencia de arsénico en pozos de agua de nuestra provincia. Aseveró que en algunos casos hay hasta mil veces más que el porcentaje permitido por la Organización Mundial de la Salud. Señaló que, además, hay un problema adicional de flúor.
En una entrevista con el diario La Gaceta de Tucumán le preguntaron qué porcentaje de arsénico es considerado letal. Y respondió: "Según los nuevos parámetros de la Organización Mundial de la Salud, hay datos que preocupan en India, en Bangladesh, entre otras partes del mundo. Se estableció el límite de diez partes por billón de arsénico en agua. Los pozos, por ejemplo, de La Pampa tienen mil veces el límite permitido por la OMS. Hemos medido valores muchos más altos que en Bangladesh. Sin embargo, en Bangladesh hay mucho menos cantidad de arsénico en agua y hay más complicaciones de salud".

Ward es doctor en Química y profesor de la Universidad de Surrey, en Inglaterra. Desde hace varios años pasa parte de su tiempo en Argentina, analizando la calidad de las aguas de los ríos del país. En los suelos ha encontrado muchos elementos tóxicos, pero que lo que más contamina "es la escasa educación de la gente", opinó.

"No soy el científico europeo que viene a la Argentina para llevarse los datos. Como investigador, como docente, estoy interesado en investigar la calidad de las aguas, en hacer una devolución de esos datos y en interesar a las escuelas para que desarrollen programas de educación ambiental", señaló en Tucumán, donde tomó muestras en las zonas del este, cuyos suelos registran existencia de arsénico.

El especialista reveló: "Estamos coleccionando cabello humano, uñas y orina, porque estamos monitoreando en Argentina también los niveles de arsénico en la gente, y no sólo en el ambiente. Necesitamos entender si ese alto contenido de arsénico realmente permanece en el organismo de las personas, en sus uñas, en sus cabellos".

"En los próximos dos o tres años -dijo- vamos a ver si esto se asocia con los problemas de salud de la zona. Por lo tanto, urge trabajar con toxicólogos, con epidemiólogos, con médicos. Lo que no se ve en Argentina, en general, son efectos en la salud de la gente. Lo importante es no entrar en pánico y entender el problema. En nuestras investigaciones no sólo se encuentra arsénico, sino que es la química del agua lo que está en estudio. Estamos empezando a entender por qué, a pesar de haber arsénico en el agua, las consecuencias no serían las mismas para todas las personas, y es probable que tenga mucho que ver con la dieta".

Acerca de otras problemáticas vinculadas con el tema, el profesional planteó en su entrevista con La Gaceta: "Hice varios estudios, y concluí que en todos los municipios había un problema combinado de desechos agrícolas, de la industria local y de los efluentes urbanos, que no se tratan para nada y se tiran al río. El Instituto Balseiro de Bariloche había estudiado la traza de mercurio que dejaba una industria, Indupa. Lo reproduje, y vi que el mercurio no era el más importante de los problemas, que el mayor problema era la falta de conciencia ambiental de la gente".

"Por ejemplo, detecté que hay hidrocarburos en el agua. Pero entran muchos más hidrocarburos al río a través de lo que sale de las estaciones de servicio de los pueblos que por lo que arrojan las petroleras", dijo. "Me interesaba proveer datos a los agentes locales y establecer quién más estaba haciendo medición de calidad de agua y qué datos había introducido. Pero más importante era hacer una propuesta de educación a las escuelas para que los chicos entendieran lo que significa el cuidado ambiental, y cómo incorporarlo en la práctica cotidiana", añadió.

- ¿Es muy caro limpiar un río?

- Sí, lo es, porque el problema con la contaminación no es sólo que se diluye y dispersa en el agua, sino que se acumula en el ecosistema, en los sedimentos, en los animales, en las plantas. En un sistema que está en movimiento, lo que tirás ahora en un río se transforma mañana en el problema del vecino.

- ¿Cómo llegó usted a interesarse por investigar el arsénico?

- Los chacareros rionegrinos usan agua del río Negro e inundan sus chacras como forma de irrigación. En los años ’60, ellos, como muchos agricultores en el resto del mundo, usaron arsénico como herbicida. Estábamos interesados en ver si en el suelo de las chacras había residuos de ese arsénico usado como herbicida. Yo ya había hecho ese estudio en Nueva Zelanda. La pregunta, siempre, es si hay un riesgo potencial para la salud humana. Algunas familias que tienen chacras en Río Negro poseen también vides en San Juan, donde hay boro. Los investigadores, allí, estaban advertidos de que había un problema de arsénico, que en todo el país se debe a la acción volcánica, aunque también lo liberan las minas de oro de la zona. Nosotros hemos desarrollado una tecnología que nos permite medir no sólo el arsénico total sino la toxicidad potencial del arsénico en el momento en que se toma la muestra. La tecnología es un pequeñísimo kit que permite que las muestras de agua pasen por una serie de dispositivos, y se separan in situ las especies de arsénico que tienen distinta toxicidad. Un problema con el arsénico es que muta de una forma a otra hasta llegar al laboratorio, de modo que la separación en el momento mismo de la extracción es fundamental. Así como podemos medir las especies de arsénico, se pueden medir en forma simultánea otros 40 elementos. Pero no sólo estamos interesados en el arsénico, sino en el efecto potencial del cóctel de elementos. En La Pampa hay arsénico, y hay un problema adicional de flúor; en San Juan, de boro. En algunos casos, podría haber químicos en el agua que podrían proteger de la acción tóxica del arsénico.

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