Acumular puntos, nueva vía para obtener la ciudadanía británica.

El trámite se acelerará si el solicitante cumple con ciertas pautas de comportamiento.
Obtener la nacionalidad británica podría convertirse pronto en una suerte de juego de acumulación de puntos, de acuerdo con planes presentados por el ministro para la Inmigración, Phil Woolas.

El sistema, anunciado como parte de un proyecto legislativo titulado "Ganándose el derecho a permanecer en Gran Bretaña", funcionaría un poco como las tarjetas que premian la lealtad del consumidor. Para poder suscribirse, hará falta hablar moderadamente bien inglés, contar con fondos para su propia subsistencia, no tener antecedentes penales y pasar un test de conocimientos básicos de la vida cotidiana en Gran Bretaña.

Con esto satisfecho, aquellos que estén dispuestos a hacer campaña proselitista para algún partido político oficial (laboristas, tories , liberaldemócratas) ganarían puntos y hasta podrían obtener la ciudadanía en menos de un año. En cambio, aquellos que participen en manifestaciones consideradas un "activo gesto de falta de respeto a los valores británicos" (como aquellas en las que se insultan a los soldados que desfilan de regreso de Afganistán) perderían puntos y hasta podría ser relegados, como en el juego de la oca, a la posición inicial.

Otros factores que servirán para sumar puntos es elegir Escocia como lugar de residencia (a raíz de la baja densidad demográfica de esa región), volver brevemente al país de origen para enseñar algo que se haya aprendido en Gran Bretaña, participar en actividades de voluntariado, ganar enormes cantidades de dinero en actividades empresariales y demostrar algún notable talento científico o artístico que contribuya a la prosperidad nacional.

El plan también crea una "ciudadanía provisional", que durará entre uno y 10 años, período durante el cual el candidato podrá residir en Gran Bretaña mientras participe en cursos de integración en la vida local (que deberá pagar de su bolsillo) y en otras actividades capaces de hacerle ganar puntos para obtener la ciudadanía completa.

La tarea de verificar el puntaje acumulado no la hará el ministerio del Interior, sino las municipalidades donde los candidatos residan, de modo de facilitar la comprobación del grado de integración en la sociedad local del aspirante.

Actualmente, los requisitos para convertirse en británico consisten en haber residido en el país entre tres y cinco años, pagar un arancel no reembolsable de unos 1200 dólares y superar una investigación de antecedentes criminales. De 159.000 aspirantes el último año, 9000 vieron sus peticiones rechazadas por no pasar ese último test y sólo 610 por no hablar inglés o desconocer las normas básicas de la vida en Gran Bretaña.

El nuevo plan, que entraría en vigor en 2011, tiene por delante un escollo: las elecciones del año próximo. Según las encuestas, los laboristas perderían y los conservadores o podrían abolirlo o hacer aún más restrictivo.

Además, el nuevo plan no afectará a más del 50% de los solicitantes que suelen reclamar la nacionalidad por ser cónyuges o hijos de británicos. La única modificación en su caso es que tendrán que pasar el test de idioma y el de conocimiento de la vida británica antes de poder obtener la visa necesaria para ingresar al país.

Woolas sostuvo que este sistema de premios y castigos tiene por fin crear la convicción de que ser británico es algo "que hay que ganarse todos los días y no un simple trámite burocrático". El funcionario admitió que la iniciativa es, en gran medida, una reacción a las quejas generadas por la llegada de gran número de inmigrantes en varias regiones de Inglaterra, descontento que se expresó en las últimas elecciones europeas en el creciente respaldo en las urnas de partidos antiinmigratorios.

El proyecto despertó duras críticas de las ONG, que temen que actividades de bien público se conviertan en meros vehículos para obtener un pasaporte.

"Esto no hará otra cosa que tirar por la borda el dinero de los contribuyentes. El problema inmigratorio hay que resolverlo antes de que los inmigrantes ingresen en el país, y no después", señaló el vocero en temas migratorios del partido conservador, Damian Green. Su colega liberal demócrata, Chris Huhne, consideró el sistema "profundamente antibritánico", porque instaura límites a la libertad de expresión al crear la impresión de que participar en una manifestación puede ser considerado un gesto poco patriótico.

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