Acuerdo que tardó demasiado

Por: Ricardo Kirschbaum

El acuerdo que alcanzó el Gobierno con la Mesa de Enlace marca un punto importante de inflexión en este enfrentamiento. No es el fin del conflicto pero representa otra etapa en otro contexto internacional.Por primera vez, la administración de Cristina ha llegado a un acuerdo con el sector que más daño político le causó desde su asunción en 2007.

No se sabe, todavía, si hubo una toma de conciencia del impacto negativo que ha tenido la conducta oficial o si la crisis internacional ha gatillado la necesidad de cerrar este peligroso frente. Lo cierto es que esta acta refleja una voluntad que ha estado ausente hasta ahora y muestra, como reverso, lo que se podría haber logrado antes, sin el enfrentamiento inútil del año pasado. Por cierto, el Gobierno ha preservado el sostenimiento de las retenciones a la soja y al girasol, núcleo central de la posición oficial, pero ha concedido cuestiones que el campo reclamaba.

Es cierto que la crisis internacional jugó un papel sobresaliente y marcó el contexto de esta negociación, en su fase pública y en la secreta.En esas conversaciones, las retenciones no han estado en discusión. Ambos actores habían coincidido en dejar el tema más conflictivo fuera de la agenda de conversaciones. Así, se ha podido avanzar en este texto de acuerdo. El daño que ha provocado la protesta del campo ha tenido repercusiones impensadas para quienes están convencidos de que la política se reduce a la antinomia amigo-enemigo. Y dentro de los amigos, al sometimiento acrítico como prueba de lealtad. Los resultados de esa política han sido evidentes, hasta aquí. Falta ahora que los acuerdos se cumplan porque el conflicto parece encauzado pero no está cerrado.

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