Acuña polémico

El ministro de Hacienda de la provincia, Mamerto Acuña, realizó declaraciones que bien vistas, son, por lo menos, inoportunas. Cuando se multiplican las voces reclamando mejoras salariales que se reactiva la obra publica.

Los sucesivos Gobiernos de los Castillo y los de Brizuela del Moral han hecho un culto de la obra pública. Se han esmerado durante sus años para cortar religiosamente muchas cintas en tiempo de campaña, aunque nunca importó el exponencial crecimiento de la deuda pública, en muchos casos la pésima calidad de las obras y mucho menos respetar un criterio de prioridades que cualquier gobierno debería fijarse.

Esa cuestionable practica de estos magros estadistas, la de realizar obras de mala calidad, pagarlas caras y con créditos millonarios, los llevó, los Castillo antes y Brizuela del Moral ahora, a la ahogo financiero que antes y ahora ellos mismos sufrieron y sufren.

Pero como no aprenden nunca, ni siquiera de sus errores, esa postura amenaza con dejar ahora a la gestión actual sin el margen político que dispone, o disponía, la figura del primer mandatario. Ellos seguramente no lo verán así, por eso toman las decisiones que toman.

Por caso, el ministro de Hacienda de la provincia, Mamerto Acuña, realizó declaraciones que bien vistas, son, por lo menos, inoportunas.

Según dijo, "a partir del mes pasado, comenzamos a sacar partidas relativas al pago de certificaciones atrasadas y se tratará de continuar así, porque la construcción genera trabajo en la faz privada. De ahí la apuesta para reactivar la obra pública, que genera niveles de empleo y dignidad. Esto significa retomar la construcción del edificio de la ex Capresca, OSEP, Estadio, Acueducto y viviendas, además de la obras de energía y agua potable".

En otras épocas, semejante noticia hubiera sido importante, pero cuando todos los gremios estatales reclaman mejoras salariales que se les niega por una supuesta crisis financiera, que según estas declaraciones no es tal, además de polémicas, pasan a ser prácticamente peligrosas; así no hay corazón que aguante, de indignación claro, o si?

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