"Adentro hay una situación represiva"

Antes de las elecciones gremiales internas que se harán mañana, los dirigentes analizan la ruptura de la comisión tras el largo conflicto con la empresa y aseguran: "No vamos a abandonar a los despedidos, no dormimos por esa presión".
María Rosario habla pausado y con firmeza. Ramón Bogado la mira de costado con admiración. "No vamos a abandonar a los despedidos, no dormimos por esa presión", dicen estos históricos delegados de Kraft Foods sobre los 53 trabajadores que quedaron afuera del acuerdo al que llegaron la empresa, el Ministerio de Trabajo y una parte de la comisión interna hace unos días. Mañana buscarán revalidar sus mandatos en las elecciones gremiales para conformar la nueva interna, pero como consecuencia del largo conflicto van en una lista diferente de la de su ex compañero de la comisión, Javier Hermosilla. En diálogo con Página/12 explicaron las razones de la ruptura y evaluaron la lucha de dos meses que incluyó permanencia en la fábrica, desalojo violento, seis reuniones de partes y explícita preocupación de los Estados Unidos por el "caso Kraft".

Bogado tiene 51 años y empezó a trabajar a los 19 en una maderera en Tigre. Se casó y tuvo tres hijos, uno de los cuales fue asesinado a la salida de un boliche. "Era un chico que participaba en la lucha barrial, una patota lo esperó y le pegó un tiro por la espalda", cuenta. Rosario tiene 39 años, estudió arquitectura pero dejó porque "eran muchas horas y dinero". Sin embargo, diseñó y construyó la casa de Garín, pintada de azul lavanda, que comparte con Bogado y con Douglas, un viejo basset. Entró en Terrabusi a los 20, y ahí se conocieron hace 14 cuando ella fue elegida delegada para la comisión interna. "Nos vivimos peleando, empezamos en la fábrica y seguimos en casa, problemas laborales, gremiales, políticos, pero nos gusta discutir, nos apasionamos", dicen. Otros ámbitos que los unen son el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), donde son dirigentes de zona norte.

–¿Cómo es la vida en la fábrica?

Bogado: –Entré en el ’87 al depósito de camiones, los lavaba y engrasaba. En el ’94 cuando Nabisco vendió la flota me mandaron a mantenimiento. Antes había estado en Ford, llegué a ver al Ejército en los quinchos, y participé de la toma del ’85, 19 días adentro de la fábrica, nos desalojaron con la Gendarmería a los 4 mil compañeros.

Rosario: –Estoy en envasamiento, un sector muy grande con muchas líneas, las mujeres trabajan ocho horas paradas. En el sector pastas había mucha humedad, y se transpiraba todo el tiempo. Nadie quería ir, era infernal.

B: –Las máquinas están amontonadas, es una fábrica vieja con techos bajos. Nuestra pelea fue siempre para que pongan aires acondicionados. Cuando llegaron las Oreo hicieron una parte con aire acondicionado para la crema, quiere decir que se podía. Otra lucha es la silla, las líneas están preparadas pero no te la quieren dar por la flexibilización, porque la compañera sentada no puede hacer varias tareas a la vez como ahora.

–¿Cambió la calidad de los productos?

B: –Para peor. Estos yanquis sólo piensan en bajar costos, van eliminando materia prima. Con Terrabusi era la manteca para la Express y los budines, los huevos, y ahora ponen esencias y sustancias sintéticas.

–¿Por qué hasta el año pasado no había delegados por sector?

R: –En el ’95 (Rodolfo) Daer por decreto liquidó a los cuerpos de delegados de toda la alimentación y los reemplazó por concejales, que son representantes del gremio. El año pasado la interna decidió convocar para que sean elegidos, surgieron 44, de los cuales la mitad son parte de los despedidos. No los reconoce la empresa, ni el Ministerio, ni el sindicato. Son los compañeros que nos permitieron llevar adelante todos estos años de lucha con la Kraft, por las paritarias, para romper los techos salariales.

–¿La mayoría de ellos son del turno noche?

B: –Son de los tres turnos. Ellos dicen que el turno noche tiene más huevos. En este conflicto la empresa golpeó más duro ahí, donde están la mayoría de los despedidos y suspendidos. Pero no hay que entrar en esa división, es darle de comer a la empresa. El paro de 38 días fue de todos.

–¿Las mujeres tuvieron un alto protagonismo en el origen del conflicto?

R: –Claro, somos el 60 por ciento. El jardín maternal estaba adentro de una fábrica, había incertidumbre por si lo cerraban. En ese caso tenían que pagarles los días, pero todo empieza porque la empresa se negó. Y no había condiciones sanitarias en la fábrica.

B: –Estos yanquis son terribles, les tenés que llevar el rollo vacío de papel higiénico para que lo repongan. No había jabón, ni detergente.

–¿El miedo a la gripe A fue el detonante?

R: –Había bronca acumulada porque no escuchan los reclamos de los trabajadores y aumentan las presiones. Después cayeron enfermas compañeras y aumentó la bronca. Los compañeros le tomaron la oficina al gerente de producción y después decidieron parar. La jefa de recursos humanos les decía a las madres que les cuidara los chicos un familiar. El tema de fondo es el ajuste que querían implementar, que lo venían haciendo en Latinoamérica. Cambiaron la dirección para reducir un turno, dijeron que tenían que echar a 700 y que la interna era un obstáculo para eso.

–¿En San Luis tienen el turno americano de 12 horas? ¿Es legal?

B: –Trabajan 4 días con 12 horas y luego descansan 4 días, sin extras. Modifican los convenios, lo arman legal con los sindicatos.

–¿Por qué la interna se partió entre su sector y el de Javier Hermosilla?

B: –Fue una lucha muy larga y dura, y hacemos distintos balances. Esto tuvo una gran trascendencia y solidaridad, le paramos el plan a Kraft.

–No firmó el acta acuerdo y luego se autocriticó. ¿Por qué?

B: –Con los despedidos, que estaban muy desesperados, resolví que teníamos que firmar para que entraran 40 despedidos, y después me lo corrieron con que eran 40 entre despedidos y suspendidos. No estoy acostumbrado a las negociaciones de tanto cansancio, presión y manoseo. Y más cuando te aprietan que tenés que firmar. Me peleé mucho con todos porque no quería firmar, con ella también (mira a Rosario). No era una actuación. Me quería ir, ninguna foto con Tomada ni con Daer. Discutí también con la Corriente y con el partido. Luego había una decisión del Gobierno de que no íbamos a estar más en los diarios, o agarrás esto o te quedás sin nada. Algunos despedidos nos decían "te quedaste vos con el trabajo", y les decimos que entramos para poder ganar. Reflexioné que me equivoqué al no firmar, que era enloquecer e ir a cortar la Panamericana donde nos iban a matar a palos porque el Gobierno iba a reprimir.

–El acta estableció una paz social que, según los que no firmaron, impidió seguir presionando por los despedidos.

B: –Adentro hay una situación represiva, con chantaje de que nadie haga nada, si no los echan. Hay que dar vuelta eso para unirlos a los de afuera.

–El sector de Hermosilla sostiene que había fuerza adentro y afuera, pero que usted por alguna razón no quiso seguir.

B: –No da la situación. El último corte fue de estudiantes y agrupaciones, no fueron centenares como dicen. Los de adentro tienen que participar, y estamos para eso. No es que no vamos a cortar, tenemos que parar la pelota, esperar una o dos semanas a ver si ellos reincorporan o no más compañeros, y entonces si tenemos la gente vamos a cortar.

–¿Hoy no tiene a la gente?

B: –Para hacer esto no. Entiendo la desesperación pero hay que tener la cabeza fría porque todavía la lucha es larga.

R: –Las organizaciones sociales pueden apoyar y ya han hecho demasiado, pero no es bueno usarlas, no son tropa de maniobra los compañeros.

–También cuestionaron la legitimidad de las asambleas que aprobaron el acuerdo, porque tuvieron presencia de la empresa y ausencia de despedidos.

R: –Hicimos asambleas adentro de la planta, y esta lucha la hicimos los 2600 trabajadores, no un grupo. No había cámaras ni líderes. Se votó y se decidió aprobar el acta.

–Pero en las asambleas de afuera los despedidos la rechazaron.

R: –Ellos plantearon que la lista fuera de 40 despedidos, sin suspendidos.

–Y justamente eso no se cumplió.

R: –Si no tenés la lista de sólo despedidos ¿te vas con las manos vacías? Terminamos como Mafissa, todo o nada, y esa lucha fracasó. No quería que me pase acá en Terrabusi. El acta fue un paso adelante, hay 40 compañeros más trabajando, dice que no van a despedir y se van a quedar en el país, que se inicia una negociación por los que no fueron reincorporados, y la comisión interna podía seguir funcionando.

B: –Los compañeros nos dicen "llevame la gente afuera que vamos a hacer asambleas", y yo no te puedo garantizar que cuando salen a las 2 de la tarde no te pasen por arriba y se vayan. Si resulta que no cumplen, no vamos a esperar dos meses. Pero con tanto apriete que hubo adentro no sé cuánto me va a llevar el paro.

–¿Qué les dicen a los despedidos que ven diluirse el conflicto?

–Decimos todos adentro, es un compromiso. No decimos todo o nada. No los vamos a abandonar, nunca lo hemos hecho. Tenemos la presión, no dormimos.

–¿Pueden entrar los candidatos de Daer por la división de la interna o creen que vuelven a ganar ustedes?

–No queremos hacer vaticinios, pero Daer no es un riesgo. Está muy desprestigiado en la fábrica después de todo lo que pasó.

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