Los acusados estuvieron a punto de sufrir un linchamiento

Los dos detenidos por el asesinato de Sampino casi fueron linchados, de no ser protegidos por la policía. Esto hizo que taximetreros y uniformados se enfrentaran.
Serios incidentes se produjeron en la madrugada de ayer cuando casi un centenar de taxistas intentaron hacer justicia por mano propia con los dos delincuentes detenidos.

La indignación y malestar de los trabajadores del volante derivaron en un violento enfrentamiento con los efectivos de la policía. Es que durante más de dos horas, la policía retuvo dentro de dos patrulleros y en el lugar de los hechos a los sospechosos de ser los autores del homicidio. Los taxistas decidieron rodear los móviles policiales y cortar las calles con sus propios vehículos, causando así una situación de tensión que fue creciendo a medida que más y más personas llegaban a solidarizarse con la víctima.

Desde un principio, la intención de los taxistas en Luro y 218 era llegar hasta donde estaban los delincuentes y muchos de ellos se mostraron decididos a "lincharlos". Pero al desplegarse la custodia de los dos detenidos se iniciaron los desmanes, alentados además por la disconformidad de los taxistas en torno a los controles y al accionar cotidiano de los policías. Los más exaltados se precipitaron sobre el cordón policial y, como sucede inevitablemente, la situación se desbordó en unos pocos segundos. La policía respondió a los golpes y lanzando gases lacrimógenos, lo cual permitió dispersar a los taxistas y hacer salir los dos patrulleros que mostraron, al alejarse, serios daños.

A partir de ese momento los incidentes se salieron definitivamente de cualquier cauce y residuo racional que tenían y, ya sin los delincuentes en el lugar, los taxistas apuntaron a los policías. Un grupo de colegas de la víctima se acercó hasta una camioneta del Grupo de Apoyo Departamental e intentó volcarla. Como no lo consiguieron, la empujaron hasta un baldío y la destruyeron, primero sus puertas, luego las ventanillas y el parabrisa, y finalmente la caja.

De la caja, que se utiliza para transportar a los policías, los indignados taxistas sacaron prendas de vestir y un escudo metálico. Algunos quisieron incendiarlos, pero los más calmados evitaron que los desmanes se extendieran.

La urgencia puso en sobrerrelieve la incapacidad de algunos policías para enfrentarse a una situación de riesgo. Este accionar no resultó un dato que no fue menor: debido, sino que por el contrario insufló mayor irritación a los manifestantes. "Ustedes no se la bancan con los delincuentes y se vienen a hacer los malos con nosotros", gritaba un taxista con un corte en el rostro.

Una mujer policía mal preparada para afrontar los desmanes pretendió cortar un cable de la cámara del canal de noticias Crónica TV, mientras que otro uniformado herido en una ceja y demostrando no tener el temperamento necesario para este tipo de servicio público quiso literalmente "agarrarse a trompadas" con el primero que se le pasara por delante. Otros policías, confundidos acaso por esa falta de tino o simplemente superados por un escenario caótico, también creyeron ver en los taxistas a sus enemigos.

Infantería, Caballería y personal de distintas seccionales de la zona concurrieron al lugar para controlar la situación y debieron arrojar gases lacrimógenos una vez más y balas de goma para calmar a los manifestantes.

Fuentes policiales dijeron que como consecuencia de los enfrentamientos tres efectivos resultaron con heridas diversas y que al menos tres móviles sufrieron daños de importancia.

Los incidentes se disiparon pero no la alteración y bronca de muchos taxistas que decidieron trasladarse hasta la comisaría cuarta, dependencia policial en la que estaban alojados los dos detenidos. Alrededor de las 7, cuatro horas después del asesinato, los policías cortaron el tránsito a una cuadra de la seccional y solo hasta allí pudieron llegar los taxistas. Más tarde, ya en la Municipalidad, los taxistas continuaron manifestando su disconformidad.

Comentá la nota