"Los acusados nunca perdieron la sonrisa"

La condena de los primos Lukic, líderes paramilitares de las Águilas Blancas serbobosnias, por quemar vivos a setenta niños musulmanes, fue el último fallo del Tribunal de La Haya.
Ante un óleo pampeano del holandés Stephen Koekkoek, el juez Pedro David observa: "Un argentino que vive en Holanda junto a un holandés que vivió en la Argentina". Desde 2005, David integra el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia con sede en La Haya. Ya fallaron en más de 111 crímenes de lesa humanidad. "Y unos 50 todavía esperan sentencia", agrega con suave tonada tucumana. Acaba de recuperar protagonismo con la condena de los dos líderes del más connotado comando paramilitar serbobosnio, las Águilas Blancas. Los primos Milan y Sredoje Lukic fueron encontrados culpables por 21 crímenes, y el tribunal de Pedro David condenó a Milan a cadena perpetua y a Sredoje a 30 años de prisión. De todas las muertes que causaron, la más conocida fue la masacre de Bikavac, donde fueron quemados vivos setenta niños musulmanes bosnios. Milan había huido a la Argentina, y fue detenido en el barrio porteño de Recoleta.

–¿Cuáles fueron los elementos que se consideraron para el fallo?

–Los elementos que presentaron fueron las decenas de testigos que dieron su versión de los hechos. Yo les di la primacía de un relato irrefutable, porque, a pesar de las terribles circunstancias, demostraron una enorme coherencia en su exposición. La cámara consideró que la evidencia presentada por el fiscal era de tal coherencia y que los relatos tenían tal fuerza incontrastable que las excusas exculpatorias de la defensa no fueron aceptadas.

–¿Cuál fue el relato más gráfico de la masacre de Bikavac?

–Recuerdo la desgarradora narración de la única sobreviviente de la masacre de Bikavac, Zehra Turjacanic, quien contó con dolor cómo todos sus amigos y parientes murieron encerrados en una casa, después de que les prendieran fuego. Desde afuera, les arrojaban granadas y combustible. Ella pudo salvarse saltando a través de la parte superior del portón de un garaje. Quiso llevar de la mano a su hermana y no pudo. Cuando Turjacanic relató su experiencia en francés, el presidente del tribunal le preguntó si no prefería hacerlo en serbocroata. Ella dijo que no, que ya había sufrido tanto que no quería volver a hablar ese idioma nunca más. Es una persona que no quiere vivir el mundo de su legua natal y que quiere rehacer su vida. Y, sin embargo, su mensaje es de esperanza: "Estoy dispuesta a seguir viviendo mi vida, pero también a que se haga justicia".

–¿Los paramilitares Milan y Sredoje estaban presentes en la sala?

–Ambos estuvieron presentes todo el tiempo, como debe ser. Y sus abogados cuestionaban duramente a todos los testigos y planteando coartadas diversas, que nosotros en la sentencia calificamos como invenciones artificiosas.

–¿Milan Lukic qué actitud tenía?

–En cuanto a su conducta en el proceso, uno no puede juzgar la intimidad de ningún acusado. Pero sepa usted que, en general, Lukic nunca dejó de sonreír durante el proceso... (se queda en silencio).

–¿Cada delito se juzga por separado y los jueces pueden disentir en cada uno de los casos?

–Absolutamente. Cada juez puede disentir con respecto a cada uno de los elementos que se van presentando. El juicio oral es pleno, de modo que allí todo está "en vivo". Nosotros les preguntamos a los testigos todo aquello que creemos que debe clarificarse, para disipar ambigüedades o problemas de traducción. Del serbocroata se traduce al francés o al inglés, y por más esfuerzo que pongan los traductores hay vocablos regionales difíciles de captar.

–¿Hay un plazo para terminar con los juicios de la ex Yugoslavia?

–Se estima que a fines de 2010, tal vez en 2011, se concluyan los juicios. El Consejo de Seguridad de la ONU quiere concluir cuanto antes la misión pacificadora, que está trabajando desde el año 1993. Pero la fecha es tentativa, porque no puede apurarse lesionando la justicia. Pero existe necesidad de que los testigos aparezcan pronto, que no se demoren, y que todos los problemas de logística estén resueltos.

Un "ejemplo claro de limpieza étnica"

Patrick Robinson, el presidente de la sala que los condenó, calificó sus actos como "crueles más allá de lo imaginable y con total desdén por la vida humana". Milan Lukic, fue acusado del asesinato de 134 civiles, entre ellos mujeres y niños. La mayoría de sus crímenes los cometió junto a su primo Sredoje en la ciudad de Visegrad, donde arrojaban los cadáveres desde el histórico puente que cruza el río Drina. También allí encerró a 70 bosnios, en su mayoría niños, en una casa a la que prendió fuego y cuya única sobreviviente, Zehra Turjacanic, pudo dar su testimonio en el juicio que se llevaría en su contra dieciséis años después.

El 8 de agosto de 2005, Lukic fue detenido en el barrio porteño de Recoleta, hasta donde había llegado con un pasaporte falso. Luego de una breve estadía en el penal de Ezeiza, Lukic fue extraditado a La Haya, donde la fiscal Carla del Ponte calificó sus actos como un "ejemplo claro de limpieza étnica".

Las lágrimas de Hillary

–¿Hillary Clinton lamentó que Estados Unidos no sea parte de la Corte Penal Internacional. ¿Es de esperar que la superpotencia revise su postura?

–Hay que esperar que Barack Obama examine la condición de su país frente a la Corte. Se espera que pueda dar un giro, aunque siempre hay perspectivas pesimistas que no lo creen así y afirman lo contrario. De todos modos, Obama ha hecho grandes reformas que acercaron la posición a una defensa de los derechos humanos y las libertades.

–¿Se refiere a las medidas sobre la base de Guantánamo?

–Sí, allí al menos se ha tomado la determinación de transferir a los presos y dar por nulas las confesiones obtenidas mediante la tortura.

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