Acusó a Sarkozy en su defensa

"Estoy aquí por la voluntad de un hombre, estoy aquí por el ensañamiento de un hombre, Nicolas Sarkozy, que es también presidente de la República", dijo ayer el ex primer ministro francés en el primer día del juicio.
Antes de entrar en el escenario del Tribunal de París junto a ex espías, expertos en informática, dirigentes de multinacionales de alta tecnología y otros personajes de la misma tradición, el ex primer ministro Dominique de Villepin adelantó su línea de defensa en el juicio que se inició ayer y en el que está acusado de "complicidad en denuncia calumniosa": "Estoy aquí por la voluntad de un hombre, estoy aquí por el ensañamiento de un hombre, Nicolas Sarkozy, que es también presidente de la República. Saldré libre y limpio en nombre del pueblo francés", dijo De Villepin. Ese fue el preámbulo del primer día del juicio por el caso Clearstream, en cuyo centro están dos personalidades de la política francesa que dirimen en un tribunal sus antagonismos pasados: De Villepin y Nicolas Sarkozy. Los meandros del escándalo Clearstream remontan al año 2004, cuando De Villepin era canciller y Sarkozy, ministro de Interior. Ese año empezaron a circular falsas listas de un supuesto fichero de cuentas bancarias abiertas en la empresa luxemburguesa Clearstream y en las que figuraba el nombre húngaro de Sarkozy, "Nagy" y "Bocssa".

A esas listas les siguieron cartas anónimas un poco más explícitas que alegaban que en esas cuentas se había depositado parte del dinero proveniente del pago de comisiones por la venta de fragatas de la empresa Thompson –la misma que estuvo implicada en la Argentina en el caso de la venta del espacio radioeléctrico a Taiwan–. Esta operación derivó en uno de los mayores escándalos político-financieros que haya conocido Francia y, a su manera, se prolonga con el proceso que se inició ayer. Sarkozy, querellante de la parte civil contra De Villepin, está convencido de que esas listas y las cartas anónimas tenían como único objeto desacreditarlo para quebrar su carrera política y su frenética carrera a la presidencia. La defensa de De Villepin se basa en la sospecha de que Sarkozy sabía de antemano todo el asunto y que dejó que éste creciera con el fin de convertir las sospechas en un manto de víctima. Eso es lo que ocurrió. Los abogados de De Villepin presentaron ayer un primer argumento: pidieron al tribunal que no aceptara el estatuto de querellante de Sarkozy, ya que éste, con su función de presidente de la República, "tiene todos los derechos y ningún deber".

No debe haber en los anales judiciales mundiales un caso tan excéntrico como éste: un presidente de la República en ejercicio contra un ex jefe de Gabinete es un caso poco común. Pero, más allá del arreglo de cuentas políticas que representa este juicio, los protagonistas del escándalo Clearstream son de una delirante incongruencia. ¿Alguien puede imaginar que a un general francés, destacado personaje de los servicios de inteligencia, se le va a ocurrir tomar notas personales de cada cosa que ocurre y de cada reunión a la que asiste y, encima, conservar esas notas en el disco duro de la computadora de su casa? Pues sí, se trata de Philippe Rondot, cuyas notas personales implican a De Villepin. El otro eslabón de este enredo es Imad Lahoud, un libanés considerado como un "genio de las matemáticas", especialista en criptografía, a quien los servicios de inteligencia franceses le encargaron en 2003 un trabajito: observar de cerca los flujos de capitales internacionales que transitaban por la empresa Clearstream para detectar fondos utilizados por la red Al Qaida. El fruto de ese trabajo, un CD rom con todos los datos, fue entregado al contraespionaje francés. Un año después, ese mismo CD aparecerá "retocado" con el agregado de los nombres de varias personalidades políticas, entre ellas Sarkozy. El tercer personaje es el ex presidente del conglomerado aeronáutico EADS, Jean-Louis Gergorin, acusado de ser el hombre orquesta del montaje. Lahoud se habría encargado de alterar el CD y el ex dirigente de EADS de hacérselo llegar a la Justicia y, además, de redactar las cartas anónimas. Se trata de una historia llena de choques paradójicos donde los hechos imputados no parecen corresponder con la función de los acusados: hay que imaginar a un general de los servicios secretos guardando sus notas personales en el cajón de su casa, a un genio de la matemática trastrocando un vulgar CD rom, al dirigente de una multinacional de la aeronáutica y de las armas escribiendo cartas anónimas y a un juez haciendo citas en secreto con el redactor de las cartas antes de que empiece el envío de las mismas.

Mañana comparecerán los testigos y también Gergorin y Lahoud. El matemático libanés ha afirmado que "la persecución contra Sarkozy se hizo con el pleno conocimiento de Dominique de Villepin". El ex jefe de gobierno puede ser condenado a cinco años de cárcel y a una multa de medio millón de dólares. Pero la condena más dura que pesa sobre De Villepin es el final del camino de su destino político.

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