El acuerdo para mejorar el precio del trigo revela una nueva preocupación

Flexibilizan el sistema. Buscan que los exportadores compren y mejoren los precios internos.
El gobierno y las empresas exportadoras de granos celebraron, el lunes, un acuerdo para subir el precio del trigo y de esta manera estimular su siembra. En el estruendo de la batalla política, con la dirigencia del campo distraída en la campaña electoral, el anuncio pasó de largo sin mucha repercusión, a pesar de que el acto fue conducido por la propia presidenta Cristina Kirchner. Sin duda, el tema merece un análisis no sólo técnico, sino --sobre todo-- político.

En lo técnico, el mecanismo es complejo, pero viable. De hecho, había sido propuesto por los exportadores a la Comisión de Enlace, un par de meses atrás, sin que despertara mayor entusiasmo. Consiste en que estas empresas, que están afuera del mercado porque las exportaciones del cereal están cerradas, puedan ejercer su poder de compra en el mercado.

Hoy los únicos que compran son los molinos harineros, que no tienen necesidad de presionar sobre la demanda porque hay todavía bastante trigo en manos de los chacareros. Y éstos observan inermes que los precios del mercado están por debajo de "lo que debieran ser". Así, nadie quiere sembrar, y además la sequía no los deja.

Para los productores, los valores tendrían que oscilar alrededor de la cotización de exportación, menos los derechos de exportación, que son del 23%. Durante las últimas tres campañas los precios estuvieron bien por debajo de esta paridad teórica, lo que el sector atribuye al intervencionismo oficial. Los malos de la película son el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray. Ambos, presentes en la firma del acuerdo en su condición de principales negociadores.

El acuerdo consiste en que los exportadores comprarán un millón de toneladas al precio del mercado internacional menos las retenciones. Pero no lo podrán exportar hasta noviembre (cuando llega la próxima cosecha), para asegurar que el mercado interno esté abastecido. A quienes intervengan en estas operaciones se les otorgarán permisos de exportación por similar cantidad, siempre y cuando paguen al contado --es decir, ahora-- las retenciones del 23% vigentes.

Así que el gobierno, ahora, parece interesado en mejorar el precio del trigo al productor. No se puede hablar de un cambio de tendencia, pero es un hecho llamativo. La percepción amasada al calor de la disputa de los Kirchner contra el campo, era que el matrimonio presidencial quería sepultar a los chacareros. Nadie descorcha champán, pero "estamos mejor que el lunes pasado", como reconoció un predirigente del sector.

¿Será la necesidad de caja?. Algunos piensan que el motivo que impulsó a Cristina es mejorar la recaudación anticipando el ingreso de retenciones. Arguyen que fue la misma razón que impulsó, hace un mes, la autorización intempestiva para vender un millón y medio de toneladas de maíz: se les otorgaría "ROE Verde" (permisos de exportación) a quienes anticiparan las retenciones, unos 50 millones de dólares. Es lo mismo que ahora cobrarían por el trigo.

La diferencia es que el maíz está cosechado, y el trigo, en cambio, todavía no se sembró. Igual, 50 millones de dólares no parece una cifra que mueva mucho la aguja. Si la razón fuera simplemente recaudar, indicaría que la angustia fiscal del gobierno es mayúscula. Es como que se empieza a gastar a cuenta de la próxima cosecha, algo que nunca sucedió.

Es también sintomático que en el acuerdo se haya retornado a los 365 días de plazo para embarcar, cuando hasta ahora se obligaba a los exportadores a hacerlo a los 45 días.

Esta flexibilidad puede indicar dos cosas: que la necesidad tiene cara de hereje, o que tanto Moreno como Echegaray hayan empezado a entender cómo funciona el negocio.

Fue igualmente llamativa la foto de estos funcionarios, junto a la Presidenta, y a los más prominentes empresarios del sector exportador de granos y productos agroindustriales. ¿Será que habrá vida después del 28 de junio?

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