Adiós al año de las maquetas

El 2008 fue el año donde no pasó casi nada. Pero si fue el año de las maquetas (Parque Bicentenario, Hogar de Niñas, peatonal) éste deberá ser el año de las realizaciones, porque de otro modo al oficialismo se le va a complicar la elección. El 2009, y los problemas que amenazan con no ser “maqueteables”, como la cuestión social, la inseguridad y algunos baches administrativos. El Hospital de Hinojo, en plena crisis. La política de Guillermo Moreno en el Indec aplicada a las muertes por accidentes de tránsito, un tema donde la manipulación de cifras es delicadísimo. Y la realidad que pega como una pared: las tasas subieron, y el costo político quedó listo para caer sobre el que defienda el nuevo sistema impositivo local.
¿Qué hay detrás de un cartel en un negocio apagado, que dice “cerrado por robo”? Es probable que la semana que viene haya mucho más, y también es probable que el Gobierno local haya tomado esta semana una lección acerca de lo delicado que puede ser el 2009, un año donde ya se está jugando mucho y que no se resolverá con la simplicidad del 2008, donde no hizo falta hacer casi nada para llegar a diciembre.

Dos o tres indicios marcan ya que el criterio político de la prescindencia del Ejecutivo municipal en materia de “inseguridad social” (inventemos un término para tratar de abarcar el delito fáctico, el clima que lo rodea y sus complejos emergentes ambientales) está cerca del agotamiento. Dicho de otro modo, esta semana empezó a perder mucha fuerza la decisión del Gobierno local de apartarse de los hechos delictivos que afectan al microcentro comercial, el área más sensibilizada con los robos.

Conviene repasar la variable concreta que opera como una cuerda tendida al interior del Palacio San Martín, y que aturde en esa caja de resonancia cada vez que la pulsa una tanda de robos violentos como los del miércoles.

En la anterior movida contra la inseguridad en Olavarría –la que se llevó consigo a los jefes policiales con jurisdicción sobre el centro de la Ciudad, y no al resto- el oficialismo optó por una impronta distante. El criterio de “es la Policía, no somos nosotros” pudo aparecer como un primer reflejo teórico, que al cabo de unos días naufragó en la práctica.

En lo formal, es cierto que los actores que administran los mecanismos de represión y uso de la fuerza, la suerte de los reos y el rumbo de las investigaciones no depende de los municipios sino de la Provincia de Buenos Aires.

Pero en la práctica, donde los temas sensibles –salvo los trazos más gruesos de la política macroeconómica- siempre generan la interacción de los ciudadanos con los palacios locales, la prescindencia del Ejecutivo no hizo otra cosa que aceitar una sensación de ausencia amplificada.

Es probable que el Ejecutivo haya apostado al paso del tiempo, o al desgaste del grupo impulsor de las movilizaciones. Ambas cosas operaron en favor de la dispersión del frente, pero lo hicieron a un ritmo que no era el previsto: la gente fue encontrando barreras para reunirse con el Intendente en el despacho pero al final lo consiguió, la “táctica” de la hora de la reunión para que menos comerciantes pudieran sumarse sacó asistentes.

Pero ese gesto dejó zonas sensibles. Lo peor que el problema de la “inseguridad social”, a los ojos del ciudadano medio, no tuvo solución concreta ni las repuestas que esperaba del Ejecutivo.

Con dos correlatos.

Uno el que encabeza esta columna: los asaltos violentos golpean a comerciantes que no tienen intereses políticos ni sectoriales, que sienten un legítimo temor por su suerte o la de sus empleados, y que reclamaron activamente algo de tranquilidad en las movilizaciones anteriores. El caso del comercio “cerrado por robo” es uno de ellos.

Otro es el que quedó en evidencia el viernes. En términos de configuración del problema, para el Ejecutivo el crecimiento de la marginalidad se debe “a la crisis de los 90”, que generó una ruptura de la red social que hoy pagamos con jóvenes golpeados por ese desamparo, y sin rumbo.

Pero en la reunión del viernes, con los fomentistas y representantes de la Cámara Empresaria, un argumento crispó a los funcionarios como si la cuerda tensada dentro del Palacio vibrara con todo su potencial: “este Municipio ya no puede mirar para el costado con lo que pasa con los jóvenes y la inseguridad porque todos estos pibes de 17 ó 18 años que están delinquiendo se criaron bajo el Gobierno de ustedes, que llevan 20 años en el Ejecutivo”, les dijo José Quinteros según varios testigos.

Todo indica que el 2009 no será un año tan simple de resolver como el 2008, el año donde no pasó casi nada y todo se mostraba en maquetas: la peatonal, el Hogar de Niñas, el Parque del Bicentenario.

Fue curioso –y sintomático- cómo el Ejecutivo mostró ese proyecto de reforma del Balneario: sin conferencia de prensa ni oportunidad para la crítica, sin contar si los 750 mil pesos alcanzarán o habrá que poner más plata, sin decir por qué no se licitó el proyecto y por qué lo ejecutó un miembro del entorno del Intendente. O de su principal asesor en marketing político.

Pero aún sin espacio para el planteo público, a los arquitectos le sigue revolviendo el estómago el hecho de que un ingeniero civil –Leo Sainte Cluque- se haya hecho cargo de la obra. Como adelantó infoeme.com hace tiempo, el descontento en el Colegio de Arquitectos no ha dejado de crecer desde que se vieron desplazados de la modificación del paisaje urbano en el sector, y ahora están de nuevo al acecho.

Esa movida en cierne es el correlato práctico de un dato político simbólico: 2009 no podrá ser el año del anuncio virtual. Aunque el Ejecutivo no lo haya entendido así, y en lugar de atacar el problema del tránsito cabalmente decidió de nuevo el camino de la maqueta: como la cifra de muertos en accidentes de tránsito defraudó sus expectativas decidió cambiar el modo de contar los decesos.

Otros hechos corroboran que lo que se planificó en 2008 ahora debe sostenerse en hechos: la llegada de las tasas, con fuertes subas, y el modo en que los vecinos entienden que se trata de un aumento liso y llano no fue el mejor inicio de año para el eseverrismo.

Y como si 2009 fuera un año de maleficio, donde la maqueta y el preparado se derraman en el terreno con menos gentileza que en el laboratorio, los incidentes en el Hospital de Hinojo terminaron de cerrar los 10 primeros días del año.

Desde el lunes, la decisión de una parte del personal de no ir más al lugar de trabajo pidiendo traslados o carpetas médicas dejaron al desnudo tanto la situación interna que familiares de pacientes habían denunciado como una interna en el centro de salud que, en los dos casos, apuntan a cierta pérdida del control de la institución.

En todos los casos, y como ya lo advierte un Ejecutivo que ha salido a atajar varios frentes, los problemas que se trae el 2009 no se solucionan con maquetas.

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